20 de noviembre de 2019, 5:25:37
Opinion

DESDE ULTRAMAR


Tan inmaduros Maduro y su ministra de exteriores

Marcos Marín Amezcua


A mí sí me ha colmado el plato. Hace ya rato que la traigo en jabón. Delcy Rodríguez, la ministra de exteriores venezolana, es la más viva imagen de un gobierno ya no solo autoritario y antimodemocrático, tal cual lo es el de Nicolás Maduro, sino de uno extraviado. Y de alguien tan inapropiada y ajena a las reglas de la diplomacia, que da escozor su comportamiento tan ordinario, tan borde.

Carente de formas, olvidándose de que se consigue más con la miel que con la hiel, la antipática funcionaria apuesta soberbia y sobradamente fatua a defender lo indefendible y consciente de todo ello, sabe que su gobierno solito se ha puesto la soga al cuello. Mas vocifera culpando al mundo. Pobre. Altanera, la Rodríguez va dando coces a diestra y siniestra, crédula de que porta patente para el insulto fácil y pandilleril, porque lo suyo no es la diplomacia. De la muy gamberra, yo no considero que sea “ruda” por defender la soberanía de su país, pues su torpeza la aleja muchísimo de conseguir tal, las mínimas simpatías y flaco favor hace a su patria con semejante actitud atropellada e irrespetuosa. Esa postura perjudica a Venezuela en vez de ayudarla en momentos complicados como los que transita. Ella es así y en sí es un problema. Pero es lo que hay: los estertores de un putrefacto chavismo sin Chávez.

El señalamiento hecho a Venezuela en la OEA llamando a que ponga orden, ríspido pero donde los países miembros no se han dejado amedrentar por el representante de Caracas, es una magnífica ocasión para enfocarme en la titular de la rama de exteriores venezolana. La funcionaria no ayuda a salidas dignas.

La incombustible ministra tiene respuestas (insultos) para todos, muy poquito originales, majaderas, las más perdidas e insolentes, torpemente claridosas, pero oye campanas y no sabe dónde. Al final siempre acaban en lo mismo: en sacar de la chistera el mismo sobado cuento chino: quieren desestabilizar Venezuela y todos están con el Imperio. ¡Vaya! Qué fiasco de ministra tan indulgente con las tonterías de su presidente y tan poquito autocrítica. Su equívoco está asegurado.

Y no, no es cosa de olvidarnos de que es una dama. Solo que además de serlo es ante todo, la cara de un gobierno impresentable como el de Maduro y en su calidad de representante de aquel, se la critica. No está de más expresarlo por si algún lector se ofendiese por mis palabras a la señora, que desde luego no serán nada amables. Y es que la bravucona ministra de tan desagradables reacciones y maneras va actuando con muy poquita inteligencia. Un día llama “perro del imperio” al presidente peruano y otro descalifica al señor Videgaray, su homólogo mexicano, llamándolo “servil”. Aseveró que su antecesora, Ruiz-Massieu al recibir a activistas venezolanos (detractores de Maduro, desde luego) apoyaba actos terroristas en Venezuela. Hay que ser estúpida, señora ministra de exteriores de Venezuela, como para sostener tanta mentecatez. Su país injerencista y comprando conciencias con petróleo sí que es un metomentodo y cabe recordárselo: por eso México echó a su embajador en 2005 y Chávez no pudo con los mandatarios mexicanos que lo mandaron al Diablo. Y me alegro sobremanera. La ministra olvida la postura servil de Venezuela pidiendo la expulsión de Cuba de la OEA en 1963, cuyo único voto en contra de tan lacayuno comportamiento fue el mexicano, mostrando la dignidad de la que no hizo gala su país. Desmemoriadita, la seño. Chávez ¿qué fue? ¿Cachorro de Castro? Eso no lo edifica ni lo edificó. ¿Cachorro de sí mismo? Menudo pelmazo. ¿Y ella? Ella no está en posición de clasificar a nadie. Cada vez que lo hace se hace fuera de la bacinica.

Va equivocada por la vida en dos rubros. Creerse que puede ir insultando a cuanto se le pone enfrente y creer que quedará impune en sus dicterios convencida de que sus intervencionismos sí son valederos y buenos y los de otros países, no. No señora, intervenir en otros países como lo ha hecho el suyo comprando elecciones y bloqueando opositores, es tan deplorable como si Washington se organiza un golpe de Estado en Chile en 1973. No hay intervencionismos buenos y malos. Hay intervencionismos. Y punto.

Tendrá cara la ministra que bien sabe que el único que desestabiliza a Venezuela es Maduro. La seño se ha brincado las trancas, parece que las tiene en la punta de la lengua y tuitea con dedos más rápidos que su cerebro pensando, con una maestría tal que si no fuera por las picardías que suelta y las idioteces que prodiga, hasta nos podría engañar pensando que le gira la ardilla en el coco. Es una lástima su lenguaje soez tan inapropiado del cargo que ocupa. Una vendedora de mercado es más humilde y sensata. Sus ramplonas expresiones –balandronadas y ladridos– no me dejan boquiabierto ni me alteran, son solo espejismos, fuegos de artificio, fama hueca y no puedo evitar manifestarlo. Flaco favor le hace a Venezuela su desempeño. ¿En verdad consigue más con su altanería? Lo dudo mucho. Se cierra las puertas. Cuán equivocada y cuán ignorante e incongruente es la ministra venezolana, su soberbia me escalda y su injerencismo apesta; ese que practica a terceros países como bien le aprendió a Chávez, pero que tanto la ofende cuando se trata de Venezuela, en un dechado de doble moral tan chavista como irresponsablemente antidemocrático.

A la Rodríguez –de quien no hay que tragar sus gracejadas, afectando su permanencia negativamente solo a Venezuela– se le resbalan los señalamientos pues es una desfachatada, mientras hunde a su gobierno, pues solo abona en lastimar la imagen de su país con su torpe tarea diplomática y soez manera de conducirse. Pero si la cabeza fuera bien, los pies no divagarían. No espero mucho ni de ella ni de su jefe. A mí me da igual que se quede o que se largue Maduro. Eso lo decidirán solo los venezolanos, sin ser óbice para reconocer que se vulnera el orden constitucional cooptando a una Asamblea ahora opositora. Maduro no es Chávez, después de todo. Qué poquito aguantó no tener corifeos, conduciendo así a una situación sin salida a su país, que solo contribuye a enrarecer el ambiente, demostrándonos su incapacidad. Yo no tengo problema alguno en decirlo: la dictadura chavista ha hundido al querido pueblo venezolano, entrampado por Maduro. El caudillaje no es el camino del progreso y lo constatamos ya. Y Rodríguez mancilla la imagen de su país, en vez de edificarla. La Rodríguez debiera ahorrase tanto aspaviento que no me impresiona, sacando a su país de la OEA si tanto la agrede y teatrera, se deje de culpar a medio continente de sus desdichas. Que se desengañe: su patria no es tan importante para figurar en la agenda de todos. Que no se adorne tanto la ministra. En el fondo, la Rodríguez me da penita. La ministra le hace mucho al cuento. Me despierta bostezos.

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