17 de junio de 2019, 15:42:11
Editorial


La soledad de Rita Barberá



La muerte ayer de Rita Barberá en un hotel madrileño no dejó indiferente a nadie. Contrastaban ayer algunas condolencias de compañeros suyos de partido -salvo Aznar, Ana Pastor y Jesús Posada, nadie se refirió a ella como “amiga” con la soledad que la ex alcaldesa vivía en los últimos tiempos, pendiente de un juicio por corrupción.

Y contrastaba especialmente esa soledad con la popularidad de Rita Barberá durante sus años dorados en el PP. De hecho, podría decirse que Valencia fue a los populares lo que Andalucía a los socialistas: un auténtico semillero de votos donde primaba más el rédito electoral que la ética política. De aquellos polvos vienen muchos de los actuales lodos.

Hay, sin embargo, una diferencia sustacial: la llamada “pena de telediario” que ha sufrido de manera inmisericorde Rita Barberá frente a, por ejemplo, Chaves y Griñán. A la polítca popular se la ha sometido a un linchamiento público de todo punto desporporcionado, sin el menor respeto a su intimidad ni a su presunción de inocencia; más bien, presunción de culpa inquisitorial. Al tiempo, resulta tan impresentable como reveladora la actitud de Podemos, cuyos miembros se negaron a guardar un minuto de silencio en la Cámara. En todo caso, con la muerte de Rita Barberá se va una forma de hacer política muy distante y distinta a la actual. Pese a todo, justo es reconocer su legado tanto en Valencia como el la trayectoria del PP durante los últimos 30 años.
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