22 de septiembre de 2019, 16:18:09
Opinion

TRIBUNA


Cataluña, disconnecting people

Jorge Casesmeiro Roger


El Mobile World Congress es el concilio mundial de los teléfonos móviles. Y el concilio se celebra en Barcelona, España. Vamos, que está la máquina y está la nación. Son cosas que se implican. Y si rompes una, se desconecta la otra.

El MWC pasó este año con hermandad en cubierta y mucha mar de fondo. Con hermandad, porque la nación debía salmodiar unísona ante la máquina. Y con mar de fondo, porque Mumford tenía más razón que un santo cuando dijo que si la máquina parece dominar la vida de hoy, es sólo porque la sociedad está más desorganizada que ayer.

La edición 2017 del concilio ha llevado a Barcelona más de cien mil turistas, trece mil empleos y 465 millones de euros. Un lujazo a la altura de la responsabilidad demostrada por sus anfitriones: del Rey a la alcaldesa, pasando por el Gobierno de España y Generalidad de Cataluña. Que el barco es de todos. Y cuando vamos juntos, la cosa sale olímpica y vamos a más.

Por eso Barcelona lleva una década arraigándose la fiesta mayor de los teléfonos móviles. El milagro es sencillo: trabajo bien hecho en unidad nacional. Y gracias a ello, Barcelona tiene comprometido el evento hasta 2023. Pero la fiesta podría terminar antes de tiempo. Porque los centauros del secesionismo siguen empeñados en desconectarse de la única garantía que retiene el concilio en Barcelona.

Y ese prerrequisito no es la playa, ni el panal hotelero, ni el nuevo metro ni el saber hacer de los menestrales de la bella Condal. El Mobile World Congress se celebra en Barcelona porque Barcelona está en un país serio que se llama España. Porque España vela, avala y responde con el peso del Estado por el MWC. Y esto lo saben bien los anfitriones y los patronos de la fiesta.

Cataluña es bona y Barcelona friendly. Pero el contrato expiraba el año que viene y los que ponen la banda ancha lo dejaron claro en 2015: cena de bienvenida con el Rey, y cobertura legal desde el Gobierno de España. Es decir, que el MWC sigue en Barcelona porque Cataluña cuenta con la lealtad de la Corona y con el amparo del Estat Espanyol ratificado mediante Real Decreto; por no hablar de la indispensable colaboración de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad.

Ítem más. El Gobierno de la nación ha sido tan fiel a Barcelona, que incluso ha neutralizado las liberales pretensiones de la capital de España por hacerse con la millonaria bicoca. No es momento de enredar con Cataluña, ha regañado a Madrid el Gobierno.

No. El MWC debe permanecer en la Condal. Empleo, prestigio y mucha pasta; hagan la cuenta. Aunque al parecer hay una cláusula que abre la posibilidad de finiquitar tras el año que viene. Y a pesar de que Madrid obedezca y tenga poca chance, la competencia es feroz y París no ha tirado la toalla.

Barceloneses, conciudadanos… Barceloneses de España. Pues a vosotros me dirijo. Y no a vuestros tocayos de la Barcelona de Venezuela. Sin España, no hay concilio. If no Spain, Barcelona, no congreso, and no more connecting people. Y todos perdemos. Precios de la desconexión.

Volver al seny, compatriotas catalanes. Que la facultad suprema para vivir es la integral cautela. Ya lo dijo Ortega: Todo en la vida humana es un constante y absoluto riesgo, y una cultura se vacía entera por el agujero más imperceptible.

En este mundo líquido los papeles se mojan, el dinero nunca duerme, y la máquina sin patria ni tradición no tiene mayor servidumbre que su propia eficiencia. Pocas seguridades quedan, en este loco mundo. La estupidez de pensar que la técnica es una realidad inconmovible debe ser una de ellas.

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