17 de noviembre de 2019, 14:30:03
Deportes

LA TEMPORADA REGULAR CONCLUYÓ ESTA MADRUGADA


NBA. Westbrook y Harden discuten si batir récords locos basta para ser MVP

M. Jones

Los jugadores de los Thunder y de los Rockets se disputan el trono que deja Steph Curry. Por M. Jones


Quedaban 2,9 segundos para el final del apretado partido que disputaban los Oklahoma City Thunder en la altura de Denver. Disponían de la última posesión y habían pedido un tiempo muerto para diseñar la jugada definitiva y sacar ya en cancha rival. Sin embargo, la defensa de los Nuggets, pegajosa, parecía indigestar el saque de banda al ex madridista Kyle Singler. Con su máxima estrella bien cubierta, el jugador eligió dar salida a la maniobra optando por el pivot Steven Adams. El neozelandés mostró la suficiente inteligencia para hacer llegar la bola a Russel Westbrook, que no podía más que mirar al aro bastante más lejos de la línea de tres. Pues bien, con Gary Harris exhalando su respiro en la nuca del base campeón olímpico, Russ hizo diana y remontó el partido en favor de los suyos. Se desató, entonces, la segunda celebración apoteósica del día. El agónico triunfo por 106-105 lo merecía.

Pero este desenlace que inflamó al seguidor del baloncesto sólo sería el colofón de un hito descorchado a falta de 4:17 minutos para la conclusión del partido. En ese instante Westbrook selló la décima asistencia que le colocaba en la cima de este deporte. Se constataba su cuadragésimo segundo triple-doble del curso (50 puntos, 16 rebotes y 10 pases de canasta autografiaría), uno más que el récord establecido en 1962 por el icónico Oscar Robertson (con los Royals de Cincinnati ). En tal circunstancia, el público del Pepsi Center tributó al jugador de los Thunder, consciente de haber asistido a una página dorada y única de la historia del baloncesto estadounidense. Y, hasta la bocina final, guardarían silencio en cada posesión rival: Westbrook acribillaría a los Nuggets con los últimos 13 puntos que impusieron una remontada en una noche histórica en Colorado.

Y es que el episodio relatado no hace más que argumentar lo especial de la temporada que está firmando el jugador franquicia de los Thunder. Tras el mercado estival le urgía al jugador californiano moderar su ardorosa ejecución y diversificar su puesta en escena para colaborar más en el colectivo. Para hacerles mejores. Su aliado hiperbólico, Kevin Durant, se había ido al enemigo que les apeó en los playoffs precedentes, los Golden State Warriors. Por tanto, le tocaba a Russ erigirse, por primera vez en su carrera, en la piedra angular de un proyecto profesional. Y no tardó en uniformarse de aplomo y perspectiva en un ejercicio que disiparía la energética improvisación tendente al individualismo que había dibujado su currículo hasta entonces. El resultado: unos extraterrestres promedios de triple-doble (31.8 puntos -líder global-, 10.7 rebotes y 10.4 asistencias) que se aseguró en su visita al desierto de Arizona, el pasado sábado y a falta de tres partidos por disputar. Esa otra muesca negó la originalidad en la excelencia de aquella temporada de Robertson en el 62 y añadió otro ingrediente a la candidatura de Westbrook al premio de MVP de la Liga.

Además, la ejecución disparatada, hambrienta y más completa que ha conocido este deporte, que mantuvo la exuberancia competitiva que ha llevado a Kobe Bryant a designar a Russell como su heredero -como Jordan hizo con él, en base al mismo parámetro-, fue coronada con otro epígrafe estadístico que marea. Al tiempo que guiaba la endeble reconstrucción de la plantilla de los Thunder hasta la post-temporada, colocó su nombre como el primero en la historia de este juego que acumula tres partidos con una anotación de 50 puntos o más acompañados de un triple-doble. La explosión del potencial de este jugador, al que le fallaba su lectura de los momentos y el juego cuando tenía a su lado al ejecutor Durant -esto casi se ha esfumado-, ha tocado techo en el año en que ha debido asumir la jerarquía de un vestuario y servir de ejemplo. Con un altruismo que ha derrocado la fama de selfish (egoísta) que le perseguía. Pero, maravillas de la NBA, esta exquisita relación de méritos no basta para destacarle en el debate de mejor jugador de baloncesto del planeta en este curso.

