29 de marzo de 2020, 4:51:19
Mundo

RUSIA


Ya es oficial: Putin despenaliza la violencia doméstica

M. Jones

Pone condiciones pero se echa encima a la comunidad internacional. Por M. Jones


"Un auténtico hombre debe intentarlo siempre, y una auténtica mujer debe resistirse siempre", es una de las manifestaciones verbalizadas por Vladimir Putin que parecen han cimentado el polémico golpe de mao ejecutado por el mandatario ruso este martes. Y es que a pesar de la oposición internacional por tildar de atentado contra los derechos humanos la medida en cuestión, el Ejecutivo de Rusia ha promulgado la ley que despenalizará la violencia doméstica en su país. La única condición excepcional que priva de esta laxitud jurídica al agresor o agresora es que tenga antecendentes de maltrato.

En las tripas del texto se contempla que quedarán exoneradas de penalización delictiva las agresiones que provoquen dolor, heridas, moratones o arañazos a la víctima. Estos actos violentos recibirán el trato de falta administrativa, que acarreará una multa de en torno a 500 euros y el arresto administrativo de máximo tres meses, revirtiendo el antiguo ordenamiento que contemlaba una reclusión de hasta dos años. Sólo cuando el familiar violento vuelva a atacar a la misma víctima en el plazo de un año, prosigue el texto, el castigo seguirá el cauce penal.

Esta ácida medida está encuadrada en una nación en la que se estima que el 90% de los denunciantes de violencia doméstica no denuncian por lo intrincado del procedimiento -que rara vez concluye sin obstáculos- y en la que los activistas en pro de los derechos humanos han eenfatizado que entre 12.000 y 14.000 mujeres mueren todos los años a manos de sus parejas (una mujer es víctima de violencia de género cada 40 minutos). Además, se cifra en torno al 40% el baremo de crímenes violentos que acontecen lo hacen en el seno de la vivienda y se subraya, aunque no haya datos ni estudios estadísticos, que muchas de las mujeres encarceladas fuero objeto de reclusión por atacar a sus parejas después de recibir continuados ataques con la pasividad policial mediante.

La ley, que según sus autores sólo busca despenalizar las palizas que no causen lesiones graves, había sido defendida por Putin con anterioridad. "La descarada injerencia de la Justicia en la familia es intolerable", aseguró hace meses en una rueda de prensa el mandatario ruso, del que se sabe que es creyente confeso y defensor de los valores ancestrales como antagonismo de los occidentales -que considera "sin género y estériles"-. Es por ello que entre sus apoyos se encuentra la Iglesia Ortodoxa Rusa, que en un país en el que la expresión "la pega, es decir, la quiere" es refrán popular -y colchón para la connivencia policial- ha defendido la "necesidad de respetar al padre" como cimientos de la nueva ley.

La polvareda interna generada, azuzada por los defensores de los derechos humanos -quienes definen como "muy peligroso" que el Gobierno diferencie entre moratones y violencia física porque podría conllevar una legitimación de la agresión-, ha evidenciado también la respuesta de los defensores del texto. A la cabeza de esta reacción emerge lo institucional. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aclaró que "hay que diferenciar claramente las relaciones familiares de los casos de reincidencia. Si se lee el proyecto de ley, uno se da cuenta de que los casos de reincidencia sí acarrean responsabilidad penal"; Viacheslav Volódin, gerente de la Duma, censuró las presiones del Consejo de Europa -que envió una carta a las dos secciones parlamentarias rusas para advertir de su preocupación a este respecto-; y los creadores de opinión que respaldan este proceso (las encuestas muestran que el 60% de los rusos apoyan esta matización del castigo a la violencia en el hogar) resaltan que esta directriz agilizará los trámites de denuncia y no mutila al agresor para recomponer su vida.



Sea como fuere, Rusia vuelve a los focos internacionales por motivos fronterizos con los derechos humanos. Putin y su burocracia no pierden ocasión para escenificar su confrontación con las referencias democráticas de Occidente y parece despreocupado con los reproches que han sonado al unísono en el Viejo Continente. Trump, el persona con la que espera desengrasar las relaciones bilaterales con Estados Unidos, todavía no ha roto su silencio sobre esta noticia.

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