16 de noviembre de 2019, 3:21:36
Mundo

RUSIA


Rusia le da la espalda al delfín señalado de Vladimir Putin

B.M.H.

Arrasa en popularidad mientras su mano derecha desciende a los infiernos.


Rusia es un país de contrastes. Potencia mundial y nuclear, la inmensa mayoría de la población vive en precarias situaciones muy bajas. Las grandes fortunas de los oligarcas surgidos tras la caída de la Unión Soviética chocan con millones de pobres que malviven en las grandes urbes del país, desde Moscú o San Petersburgo hasta las lejanas Krasnodar o Novosivirsk.

En este contexto, la fractura política tampoco es ajena a esta lucha de contrastes. Mientras el omnipotente presidente Vladimir Putin cuenta con una popularidad altísima por encima del 70 por ciento entre sus compatriotas, que le ven como el único capaz de hacer frente al "imperialismo" de Estados Unidos y hacer reverdecer los laureles de la URSS anexionándose sin dudarlo Crimea o mantenerse firme en su postura en Siria.

Sin embargo, no se puede decir lo mismo de su mano derecha y delfín ocasional, Dimitri Medvedev. Acosado por numerosos escándalos de corrupción aireados por la oposición, el primer ministro ruso apenas cuenta con una aprobación popular del 3 por ciento.

A pesar de haberse mantenido firme al lado de Putin durante la última década, en la que incluso llegó a intercambiarse el puesto para burlar la ley rusa que no permite encadenar más de dos mandatos presidenciales sucesivos, Medvedev es visto con recelo por el 45 por ciento de sus compatriotas, que ven en su figura a un político que se ha aprovechado del poder que ha ostentado en los últimos años para llenarse los bolsillos al tiempo que la mayoría de los rusos se empobrecía.

Desde el partido de Putin y Medvedev se resta importancia a estos porcentajes, que achacan a una venganza política por parte de la oposición, y restan importancia a las denuncias.

A pesar de que hace pocos días realizó un grandilocuente discurso ante la Duma en la que destacaba la recuperación de la economía rusa y el estoicismo del Kremlin ante las sanciones internacionales tras la crisis de Ucrania, Medvedev sigue sin calar entre la sociedad.

Él se resiste a dimitir sabedor de que sólo perdiendo la confianza del verdadero zar de Rusia, Putin, rodará su cabeza política. Mientras tanto, arrecian las críticas y cada semana surge un escándalo nuevo.

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