19 de febrero de 2020, 2:59:36
Opinion

TRIBUNA


Del bipartidismo al unipartidismo

Agapito Maestre


La esclavitud solo ha cambiado de nombre. Después de un año de Gobierno en funciones, puedo fácilmente imaginar las nuevas formas de servidumbre que se impondrán en la nueva etapa política de España. Serán mucho peores que las pasadas. Todo ha empeorado desde el 20-D. Todo seguirá empeorando. Todas las viejas prescripciones políticas de la democracia del 78 languidecen sin que nadie logre revitalizarlas. Ha llegado la hora de revaluarlas para aprender el viejo oficio de seguir viviendo en el fracaso. Quien no aprende a vivir en la derrota, me susurra al oído mi amiga filósofa, pierde su dignidad ciudadana. El bajísimo nivel político de nuestro país solo es comparable con la estulta presuntuosidad de sus universitarios y la vacuidad de sus académicos. La fecha del 29 de Octubre de 2016 marca el inicio de una nueva etapa en la historia de la degradación de la democracia en España. Después de los resultados electorales del 20-D, todos pensábamos que el sistema bipartidista había muerto. PP y PSOE tendrían que competir con dos nuevas formaciones políticas, Podemos y C´s. Las elecciones del 26-J volvieron a confirmar, a pesar del significativo descenso de votantes que tuvieron Podemos y Ciudadanos, que el sistema político seguía dominado por cuatro partidos y el resto de formaciones políticas eran comparsas.

Pero tiendo a pensar, y por eso lo formulo como una hipótesis, que la crisis socialista por un lado, y por otro la “investidura de Rajoy” -utilizo esta expresión para sintetizar toda la “historia” que implica la crisis de referencia gubernamental de los últimos once meses-, han tenido múltiples efectos colaterales y, sin lugar a dudas, uno de ellos es que los dos partidos tradicionales tenderían a desaparecer en uno solo. Si fuera verdad esta hipótesis, el sistema de partidos políticos en España estaría siendo sustituido por un extraño conglomerado institucional que deglute la viabilidad de los partidos políticos clásicos y los transforma en algo parecido a dos grandes frentes ideológicos, conformados por dos enormes “partidos”, o mejor dicho, “movimientos políticos”. Pasaríamos sin solución de continuidad de una sociedad con varios partidos políticos, es decir, una sociedad abierta y plural, a una sociedad cerrada, tradicional y sin viabilidad política, es decir, sin capacidad de diálogo entre las múltiples formas de pensamiento y acción. Estaríamos, en fin abandonando los partidos políticos democráticos para volver al primitivismo de los frentes cerrados y guerracivilistas. Eso supondría que asistiríamos, otra vez, a nuestra mayor derrota como sociedad, a saber, hemos sido incapaces de superar la Guerra Civil del 36 al 39.

Si mi conjetura tuviera cierta plausibilidad, llevaríamos aproximadamente un año despidiéndonos de modo agridulce de la sociedad abierta, libre y democrática que hemos construido en los últimos cuarenta años. Habríamos pasado del fin de la etapa del bipartidismo PP y PSOE, que pactan con las fuerzas nacionalistas, al inicio de una nueva fase que tenemos que llamar de unipartidismo; en efecto, PP Y PSOE, junto a Ciudadanos -que le costará muchísimo mantener su autonomía partidista e identidad regeneracionista-, salen del proceso de investidura de Rajoy a la presidencia del Gobierno más “unidos” que nunca. Ese proceso de colaboración y unificación, otros dirían de absorción, no se explica sólo porque PSOE y Ciudadanos hayan permitido la gobernabilidad del PP, sino sobre todo porque los separatistas catalanes y Podemos así han querido sentenciarlo desde su terrible sectarismo político basado en consignas ideológicas y actuaciones políticas más propias de una Guerra Civil que de una democracia avanzada. Los sedimentos ideológicos producidos en la universidad española durante los últimos cuarenta años, que han reducido la vida ciudadana al rulo preconceptual “de ser” de izquierdas o derechas, junto a los serviles medios de comunicación, que han promovido esa falsedad o patraña ideológica sin preocuparse lo más mínimo por elevar el bajísimo nivel de educación política de los españoles, nos ha llevado a esta trágica situación, que ha escenificado, en el Parlamento español, un diputado separatista con un “discurso” propio de alguien que niega lo que le da vida: el parlamento y la democracia amparada en la Constitución de 1978.

