20 de octubre de 2019, 23:56:53
Editorial


Guantánamo, 15 años de ignominia



Se cumplen este mes 15 años de ese limbo jurídico en que se ha convertido la base de Guantánamo. Fue en enero de 2002 cuando 158 supuestos terroristas fueron trasladados allí esposados de pies y manos, con la cabeza tapada con una bolsa negra y ataviados con el ya tristemente célebre mono naranja, que ahora el IS usa para vestir a sus víctimas antes de ejecutarlas.

Obama ha sido incapaz de cerrarla, y no por falta de voluntad, sino por las dificultades que se ha encontrado en dos frentes: por un lado, qué hacer con las personas que están allí retenidas. Por otro, la oposición republicana a una medida adoptada por el entonces presidente George W. Bush y que se ha acabado revelando como una aberración desde todos los puntos de vista, en especial el del respeto a los derechos humanos.

Actualmente quedan en Guantánamo 45 reos, muy lejos de los 800 que llegó a albergar en su momento. Trump hereda el problema y, de momento, qué postura tomará es toda una incógnita. Sin embargo, el presidente entrante debería tener claro que no se puede luchar contra el terrorismo islámico utilizando sus mismos métodos. Retener a alguien contra su voluntad, privarle de sus derechos más básicos, impedirle tener contacto con sus seres queridos y someterle a torturas y tratos vejatorios son conductas absolutamente impresentables. Lo hacen Al Qaeda y el IS. Y es lo que lleva 15 años haciéndose en Guantánamo.
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