17 de noviembre de 2019, 3:28:31
Opinion

ESCRITO AL RASO


Vampiros del FMI

David Felipe Arranz


El FMI acaba de publicar un librito, Fiscal Politics, que no trata de la politización del Ministerio Fiscal al que se le supone autonomía, sino sobre el impacto que tienen los escenarios políticos en los respectivos déficits, deudas y políticas fiscales de cada cual: lo que la Troika denomina “la disciplina presupuestaria” de los gobiernos, que es como ir de nazarenos a vaciar nuestras alcancías al depósito del tío Gilito, que ha resultado ser Rodrigo Rato, que fue director gerente del FMI –entre otros negocios público-privados, Josemari–. Y Christine Lagarde, la mujer francesa y contemporánea, avisa a Mariano de que cuidado, que no tiene mayoría absoluta en las Cortes, y que todavía España presenta el mayor déficit público de toda la Unión Europea.

La docilidad de las dádivas en los impuestos, dice Cristina, no es suficiente para un gobierno de coalición. En ese sentido, nuestro caso, el de la victoria de los 137 escaños del PP –nada menos que el 33% de los votos–, no puede preocuparle tanto a Cristina, pues en las urnas nos comportamos el año pasado con esa sintonía a la derecha, muy dados a la conserva, a la salmuera y a la inflación del incienso. Es lo que a la Lagarde le parece un gobierno estable, un rodillo, una derecha intemporal llenando toda la ciudad, sus días y sus noches, sus televisiones y sus radios con una mueca festiva. Recordemos que en diciembre del año pasado Lagarde fue hallada culpable por la Corte de Justicia de la República de una negligencia –la indemnización de 404 millones al amigo de ‘Sarko’, el multimillonario Bernard Tapie, dejando al Estado a los pies de los caballos–, patinazo que derivó en malversación de fondos cuando era ministra de Finanzas del pequeño Napoleón. Ahora la “negligente” –según sentencia judicial– pero correcta directora del FMI nos cuenta que nos hemos de inmolar a favor de los partidos tradicionales, porque los que no lo son generan gobiernos débiles y parlamentos fragmentarios. Cristina, a través de su director de Asuntos Fiscales, Vítor Gaspar, ha dicho que cuantas más sensibilidades haya que atender, más difícil se hará la reducción del déficit. Es el de Cristina un mensaje verdaderamente diabólico que se traduce en que cuanta más diversidad haya en el espectro político representado en las cortes, peor le irá a ese Ejecutivo, fiscalmente hablando y en otros ámbitos. Un suponer.

Echen la vista atrás y hagan memoria sobre los antecesores de Lagarde en el cargo: Dominique Strauss-Kahn o DSK para el siglo, ese fenómeno, dicen, dado a batir plusmarcas sexuales; Rodrigo Rato, el hombre que hacía milagros económicos de carácter cleptocrático, y Horst Köhler, el dimisionario presidente federal de Alemania que se pasó de frenada hablando a las claras de que los intereses comerciales justificaban las acciones militares en Afganistán. Todos ellos equívocos guardianes de lo fiscal y del equilibrio presupuestario mundial. Pero tomemos nota de los coautores del informe: junto a Gaspar lo firman en comandita el economista del FMI, Sanjeev Gupta, y un exasesor de la Oficina Económica de Zetapé que ahora “asesora” a la Lagarde –Carlos Mulas, que será por lo bien que lo hizo, otro suponer, y se nos ha vuelto lejano, consejero y afrancesado–. Los tres han creado un teoría, la de la ilusión fiscal –un movimiento pendular en el votante de sobreestimación e infravaloración de sus impuestos–, y que no sabemos si también se refiere a los 458.700 euros divinos e ilusionantes que su jefa se embolsó el pasado año mientras predicaba la moderación salarial del prójimo. Es decir, 38.200 euros al mes. 1.270 euros al día de fondear monetaria e internacionalmente, Cristina. Cuídeme ese cutis. Dese unas cremas, que contar billetes envejece la aureola, por muy parisina y turbadora que fuese antaño, cuando aquellos estofados en París y Marsella. Ay. Luego vino la fase vegetariana. Y la bohemia de buhardilla se hizo entonces pasillo de mármol, anfiteatro internacional y cartera ministerial con Nicolás y François. Ay. Esa forma de la mujer francesa para dar rienda suelta a las ambiciones y arrogancias. Atendía las cosas de mucho dinero, Cristina, hojeando el último ejemplar de Elle a golpe de tarifazo y al grito de “¡Vive la France!”

En España las nóminas no escapan al fisco y Vlad Montoro, príncipe de la Valaquia jienenese, nos subió el IRPF. Cristina es tan insaciable como buena anfitriona y hace saltar a la comba del objetivo de déficit y el recetario austericida a Mariano. Los tres dan mucho miedo porque en sus cenas antropofágicas de Washington dicen que hay candelabros, mucha conversación en spanglish –“Cristina, pass me el aceite, please”– y los comensales se chupan los huesos de los contribuyentes. Tanto cadáver prematuro, amigos, y tanta resignación colectiva entre vuestros asuntos fiscales en nombre de todos.

Lo que tenemos claro algunos es que las políticas públicas se nos han embrujado, que por los techos de gasto y deuda hacen carreras las arañas patilargas cazando moscas y que el Pacto de Estabilidad europeo, ya conocido como el papel mojado de Bruselas, anda en manos de algún ropavejero del Rastro. La tragedia del pueblo, una vez más, objeto de cambalache en la almoneda una mañana de domingo, bajando por Ribera de Curtidores: nada que la Liga y unos buenos gritos de primate no puedan solucionar por la tarde, antes de que las oscuridades de la madrugada vuelvan a traernos de vuelta a los vampiros del FMI.

Twitter: @dfarranz

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