15 de diciembre de 2019, 23:35:24
Opinion

Y DIGO YO


Rita Barberá y las malas personas

Javier Cámara


Ciertamente, la muerte repentina de Rita Barberá ha dejado muchas cuentas y conversaciones pendientes. Con la familia, amigos, ex amigos, colaboradores, compañeros de trabajo, periodistas e, incluso, con la Justicia. Hay muchas cosas que ya no sabremos de su boca y que es posible que tampoco se conozcan en profundidad nunca.

Murió de un infarto, según la autopsia, y decir que fue por culpa de esto o de lo otro es elucubrar en vano. ¿Murió por la presión mediática, de tristeza o simplemente porque su salud no era buena? ¿Habría sufrido un infarto de no haber sido expulsada del PP por ser investigada en el caso Taula? No lo sabremos.

Las reacciones han sido de lo más variopintas. En cualquier caso de sorpresa. Pero han llamado la atención las valoraciones de ex compañeros –hay que recordar que ya no militaba en el PP– que dejaban entrever un notable cargo de conciencia y las que han mostrado muy poca –o nula– humanidad.

Lo más llamativo no es que Pablo Iglesias decidiera no participar y no respetar ese minuto de silencio –se define él solo–, es como ninguno de sus seguidores tuvo el valor de decirle que se equivocaba. Es más, en el intento de justificar lo que saben que no ha estado bien, insisten en excusas peregrinas como que “se intentó imponer un acto político” o que “se quiere tapar la corrupción en Valencia”. No se lo creen ni ellos. En otros lugares que no son Madrid, las llamadas confluencias sí tuvieron esa humanidad y caridad que faltó en el Congreso.

Y como creo que Iglesias y parte de sus acólitos conocen perfectamente la diferencia entre un minuto de silencio y un homenaje político, se distingue una cierta maldad en no querer ser partícipes de una elemental muestra de respeto ante el fallecimiento de una persona.

Como todos nos podemos equivocar, rectificar se convierte en parte importante de la vida. En el calor de un hecho luctuoso, un amigo del finado puede pensar, hacer y decir cosas que pensadas en frío serían distintas. Así, acusar a los medios de comunicación de la muerte de Rita Barberá se puede circunscribir en el ámbito del ‘calentón’.

Y digo yo: ¿Están los intereses del partido por encima de la dignidad de uno de sus miembros? ¿Cuánta mala conciencia hay entre los que la criticaron dentro del PP y hoy defienden sus valores e integridad? Si desde Podemos ya no respetan tampoco la muerte de una persona, ¿qué se puede esperar de esta formación política en el futuro? ¿Hasta qué punto van a seguir con el ‘postureo’ de distinguirse del resto de formaciones políticas porque ellos se creen mejores que los demás?

Lógicamente, cada cual puede tener la opinión que quiera sobre una persona. Uno puede pensar que Rita Barberá era una corrupta. Otra puede opinar que los periodistas la habían “condenado a muerte”. Persistir, no rectificar, tanto en la acusación como en el menosprecio, lleva a demostrar que se actúa desde intereses partidistas o desde el dolor, lo cual es excusable.

Mi opinión es que los que no tienen compasión ni guardan un mínimo respeto por los valores humanos más básicos son malas personas. Es una cuestión de educación, pero no nos vamos a entretener aquí, estas cosas se enseñan en casa.
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