19 de noviembre de 2019, 3:40:35
Cultura

ESTRENA BAR BAHAR


Hamoud: el cine de la Primavera Árabe que viene a romper tabús

Laura Crespo

Entrevistamos a la cineasta Maysaloun Hamoud, que estrena en España su ópera prima, Bar Bahar.


Las salas españolas acogen este fin de semana el estreno comercial mundial de Bar Bahar, una cinta israelí rodada por una cineasta palestina en la que explota desde una perspectiva naturalista y fresca los contraste de una sociedad “entre dos mundos”, tal y como reza el subtítulo de la película. Porque Bar Bahar es el conflicto palestino-israelí desde una perspectiva poco común: la de los palestinos que viven en Israel; es la mujer y el incipiente feminismo; la tradición frente a las nuevas tendencias; el choque generacional. Parece ambicioso. Más teniendo en cuenta que se trata de una ópera prima. Pero es precisamente en esos trabajos de directores noveles donde se detecta esa carga extra de personalidad inconfundible, de franqueza y de garra, que supone la presentación al mundo. En el caso de la Maysaloun Hamoud, por compleja que parezca, esa es su cotidianidad.

Nacida en Hungría –mientras su padre estudiaba allí medicina-, Hamoud se crió en un Dier Hanna, un pueblo al norte de Israel, formando parte de la comunidad invisible de dos millones de palestinos que son ciudadanos israelíes. De ellos habla en su primera película o, mejor, de ellas. De mujeres jóvenes que lidian con un machismo integrado en el ADN de sus sociedades, con una tradición que pesa como una losa a pesar de los inevitables borbotones de modernidad de las grandes ciudades y un racismo enquistado con el que casi se han acostumbrado a vivir. Las protagonistas de Bar Bahar son tres mujeres palestinas completamente distintas entre sí que comparten piso en Tel Aviv. Estudian, trabajan, se enamoran y desengañan, se divierten y, sobre todo, aspiran a tomar sus decisiones.

“Ser mujer es siempre un riesgo”, asegura Hamoud en un encuentro con un grupo de medios, entre ellos El Imparcial, y no tiene dudas cuando le preguntan por el machismo en el mundo del cine. “Todos los sectores del cine funcionan en base a las reglas masculinas y las mujeres representamos un porcentaje muy pequeño”. Mujer, cineasta y “discriminada por ser una palestina en Israel”. Sin embargo, la realizadora asume que es una “privilegiada”. “Poder hacer películas es un sueño”, afirma y se siente con fuerzas para llenar un espacio cinematográfico vacío de contenido en una industria cinematográfica, la palestina, que anda en pañales.

Tras los cortometrajes Shades of Light (2009), Sense of Morning (2010) y Salma (2012), se lanza al largo con una apuesta arriesgada, distinta y potente que resultó premiada en San Sebastián y Toronto, entre otros festivales. Hamoud define su lenguaje cinematográfico como “naturalista” y asegura que su objetivo era “capturar lo que está pasando al alrededor sin juzgarlo, poniendo un espejo y haciendo preguntas”. Así que ahí están las fiestas, el alcohol, el sexo y las drogas en una sociedad en la que los placeres terrenales no están bien vistos y siguen siendo un tabú. Ahí está el desencanto de una juventud que se siente atrapada, que tiene ganas de abrirse otros caminos distintos a los de sus padres.

"Esta película ataca los tabúes que han sido impuestos por la tradición y creo que forma parte de una nueva ola de cine que se desató en muchos países con la Primavera árabe, cuando todo el mundo salió a la calle a gritar ‘basta ya’”.

La película pone, además, encima de la mesa un asunto poco habitual en las agendas de los países occidentales: la de los palestinos que viven en Israel. “Cuando la gente piensa en Palestina le viene a la mente Gaza, los territorios ocupados… pero nunca los dos millones de palestinos que son ciudadanos israelíes, y creo que es importante ponerlos en la conciencia del mundo, porque vivimos lidiando con un racismo atroz y sometidos a una presión muy directa. No digo que esto sea más importante que los territorios ocupados, sino que todo va junto aunque muy poca gente lo sabe”.

Oyendo el discurso de reivindicación de Hamoud puede que esperáramos una película distinta. Porque Bar Bahar se centra en lo cotidiano, en las relaciones de amistad, en la esperanza, en el deseo, siendo una película casi costumbrista. “Creo que mi película es muy política –opina la cineata- porque no hay cosa más política que el feminismo. Pero pienso que ya hemos tenido suficientes relatos simbólicos y que el rol de víctima, de gente que vive en territorios ocupados, ya lo tenemos, mientras que hay otros temas con los que lidiamos y de los que todavía no hemos halado mucho. Sí creo que he hecho una película política y activista, pero no en el sentido que estamos acostumbrados o que esperamos ver, sino presentada de otra forma”.


Roles de mujer

A pesar del privilegio de haber podido hacer su primera película –producida por el codirector de la multipremiada El divorcio de Vivianne Amsalem, Shlomi Elkabetz-, Hamoud se ha enfrentado a no pocas dificultades que tiene que ver con la propia estructura del nuevo cine palestino. En una industria joven, con una mayoría escandalosa de actores hombres y, dentro de las actrices, la escasa variedad de perfiles, la cineasta tuvo que buscar a sus tres protagonistas debajo de las piedras. “Los papeles que suelen hacer las actrices palestinas, árabes en general, son estereotipos y casi nunca principales”, reconoce Hamoud, un perfil muy lejos de las jóvenes malhabladas, desinhibidas y aparentemente libres protagonistas de Bar Bahar.

Así que trasladó su enfoque de guión y realización realista a la dirección de actores y se lanzó a buscar actrices no profesionales hasta que aparecieron ellas: Shaden Kanboura (Nur), que sí era ya actriz de teatro; Mouna Hawa (Salma), una diseñadora gráfica y DJ que se ha encargado también de los rótulos y la cartelería del filme; y Sana Jammalieh (Laila), que se arriesgó a asumir el papel que nadie quería, ese que a un mes de empezar el rodaje de la cinta aún no tenía dueña. “El papel de Laila es como el alter ego de todos nosotros, es la mujer que hace lo que le da la gana, un poco lo que todos querríamos ser, y era muy difícil porque al ser un cine muy nuevo tenemos tendencia en mi país a no diferenciar entre quién es la persona y quien es el personaje, automáticamente se identifica a uno con otro”.

Frente al trío de mujeres fuertes y unidas, la directora crea un abanico variopinto de hombres que muestran, eso sí, más debilidad que las mujeres. Para Hamoud, solidaridad y activismo son las dos herramientas más importantes para lograr un verdadero movimiento feminista global. Pero, termina la cineasta, “para liberar el mundo primero tienes que liberarte tú, así que mostrando un tema pequeño, conciso, como el de esta película, puedes optar a la universalidad”.

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