27 de junio de 2019, 6:09:26
Opinion

DESDE ULTRAMAR


Fallas de Valencia: ¡patrimonio mundial!

Marcos Marín Amezcua


Me ha llenado de mucha alegría saber que la Unesco ha declarado como patrimonio inmaterial de la Humanidad a esta celebración valenciana que es, para mi gusto, una de las tradiciones más bonitas de España: las Fallas de Valencia.

Tuve la primera noticia de su existencia hace muchos años, cuando los diarios mexicanos publicaban en los días previos a su extinción, detalles de las magníficas estructuras que se erigían en las calles de la capital valenciana de cara a ser calcinadas cada 19 de marzo. Me llamaba poderosamente la atención la belleza, el tamaño prominente, la variada temática que envolvía a tan hermosas e ingeniosas esculturas. La palabra ninot se convierte es una palpable realidad de ensueño y han llegado a sumar más de 770 monumentos falleros. ¡Menuda cantidad se montan!

Cada año atestiguar las diferentes manifestaciones escultóricas, cada cual rebosante de originalidad e inagotable discurso, me entusiasmaba en vísperas de la llegada de cada primavera. Termina uno simpatizando con todo ello.

Ante el despliegue de los valencianos, resulta imposible sustraerse y no sentirse fallero como el que más en presencia de los ninots. Y hete aquí que un día tuve la grandísima suerte de visitar Valencia durante su fiesta mayor acaecida en el año 2005, constatando la magnificencia de la celebración, pudiendo vivir sus Fallas.

Y lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Es el momento de agradecer nuevamente a mi anfitrión Roberto Juan Beltrán Cortés, quien con su apoyo pude presenciar tan majestuosa celebración que hace que Valencia se engalane para su festejo y los valencianos luzcan particularmente acicalados para tan irrepetible ocasión, porque la cremà se encargará de repetirnos de que cada año sea distinta, aunque en esencia sea la misma.

Atestigüé el enorme y rico trabajo de montaje, diseño, imaginaría desbordada y repliegue un día después, de los restos de aquellas fantásticas creaciones. Ninots que visten y revisten tan sofisticada y manifiesta tradición popular española, que al ser reconocida por la Unesco, resulta en una guinda, un remarque mayúsculo por tratarse, como ya lo he escrito, de una de las más bonitas tradiciones españolas que deberían de enorgullecer al país al completo.

Estruendosas, pero con garbo, participativas e incluyentes, las Fallas de Valencia reúnen prodigalidad y formas con la elegancia y difusión del trabajo artesanal valenciano, que igual muestran uno de los atuendos más emblemáticos y elaborados como lo es de las falleras, que lo portan con particular gracia y encanto, con elegancia y porte. Los adminículos que lo componen le otorgan un destello sin par. Los caballeros ataviados a la usanza tradicional remachan el vistoso conjunto. Los asistentes portamos una pañoleta al cuello, integrándonos a la fiesta.

Los montículos que se erigen en las confluencias de calles y avenidas, junto con el que se alza en la muy emblemática de la plaza del Ayuntamiento, dotan a la capital del Turia de un sentido diferente por unos días. Valencia en Fallas se entrega en cuerpo y alma a tan magnífica celebración y derrocha poderío.

Cada conjunto escultórico puede revestirse de más o menos un derroche y una riqueza que responderán a los posibles de cada grupo organizador, resultando en atractivos más modestos o más ricos, pero siempre originales. Cuando ardan, lo harán por igual y serán un recuerdo en la mente de quienes tuvieron la dicha de presenciar su prodigiosa existencia. No olvido el cielo valenciano la noche de la cremà. Aquel rojo intenso ribeteado de espeso humo hacía de Valencia una suerte de gran hoguera que besara el Sol al ritmo de la distintiva canción “Valencia”. Era impresionantemente sorprendente e irrepetible por estar recargado de cierta nostalgia y melancolía por los ninots desparecidos, tragados por las llamas.

Si de por sí Valencia es una ciudad preciosa, con sus Fallas adquiere su justa dimensión. He preguntado a dos amigos valencianos su sentir hacia esta celebración tan vistosa y qué les significa la declaratoria de la Unesco. Sus generosas palabras las reproduzco:

Maité Espí me ha expresado: “¡¡Las fallas!! Nuestras ruidosas, espectaculares y queridas Fallas. Si hay algo que caracteriza a esta tradicional fiesta valenciana es su fuerza y capacidad de lograr que, de un día para el otro, toda una ciudad se movilice y saque todos sus ciudadanos -ancianos, niños, mujeres y hombres- a la calle. Los preparativos se fraguan en los "casales" de cada barrio durante todo el año y desembocan en la semana grande -del 15 al 19 marzo-. Cada día es un hervidero de luces, música, folclore, cultura y mucho, mucho arte, expresados fundamentalmente a través de estos espectaculares monumentos- y de las actividades que giran en torno a ellos- que recientemente han sido declarados patrimonio inmaterial de la humanidad”.

Mi querido amigo Roberto Juan Beltrán Cortés, apunta: “es gratificante un reconocimiento mundial de algo que tienes como tuyo o al menos, (en que) has participado durante años. El compartir la fiesta es un objetivo en sí mismo, si no es así no hay fiesta al fin y al cabo. Lo tradicional con lo moderno se dan la mano sin alejarse de las raíces.”

Solo me resta añadir: visitar Valencia en Fallas lo recomiendo ámpliamente. En verdad que la ciudad se torna a una en un esfuerzo descomunal que redunda en la finura de estas magnificentes figuras que nos arrancan una lágrima y un suspiro cuando arden como marca la tradición. Qué más quisiéramos que se conservaran pero no hay espacio para tales. Se preserva alguna significativa para su museo, cuando lo amerita, pero el fuego consume los más de aquellos, inmolándolos las brasas.

El merecido reconocimiento extendido a las Fallas de Valencia por la Unesco, que implica hacerlo a tan notable tradición, nos alegra y nos entusiasma ardorosamente. De una forma tal, igual que arden vívidamente aquellas geniales esculturas, para depositarse en nuestros más caros recuerdos, incitándonos a esperar ansiosos la siguiente edición, que siempre promete ser más fastuosa y extraordinaria que la precedente. ¡Enhorabuena Valencia! ¡enhorabuena, España! por esta distinción que suma muchos esfuerzos para conseguirlo.

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