17 de julio de 2019, 1:15:56
Opinion

TIRO CON ARCO


Espejo negro

Dani Villagrasa Beltrán


Para un tecnófobo, la serie de televisión Black Mirror es una especie de confirmación de todos sus miedos. Redes sociales, realidad aumentada, geolocalización, reconocimiento facial, robótica, almacenamiento de datos masivo. En todo eso están trabajando las empresas más importantes del mundo. Viendo la velocidad vertiginosa con la que las tecnologías se han instalado en nuestra vida cotidiana no es difícil imaginar un futuro en el que todo haya cambiado para siempre. El nombre de la serie es una referencia a las pantallas negras de ordenadores y otros dispositivos, que nos devuelven el nítido reflejo de nuestras caras.

Se trata de una serie encadenada de pequeñas distopías, cuyo único elemento de continuidad es la temática. Según su creador, Charlie Brooker, las ficciones tratan de la manera en que “podríamos estar viviendo dentro de diez minutos si somos torpes”.

He comenzado a verla, a pesar de que no suelo consumir series, ni aún las muy buenas, como ésta, porque en los últimos meses todo el mundo me la recomendaba sin parar. Black Mirror es tema obligado en todas las conversaciones, por todas partes, pese a ser una serie que no se emite en la televisión convencional, sino a través de la plataforma de vídeo bajo demanda Netflix.

Es curioso observar que la fiebre por Black Mirror coincide con un subidón en las ventas de una obra como 1984, de George Orwell. Allí se maneja la teoría de los “hechos alternativos”, así como la policía del pensamiento, la adulteración de la información, la reescritura de la historia, y el ministerio de la verdad. Además, claro, de ese Gran Hermano que en todas partes está y todo lo vigila. Todo ello, de gran interés en los EEUU de Donald Trump, que lleva apenas una semana de mandato y parece que lleve toda la vida.

Martin Hilbert es uno de los que sabe de qué van todas estas cosas y ha concedido una entrevista a un medio chileno, The Clinic, que ha tenido una gran repercusión entre el mundillo periodístico en España. Habla de la utilización de las redes sociales en las campañas electorales en EEUU. Tanto Obama antes, como ahora Donald Trump usaron los datos masivos de los usuarios de las redes sociales “para lavar cerebros”. Los algoritmos realizaron versiones personalizadas de los mensajes de los candidatos, de manera que se ajustaran exactamente a los gustos personales de cada votante. “Es populismo puro. Te dicen lo que quieres escuchar”, dice Hilbert, que se acuerda también de George Orwell. En su opinión, el novelista inglés “se metería un tiro” si viera el desarrollo de las tecnologías en el control de los ciudadanos.

Todo este gusto por pensar que nos irá peor en futuro coincide con la euforia bursátil, el Dow Jones mirándonos desde las alturas de 20.000 puntos, su mayor pico en sus 120 años de historia.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es