24 de agosto de 2019, 15:33:40
Editorial


El Rey, en Cuba



Don Juan Carlos ha sido el encargado de representar a España en las exequias fúnebres de Fidel Castro en La Habana. Se trata de una representación de máximo nivel, que ha generado algunas opiniones encontradas por poder interpretarse como señal de homenaje a una dictadura. No es así.

Tras China y Venezuela, España es el tercer inversor mundial en Cuba, con cerca de 1.000 millones de euros. En el plano afectgivo, además, las relaciones con la isla han sido siempre especiales. Buena prueba de ello fueron los tres días de luto oficial que Castro decretó tras la muerte de Franco -cuyo posicionamiento ideológico no podía ser más opuesto-.

España siempre ha exigido al régimen cubano que respete los derechos humanos, lo cual ha generado más de un roce diplomático. Sin embargo, el respeto institucional entre dos estados con vínculos muy estrechos es el criterio que debe prevalecer y prevalece con acierto en esta ocasión. No se trata de homenajear a un dictador, sino de transmitir una muestra de respeto al pueblo cubano. Y de paso, mostrar cuál es la manera de comportarse ante determinadas situaciones, con las bochornosas conductas ante la muerte de Rita Barberá todavía recientes.
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