Tres hechos sucedieron en la tarde del 29 de octubre que han agravado la crisis socialista y, de paso, han deteriorado aún más el sistema democrático de 1978. La espantada del Parlamento de su antiguo Secretario General, Pedro Sánchez, para desarrollar acciones cercanas a Podemos y los separatistas; la votación en contra de lo acordado en un Comité Federal por 15 diputados socialistas que, curiosamente, le daban la razón a Podemos y los separatistas; y, sobre todo, por la humillación que han tenido que sufrir todos los socialistas ante un discurso que ha traspasado lo permisible por la cultura democrática más elemental. La fiereza, el primitivismo y el sectarismo del discurso de Rufián pasará a la historia de la democracia española no sólo como el ataque más grave que ha recibido el socialismo español, sino también todos los partidos democráticos. Para este parlamentario no existen ya partidos sino frentes. Terrible. Sí, terrible, y trágica para mi posición, porque vendría a confirmar o darle verosimilitud a mi conjetura o hipótesis: vivimos el proceso de sustitución del sistema basado en el bipartidismo político por otro que cuesta dolor ponerle nombre, pero que estaría guiado solo y exclusivamente por la destrucción de la democracia del 78. Para Rufián resulta obvio que las propuestas separatistas y podemitas no quieran distinguirse entre ellas. No quieren ser nada más que voces diferentes de un objetivo común: la destrucción de la democracia.

Rufián y Podemos lejos de pretender superar la guerra civil, optan por avivar lo peor de lo peor de una guerra tan horrorosa. Ellos sólo actúan de acuerdo con una única consigna “política”: buenos y malos, izquierda y derecha. Para Rufián y Podemos no existe pluripartidismo de ningún tipo y menos aún bipartidismo. Solo hay, como en la guerra, amigos y enemigos. O estás con unos o estás con los otros. Así estamos. Enloquecidos. Alterados. Asilvestrados.

La Guerra Civil sigue sin superarse. Rufián y Podemos confirman eso que quiso, en el pasado reciente, Rodríguez Zapatero, el peor presidente del gobierno de la historia de la democracia, y sus alianzas con los separatistas. Es lo mismo que ha querido Pedro Sánchez, durante once larguísimos meses con un Gobierno en funciones. Es lo ratificado por 15 diputados socialistas que han votado no a Rajoy. Y, finalmente, todo ha sido aclarado, representado y llevado al debate público por el discurso del diputado Rufián que han aplaudido todos los separatistas y podemitas (no quiero ni pensar qué habrán sentido en sus entrañas los 15 diputados socialistas que han votado con Rufián). Este último discurso ha traspasado todas las líneas de la tolerancia democrática, es decir, del discurso pluripartidista para escenificar que solo hay dos opciones: derecha e izquierda. Sólo hay dos frentes donde desaparecen los partidos; más aún, el PSOE se habría ya disuelto en el PP. Rufián ha expresado con la contundencia castiza del lenguaje tabernario español, repleto de analfabetismo político y desconocimiento radical de la historia reciente de España, eso que querían decir los 15 socialistas que han despreciado al PSOE para votar con Podemos y los separatistas. El ataque de Rufián al PSOE es, al fin, por abandonar el frente revolucionario y pasarse a su “peor” historia… Ha humillado a los socialistas y al entero sistema democrático. Las nuevas formas de servidumbre, más terribles y duraderas que las anteriores, ya han empezado a sufrirlas los españoles, pero creen que Rajoy nos devolverá a etapas anteriores. Ojalá. Pero me temo que el nuevo presidente del Gobierno de España es solo un placebo para que la muerte democrática sea más llevadera…

Lo dicho, queridos lectores, entramos en el debate de investidura con un sistema político basado en el pluripartidismo, o mejor, en un parlamento con cuatro partidos fundamentales que habían sustituido al tradicional bipartidismo del PSOE y PP, pero salimos con la sensación de que PP y PSOE salen fuertemente “unidos”; más aún, tiendo a pensar que, después del destrozo al que ha sometido Rufián al PSOE, la unión entre los viejos partidos, junto con los de Ciudadanos, será duradera. Creíamos que el sistema bipartidista había muerto, es decir, PP y PSOE tendrían que competir con dos nuevas formaciones políticas, Podemos y C´s. Pero, por desgracia, todo parece haberse quedado en nada por la fuerza de nuestra Guerra Civil. Ese pasado que no quiere irse, porque nuestras “élites” intelectuales y políticas no son genuinas élites sino hombres-masas al servicio de quien detenta la fuerza. El ataque salvaje de Rufián al PSOE no sólo ha traspasado todos los límites de la mínima corrección política en la sede de la soberanía popular, sino que nos ha puesto ante el espejo de lo que es hoy una España pisoteada por un pasado lleno de sangre, un presente mortecino y un futuro oscuro.

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