21 de noviembre de 2019, 14:53:04
Opinion

POR LIBRE


La III Guerra Mundial estalla en Internet

Joaquín Vila


El genial físico teórico Stephen Hawking, que se asomó al origen del Universo con su teoría del Big bang, escribía hace poco que para sobrevivir, la Humanidad tendría que colonizar otros planetas en cien años, antes de que se extinga la Tierra.

Las teorías del astrofísico británico sobre el Apocalipsis son varias: la guerra nuclear, el calentamiento global, los virus genéticamente modificados, la inteligencia artificial, el impacto de un meteorito sobre la Tierra, la voracidad de los agujeros negros, el choque de la Vía Láctea con Andrómeda, la galaxia más cercana, lo que está previsto que ocurra dentro de unos 4.000 millones de años o la desintegración del sol.

Pero de todos ellos, a Hawking le preocupan, en especial, por ser los más inminentes, la inteligencia artificial y la biología genética. Según él, las armas nucleares necesitan grandes instalaciones, grandes presupuestos, pero la ingeniería genética puede hacerse en un pequeño laboratorio. Y el peligro viene de que, por accidente o por el diseño de un asesino de masas, se fabrique un virus que nos destruya; una epidemia que arrase la vida humana.

La inteligencia artificial, para Hawking, supondría el acontecimiento más grande de la Historia de la Humanidad, pero también podría ser el último “a menos que aprendamos a evitar los riesgos”.

Se le olvida al cosmólogo el peligro de Internet, otro gran invento, que además de haber transformado la vida en la Tierra en apenas unas décadas contiene un arma letal. Y la primera, quizás una simple prueba, se acaba de disparar. El viernes, se produjo hasta en 100 países un ciberataque sin precedentes. Un virus secuestró cientos de miles de ordenadores y servidores en todo el mundo, llamado WannaCry, un código que "encripta" todos los archivos. Solo en España, la amenaza ha atacado, entre otras Instituciones, a Telefónica, Iberdrola, Gas Natural o BBVA. En Gran Bretaña, han sido golpeados varios hospitales; en Rusia, la red de ferrocarriles y algunos Bancos; en Francia, Renault; en Alemania...

Grandes empresas en todo el mundo, en especial Bancos, industrias energéticas, hospitales, medios de comunicación (como El Imparcial), dependencias policiales, redes ferroviarias y usuarios recibieron el brutal impacto quedándose bloqueados por unas horas o dañados sin remedio. El veneno infectó primero algunas instituciones españolas, alcanzando en cuestión de minutos a Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Italia, Francia, Canadá, Japón...; esto es, a los grandes países de Europa, Asia y América. Se han detectado unas 75.000 incidencias. El mayor ciberataque registrado en la seguridad mundial. Para algunos, un ensayo de la III Guerra Mundial.

Y es que la Humanidad, el entero funcionamiento del mundo depende hoy de Internet, de la invisible e infinita red que nos comunica a una velocidad de vértigo de un punto a otro de la Tierra. Pero sin esa malla, si alguien es capaz de agujerearla, la vida podría desaparecer. La economía se desplomaría, el transporte se paralizaría, la energía dejaría de fluir, las industrias colapsarían, la comunicación se atascaría... Nuestro planeta sufriría un efecto devastador; tal vez, definitivo.

Los expertos ya han advertido del inminente incremento de este tipo de ataques, que, además, cada vez son más sofisticados. Y a nadie se le escapa que los terroristas, Daesh y sus siniestros tentáculos, ya preparan un gran golpe a escala mundial. De hecho, aunque el ataque del viernes se atribuye a meros delincuentes, muchos analistas no descartan que hayan podido perpetrarlo los yihadistas, a modo de ensayo.

Sea como fuere, el gran invento de Internet, la herramienta que ha transformado por entero la vida de la Humanidad, que ha mejorado la productividad, la comunicación, el flujo de la energía y tantas otras cosas, esconde un arma letal, silenciosa, invisible e imprevista. Una nueva bomba, capaz de provocar la III Guerra Mundial, pues adelgaza cual humo colándose por la infinita malla de la red con una potencia tan devastadora que podría provocar el mayor cataclismo de la Historia. Quizás ya es tarde para escapar de este mundo embarcándose en la imaginaria arca de Noé de Stephen Hawking.

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