A la misma altura en los pronósticos asoma James Harden. La Barba, que fue aliado en la única final de NBA en la que ha participado la franquicia de Oklahoma y heredera de los Supersonics, no se ha quedado atrás, ni a nivel estadístico ni en la esfera de la evolución distribuidora de su estilo. "La temporada ha sido buena para todo el equipo y sin la ayuda de todos los compañeros no hubiese podido conseguir ningún tipo de marcas. Ahora lo importante es llegar a los playoffs y mantener el mismo nivel de juego cuando nos enfrentemos a los Houston Rockets", declaró Westbrook al final de la última fecha del calendario de la fase regular, en la que fue honrado por el propio Robertson. Empero, delicias de la fortuna, en Houston juega Harden. La dicha ha regalado al espectador un combate directo entre los dos jugadores más resplandecientes del presente en la primera ronda de las eliminatorias de la Conferencia Oeste. Aunque ese enfrentamiento no afectará a la decisión del MVP -cerrada este 14 de abril-, no arraca mal la post-temporada. Desde luego.

"Yo no sería felíz jugando en un equipo en el que hay un jugador que consume la posesión botando", declaró Charles Barkley hace un par de años. Su dardo iba dirigido al flagrante individualismo que practicaba Harden en la era McHale del equipo texano, cuando un Dwight Howard quejoso denunciaba que no le llegaban los suficientes balones a la pintura. Y, en efecto, no le llegaban. La Barba se encontraba, entonces, en una necesaria fase de aprendizaje de su liderazgo (en la que resultaba transparente en defensa y negaba a sus compañeros soluciones, facilitando la defensa rival). Sin embargo, con la llegada de D´Antoni al banquillo y de un reguero de tiradores exteriores, el escolta de 27 años que fue Mejor Sexto Hombre del campeonato cuando convivía en el camarín con Westbrook y Durant (2012) ha pulido su basketball IQ de manera sorprendente para algunos. De forma paralela al desarrollo de su amigo Russell, él también ha atendido más al colectivo, en ambas facetas del juego, y ha terminado por guiar al tercer mejor equipo de la Liga (55-27), con un promedio de 29.1 puntos, 11.2 asistencias (líder global) y 8.1 rebotes. Además, le avalan 22 triples dobles y otro postre estadístico incomprensible: primer jugador en la historia de la NBA en terminar la temporada regular con al menos 2.000 puntos (2.356), 900 asistencias (907) y 600 rebotes (659).

"Lo que ha hecho Westbrook tiene un mérito increíble. Está jugando de maravilla desde que comenzó la temporada y está haciendo cosas que no ha hecho nunca nadie. Pero, más allá de las estadísticas individuales, yo intento involucrar a mis compañeros, hacer que todo el mundo juegue con confianza. Si no, no llegaremos muy lejos. Eso es lo más importante: ganar. Eso debería ser lo importante, creía que de eso iba esto, de ganar partidos. Y punto", proclamó Harden, hace tres días, sobre la discusión en torno al sucesor de Steph Curry en la cima individual de la NBA. "Parece que en la NBA cada vez se valora menos lo que debería ser más imporante: ganar", esgrimió el general manager de los Rockets, Daryl Morey. El bloque de Texas tiene claro que su jugador, que ha contribuido a 56,3 puntos por partido de su equipo (a cinco décimas del récord que registró Archibald en el 73), es merecedor de un mítico galardón que se entregará el 26 de junio, en una gala pionera que este año estrena el ente organizador del baloncesto en Estados Unidos. Aunque Westbrook haya aventajado al propio Harden, a Lebron James, a Kawhi Leonard y Curry en puntos, rebotes y asistencias por cada 100 posesiones o en la producción colectiva que compara el rendimiento del ataque y la defensa del equipo cuando están dentro y fuera de la cancha. El caso es que sobreviene lo mejor de un año baloncestístico sin igual (no se había visto en 55 años una dupla de jugadores con más de 2000 puntos, más de 500 rebotes y más de 500 asistencias) en el que, finalmente, Warriors y Cavaliers son favoritos al anillo -aunque los segundos hayan cedido el liderato de su conferencia a los Celtics y los primeros tengan que desplegar todo su sudor, previsiblemente, con los Spurs-.

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