25 de septiembre de 2020, 19:40:40
Los Lunes de El Imparcial

NOVELA


David Cruz Barrio: Sentenza


Amargord. Madrid, 2016. 352 páginas. 15 €.


Por Carlos Huerga


David Cruz, quien ya publicó hace años dos libros de ensayo sobre Dostoievski, se estrena con su primera novela, un texto crudo e irónico que se adentra en la Cosa Nostra, la sociedad criminal de la mafia siciliana.

La novela está narrada en primera persona por Michele Partino, un miembro de la Cosa Nostra que se encuentra encarcelado y le relata al juez Falcone (un personaje real, conocido por su persecución a la mafia durante años) sus peripecias vividas desde sus comienzos en dicha sociedad. Lo primero que llama la atención es la profunda documentación que hay en el texto, ya que abundan multitud de datos históricos así como explicativos sobre la Cosa Nostra y sobresalen ciertas expresiones sicilianas que ilustran -a veces con sarcasmo- cómo funciona esta sociedad cerrada y singular. Sin embargo, la lectura no resulta pesada, sino todo lo contrario, pues esa información se funde dentro de la narración gracias a la fluidez con que está escrita, que avanza hacia un final sorprendente.

Lo segundo que llama la atención es que Michele Partino, alias Sentenza, narra desde la necesidad de confesar, de contar, aunque eso no quiera decir nada más que ordenar unos hechos y narrarlos de manera subjetiva, con un peculiar humor que ayuda a distanciarse de la brutalidad de esas mismas experiencias. El personaje siente la necesidad de confesar sus crímenes, sus hazañas y las justifica como un Raskólnikov de la mafia. ¿No es esto la conciencia, buscar una justificación ante las acciones que le podrían hacer a uno sentirse culpable?

Decía Piglia que lo que define la relación con la escritura es el “tono” y no el lenguaje, y en este sentido podríamos decir que Sentenza está construida a partir de un tono que se va imponiendo a lo largo de la novela, construyendo un vocabulario entre culto y vulgar, un ritmo marcado a la vez que fluido, que tiende a la oralidad, y un peculiar humor negro, no exento de ironía. De manera que la novela se compone de una historia con una voz fuerte que enganchará al lector y hará que empatice con ese personaje, a pesar de ser un mafioso.

Si hablamos de referentes culturales sobre la mafia italiana, es inevitable no pensar en El padrino y Los Soprano, obras mayúsculas de la cultura popular reciente que han ayudado a configurar un imaginario colectivo sobre esta sociedad criminal. Cuando pensamos en estas obras -y en la mafia-, seguramente nos referimos a códigos de honor, adaptación al medio, entresijos, corrupción, relaciones de poder. Sin embargo, hay una idea que define y a la vez sintetiza Sentenza: la necesidad de sobrevivir. Al igual que en la película francesa Un profeta, dirigida por Jaques Audiard, los vericuetos de la intriga, las idas y venidas del protagonista, sus dudas, sus aciertos y errores, son un ejemplo diáfano de su necesidad de sobrevivir en un mundo violento donde el que quiera abrirse hueco, acabará siendo igualmente violento para no ser devorado por los demás. En este submundo, no hay otra alternativa.

Esto es algo que comparte Sentenza con Un profeta, pues el protagonista es arrojado al mundo y al principio es más o menos “puro”; sin embargo, la violencia de esa sociedad le acaba sirviendo de alimento y acaba creciendo, en el caso de Sentenza, hasta una posición verdaderamente relevante, como él mismo reconoce: “Los corleoneses en lo más alto: Bernardo y Totò capos de todos los capos, y Sentenza, el más importante de sus hombres. Dos balas del 30 en la pierna era un precio muy pequeño por convertirme en el Caballero Blanco, el hombre que se sentaba a horcajadas sobre el mundo, con un pie en Oriente y otro en Occidente”. La endogamia y el carácter mercantil determinan la sociedad capitalista, si bien la mafia, muchas veces tildada de “submundo”, no es otra cosa que un reflejo más ampliado del mundo normalizado donde encontramos corrupción, extorsión, jerarquías, sometimiento, violencia.

El tratamiento irónico que hay en la novela, así como algunos de los testimonios que en ella se narran, confieren un carácter desmitificador sobre la Cosa Nostra que se mantiene a lo largo de sus páginas. No se trata tanto de analizar un entramado político o establecer una crítica a un país afectado de manera notable por la corrupción, sino más bien de exponerlo desde dentro y jugar con la manera de cómo la lectura puede cuestionar los hechos narrados. Por ello, Sentenza conlleva la intimidad del protagonista y su necesidad de contar sus experiencias como otra forma de sobrevivir en una realidad que tiene múltiples lecturas.

Casualmente, hace tan solo unos meses, fallecía a la edad de 82 años Bernardo Provenzano, capo dei capi de la Cosa Nostra, personaje destacado en la novela, que como ya hemos dicho, gira en torno a hechos históricos y a personajes reales, como son también el juez Falcone y Totò Riina entre otros, lo que corrobora que la temática es de rabiosa actualidad. Seguramente, el fin de Provenzano no sea más que un punto y aparte de la Cosa Nostra. Sentenza es un jugoso paréntesis que merece la pena.

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