11 de diciembre de 2019, 13:12:31
Opinion

TIRO CON ARCO


Francia vota

Dani Villagrasa Beltrán


En 1789 los franceses se ponen a hacer la revolución, que tardan en digerir más de un siglo: ninguna nación es más consciente de la posición de cada uno en la escala social como la Francia del siglo XIX. Nunca se ha volcado tanta sensibilidad en narrar la desigualdad de los seres humanos, como en el país que proclamó su igualdad. Ni Dickens ni los rusos ni el bueno de Galdós. La sociedad en marcha, donde mejor se entiende, con todas sus pequeñas y grandes envidias, sus miserias, sus anhelos, está en Stendhal, Balzac, Flaubert, Proust.

Por polémico que haya sido un pensador o un artista, Francia usa de su nombre para mayor gloria de sus artes y sus letras. Pero no siempre. En 1894, cien años después de las muertes de Danton y Robespierre, ambos guillotinados, estalla el escándalo Dreyfus y nace el novelista Louis Ferdinand Céline. Con Céline, la orgullosa Francia siempre tiene un problema. Por un lado, se trata de uno de los novelistas más influyentes del siglo XX, y, ahí, bien. Por otro, recuerda una de las etapas más oscuras de la historia reciente del país, la colaboración con el III Reich alemán. Céline, además de un grandísimo escritor, fue pro nazi y colaboracionista con el Gobierno del Mariscal Pétain. Hubo otros, pero lo de Céline sigue siendo motivo de polémica. En 2011 se le quiso hacer un homenaje que finalmente se suspendió a causa de la presión social.

El pasado domingo, Arcadi Espada aludía a los sucesos de Vel d’Hiv y recordaba que tan franceses fueron los héroes de la resistencia como los colaboracionistas que condujeron a los judíos y otros enemigos del Reich –se habla poco de los exiliados españoles- hasta los campos de concentración. Que no hay una Francia supraterrena, como le gustaría a Marine Le Pen, cuando negó la implicación francesa en estos sucesos.

La historia de Francia es mucho más convulsa de lo que suele aparecer en el imaginario colectivo español, que siempre ha tenido una cierta envidia a los vecinos del norte. El balance de la historia francesa suele ser positivo a nuestros ojos, mientras que la propia se entiende en términos catastrofistas. Escribía Jaime Gil de Biedma, tío de la hoy atribulada ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que “de todas las historias de la Historia/la más triste sin duda es la de España/porque termina mal (…)”

Francia vota este domingo en la primera vuelta de las presidenciales y por todas partes se dice que en estas elecciones se decide el futuro de Europa. Nadie sabe cómo terminará esta historia. Ya no quedan mitos para el Continente.
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