19 de noviembre de 2019, 14:36:58
Deportes

EL ZURDO LEGENDARIO SE IMPUSO A THIEM EN DOS SETS (6-4 Y 6-1)


Rafael Nadal gana su décimo Godó: vuelve el rey de la tierra

Diego García

El jugador español ganó sin sufrimiento para disparar su candidatura en Roland Garros y seguir dibujando su renacimiento en este 2017.


Sólo tres partidos había perdido Rafael Nadal en el Barcelona Open Banc Sabadell-Trofeo Conde de Godó. Este domingo se disponía el jugador español a revalidar el título alzado en el pasado curso ante Nishikori y, de paso, hacer historia con su décimo trofeo en el campeonato y lugar (Real Club de Tenis de Barcelona) que le ha visto crecer hasta la leyenda. Además, el manacorí, que llegaba a la final de este domingo con el triunfo en el Masters de Montecarlo y habiendo accedido a cinco finales (destacando la del Abierto de Australia y la de Miami), contemplaba este envite de altura como el examen que calibrara la reconquista del estatus que apunta hacia el objetivo prioritario de su estudiada planificación del calendario: Roland Garros.

Dominic Thiem, jugador austriaco de 23 años, quinto cabeza de serie, noveno jugador del ranking ATP y especialista en la arcilla, era el nombre que se interponía en la voluntad ganadora del balear. "Voy a tener que jugar mi mejor tenis porque no es una sorpresa que él esté en la final. Es uno de los mejores tenistas del mundo y su superficie favorita es la tierra batida", vaticinaba Rafael en la previa sobre el rival de mayor nivel al que se ha enfrentado en la senda del torneo catalán. No obstante, la perla centroeuropea venía de fundir a Andy Murray en semifinales (6-2, 3-6 y 6-4) y de ganar en Río de Janeiro. Thiem también estaba gozando de un año dulce y se presentaba en la pista que lleva el nombre de su oponente evidenciando la ilusión y el hambre que pauta su edad: "Será un honor jugar contra él. Para mí va a ser muy positivo enfrentarme dos veces seguidas a dos de los mejores de la historia".

Alzó el telón el español de la tensa final bajo la amenaza del poderío físico-técnico de su rival y de las condiciones atmosféricas. Este parámetro ya había obligado al tenista local a cambiar su estilo en duelos precedentes y a punto estuvo de darle un susto en el nervioso punto inicial. El viento cambiante forzó a Nadal a levantar una bola de break a las primeras de cambio. Superó el reto precoz en base a su cálculo depurado de riesgos y el partido fue desnudando su esencia de tierra, con peloteos intensos y sublimados. Intercaló Rafael la exigencia desde el fondo de la pista con subidas a la red, en el matiz agresivo que ha aplicado a su estilo en esta temporada, pero Thiem recalcó su consistencia en el mejor punto del torneo, acontecido con 2-2 en el marcador. La igualdad era palmaria y, aunque Nadal subió sus revoluciones para asumir la iniciativa, Dominic subrayó que había que rematar los puntos varias veces antes de cantarlos (conjugó el visitante las dos primeras pelotas de ruptura favorables al español con 3-2).

La fuerza del drive y la estrategia en el saque de Thiem estrujarían la táctica variopinta implementada por Nadal (restos largos para neutralizar el devenir tras saque, búsqueda del revés y ruptura del ritmo con dejadas sedosas). En el ecuador del set inicial navegaban ambos en un intercambio de defensas sólidas y ambiciosos winners que acortaban la duración de los puntos. El primer juego en blanco caería del lado español, cuando los servicios certeros aceleraban el set hacia un epílogo ajustado (5-4). Pero la excelsa ejecución de resistencia de Nadal filtró dudas a su contrincante y Dominic empezaría a fallar en su arriesgada estrategia. Las imprecisiones le penalizarían y entregarían el set (6-4) al balear.

Se desplegaba, entonces, una prueba mental para el joven aspirante. Nadal le estaba buscando las cosquillas hacia su revés a una mano (y con viento) y su rendimiento se estaba desnivelando. Presa de la incomodidad, había cedido la iniciativa y cuando la quiso poseerla ya no conectaba con las líneas. Le urgía una reacción fría pero los ángulos encontrados no caían dentro de los límites de la pista. Tras batallar pero perder el juego inicial de gran peso psicológico (40-30 ganó Rafael), Thiem pretendió abrazar su servicio y recobrar el drive para responder al desafío, pero la defensa del manacorí minaba su seguridad. Alcanzaría a salvar tres bolas de break en su primer saque (la red le ayudó en una dejada del jugador local) y tomó oxígeno para escapar de la encerrona psicológica (1-1).

Sin embargo, la lucha por pegar de derechas y hacer cortos los puntos (de Thiem) frente a los peloteos largos y variados (que dictaba Nadal) se estaba decantando en favor del español. Thiem no ajustó para contravenir el continuo repiqueteo hacia su revés y patrocinó uno de los mejores puntos de Rafael: defensa agónica, carrera desesperada y latigazo a la esquina. Esa pintura significó el segundo break del encuentro y allanó el terreno para el manacorí (1-3). La trayectoria de la bola del español no era tan plana como la de Murray y el austriaco se desinflaría entre lanzamientos desatinados. Con la confirmación de la ruptura en el set y un 4-1 en el marcador sobrevenía el desenlace de una final descantada por la jerarquía y sabiduría estratégica del veterano. La impotencia capturó a Dominic, que se salió de eje mentalmente, regaló su saque en blanco y certificó la gesta del balear. Hora y media duró el esfuerzo virado en exhibición. Su intensidad desbordó al púgil centroeuropeo y autografió su favoritismo con una clase y solvencia ilusionantes.

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