25 de septiembre de 2021, 4:59:54
Mundo

EL REPUBLICANO OBTUVO 306 VOTOS ELECTORALES Y CLINTON SE QUEDÓ EN 232


Conmoción mundial por la victoria de Trump

B.M.H.

Se convierte en el 45º presidente de Estados Unidos rompiendo con todos los pronósticos y sondeos. Por Borja M. Herraiz


Primero fallaron con el Brexit. Luego lo hicieron de nuevo con el proceso de paz en Colombia. Esta vez los sondeos previos han vuelto a errar estrepitosamente y Donald Trump, el candidato republicano que llegaba por detrás en todas las grandes encuestas del país, se ha impuesto en las elecciones presidenciales convirtiéndose así en el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos.

La estrategia de Trump, que no las tenía todas consigo y embarró la jornada con denuncias de fraude electoral, era clara y los números cuadraban: tenía que ganar en los estados oscilantes, y así ha sido. Se ha impuesto en Florida por apenas 150.000 votos, en Carolina del Norte, en Wisconsin, en Iowa y en Ohio, además de no ceder ni un solo territorio conservador. Esa tendencia positiva para el GOP se vio desde las primeras horas de escrutinio, donde el magnate apuntalaba sus nichos de voto mientras que la candidata demócrata sufría para hacer lo propio con los suyos.

Sin embargo, el primer tanto se lo anotaba Clinton, pues la isla de Guam, que hasta ahora nunca se había equivocado, le daba su voto de confianza, que no sus delegados, puesto que no tiene, con un porcentaje superior al 70 por ciento. De ahí en adelante, sufrimiento y caras largas en el cuartel general de los demócratas en Nueva York. Por contra, en el republicano, a apenas 3 kilómetros de distancia, alegría y hasta perplejidad con el desarrollo de la noche.

Con el paso de las horas se vio claro que no iba a ser una noche tranquila. Florida y Carolina del Norte avanzaban en el escrutinio de uno lado a otro del espectro cromático para taquicardia de analistas y seguidores. Finalmente los dos se decantaron del lado republicano y pusieron la primera piedra de la victoria de Trump, que para entonces ya empezaba a teñir de rojo el interior del país.

A medida que se cerraban los colegios, más y más colorada se tornaba la imagen de Estados Unidos, que sólo daban un respiro a Clinton en territorios aislados, como Nuevo México o Illinois. Insufiente desde luego para contener la marea conservadora, que ha logrado movilizar en mayor medida el descontento con la clase política, que ha dejado caer los ingresos de las rentas medias y aislándose de manera fatal del electorado.

De nada ha servido que Clinton tuviera mejor acogida entre jóvenes, mujeres, afroamericanos y latinos, pues su victoria se apuntala sobre el decaído cinturón industrial y las vastas regiones del interior, las más castigadas ambas por la crisis financiera. De hecho, han sido precisamente los latinos de origen cubano los que le han dado la puntilla a la demócrata en el vital estado de Florida, donde se las prometía felices y donde ha recibido uno de los golpes más duros de la noche.

Tampoco ha sido suficiente el apoyo final que la candidata demócrata ha tenido en la recta final de campaña por parte del presidente saliente y su mujer, Michelle, de numerosas figuras de la farándula, el deporte y el artisteo estadounidense, de su rival en las primarias, Bernie Sanders, y de todo aquel que quisiera sumar.

Por contra, su rival ha visto cómo la cúpula del GOP le daba la espalda antes y durante la jornada electoral. De hecho, el expresidente Bush y el excandidato Romney reconocieron no haberle votado este martes. A este desprecio se sumaron también los McCain, Cruz, Paul o Rubio.

Pero si la Presidencia fuera poco para justificar el éxito presente y futuro de Trump, más lo es si cabe teniendo en cuenta que ambas cámaras del Congreso estarán a su favor después de que revalidaran sendas mayorías logradas hace dos años.

¿Y el mundo qué? Pues las primeras reacciones provienen de las bolsas, en concreto de las asiáticas, que caen en picado desde hace horas a medida que Trump apuntalaba su victoria. El yen y el euro se han disparado, mientras que el dólar se despeñaba un 10 por ciento, al tiempo que el mercado de futuros se hundía a la espera de que los parqués del Viejo Continente abrán ante una más que previsible jornada negra para los inversores.

También se ha seguido con especial interés esta jornada electoral en México. Más allá de las implicaciones económicas, donde el peso ha llegado a caer más de un 8 por ciento, el país azteca aguarda para ver si el presidente entrante cumple con sus amenazas en campaña y levanta el nuevo a muro a coste de sus arcas.

En definitiva, una jornada electoral tremenda en casi todos los sentidos. Primero, por el resultado, tan espectacular en las formas como inespesrado en el desenlace. Segundo, en las implicaciones políticas, económicas y casi de cualquier orden. Y tercero, informativas, pues una vez más los medios y las predicciones se han vuelto a equivocar de pleno en un evento de primer orden.

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