13 de noviembre de 2019, 18:34:27
Mundo


La soberbia de Trump y la paz (¿posible?) en Oriente Medio

Rubén Pérez

¿Se acerca EEUU a una solución en la zona? Por Rubén Pérez


Tras recibir al líder palestino Mahmud Abbas en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump, realizó unas polémicas declaraciones en las que se mostró convencido de poder lograr una resolución del conflicto. Estas palabras, profundamente llamativas si tenemos en cuenta que desde 1948 se ha venido produciendo el enfrentamiento entre ambas partes, suponen el estreno de Trump en el proceso de paz en Oriente Medio. Una cuestión ya clásica de la política exterior de EEUU.

Para el analista de política internacional y profesor de la Universidad Pontificia de Comillas ICADE, Pedro Rodríguez, las palabras del 45º Presidente de EEUU, son fruto de la “soberbia que le caracteriza”. La profesora de política internacional de la Universidad Europea de Madrid, Alana Moceri, añade al respecto que estas declaraciones acreditan que “Trump no sabe legislar” y que tiene una “política exterior improvisada”.

Vinculación con Israel

Desde la declaración de independencia del país hebreo en 1948, las relaciones con EEUU han sido muy intensas. La gran potencia ha actuado, en palabras del profesor Rodríguez, como “el gran valedor de Israel” desde los tiempos de Truman. Señala como prueba de esto que la Casa Blanca ha hecho uso en numerosas ocasiones, principalmente desde los años 70, del poder de veto para tumbar en el Consejo de Seguridad de la ONU iniciativas diplomáticas contra el gobierno de Tel Aviv.

Para el jefe de asuntos internacionales de la Fundación FAES, José Herrera, la razón de esta importante alianza reside en que “Israel es una pieza clave en la región, pues es la única democracia en Oriente Medio homologable a Occidente”.

Así mismo, señala que para la clase política norteamericana esta es una cuestión primordial y la influencia del lobby judío en Washington es muy importante, sobre todo para el Partido Demócrata.

Predecesores de Trump

Por su parte, el doctor en Ciencias Políticas de la UCM, David García Cantalapiedra, recalca de entre todos los presidentes norteamericanos el papel desempeñado por Carter y Clinton. El primero auspició en 1979 los históricos Acuerdos de Camp David en 1979. Dicha firma supuso la paz entre israelíes y egipcios, otro actor determinante en este conflicto. A cambio del reconocimiento de la existencia de Israel por parte de Egipto, se devolvían al país africano los territorios ocupados en la Península del Sinaí, que el ejército hebreo había tomado en la Guerra de los Seis Días en 1967.

Este histórico acuerdo permitió también la desmilitarización de la zona fronteriza y la interposición de una misión internacional de observación. Sin embargo, aquel tratado que les valió a los líderes de ambos países el Premio Nobel de la Paz, tuvo una acogida muy hostil en sectores radicales del mundo árabe. Finalmente Anwar el Sadat sería asesinado en 1980.

No sería hasta 1991 cuando se produjera otra oportunidad histórica para la resolución del conflicto. La Cumbre de Madrid acogió a representaciones de todas las partes por primera vez. El evento organizado por el Rey don Juan Carlos y por el presidente Felipe González, a petición de George Bush y Mijail Gorvachov, despertó una nueva esperanza.

Posteriormente se logró la firma de los famosos Acuerdos de Oslo, por los que se establecía la creación de la Autoridad Nacional Palestina, y se avanzaba en la autonomía de Gaza y Cisjordania. Desgraciadamente, algunos aspectos claves en la disputa como el statu quo de Jerusalén, el regreso de los exiliados, los asentamientos de colonos israelíes y la falta de seguridad hicieron imposible la consecución definitiva.

No obstante, según el profesor Cantalapiedra el momento decisivo fue el de la cumbre organizada por el presidente Bill Clinton en 2000. Las negociaciones fueron muy intensas pero finalmente desembocaron en fracaso. Y desde entonces ni Bush con la Cumbre de Annapólis en 2007, ni Obama con su recepción de líderes árabes en 2010 consiguieron ningún avance.

Por el contrario para el analista de FAES no se puede decir que ningún inquilino de la Casa Blanca haya logrado un éxito diplomático sino más bien “éxitos mediáticos”. Herrera critica que se haya preferido en muchas ocasiones “la foto frente al fondo” en los procesos negociadores, y se muestra escéptico frente al futuro: “Es inviable pensar en la paz si no se reconoce realmente por parte de Palestina el derecho a existir de Israel”. Añade que “hasta entonces poco puede hacer EEUU”.

La cuestión de la embajada

Actualmente la legación diplomática estadounidense ante Israel tiene su sede en Tel Aviv, no en Jerusalén, ciudad disputada que Israel considera como su legítima capital. El hecho de trasladar la sede supondría un gesto diplomático de gran envergadura. Esta demostración de intenciones fue mencionada por Trump y por el vicepresidente, Mike Pence, en diversas ocasiones a lo largo de la campaña. De llevarse a cabo esta decisión la irritación por parte de Palestina sería notable.

José Herrera explica que para esta cuestión “no hay consenso ni entre los republicanos ni entre los demócratas, y tampoco en la propia clase política de Israel en la que la capitalidad de Jerusalén es un tema de debate”. Además este hecho “no sería bien acogido en la Comunidad Internacional”.

Por su parte Cantalapiedra incide en que este gesto vendría a confirmar que para la nueva administración “hay un cambio en las reglas del juego”. Trump quiere distanciarse de sus predecesores y muy especialmente de Obama, por lo que el nuevo gabinete dispone de "soluciones diferentes”. Sin embargo de momento los movimientos “han sido ambiguos”.

Dos estados

Cabe destacar que otra postura que se ha mantenido invariable a lo largo de los años es la de la solución a la disputa mediante el establecimiento de dos estados. Esto, según el analista de ICAD , es el único plan que genera “consenso en Washington”.

Pero Donald Trump ha dicho sobre este dogma que no tiene una posición rígida. Es decir, que respetará lo que establezcan las partes sin considerar a los dos estados como la única opción posible.

Obama y Netanyahu

Durante la Administración Obama las relaciones entre ambas naciones sufrieron un deterioro. La falta de química entre el presidente norteamericano y el primer ministro israelí, y la crítica del primero a la política de asentamientos deterioraron las relaciones bilaterales.

Pese a esto, no hubo obstáculo para que Obama impulsara el mayor acuerdo de asistencia militar a Israel de la Historia. Por un importe de 38.000 millones de dólares, el programa de asistencia garantizará la superioridad militar del país hebreo durante la próxima década fortaleciendo así a su mayor aliado en la región.

Ahora las relaciones pueden mejorar. En declaraciones a El Imparcial el profesor Cantalapiedra indicó que “si alguien puede abrir una línea de diálogo con sectores más ortodoxos de Israel ese es el yerno del presidente y asesor suyo, Jared Kushner".

¿Un nuevo tiempo?

¿Se puede por tanto abrir un nuevo tiempo para el proceso de paz? Cantalapiedra subraya que se ha demostrado con el amago de reconocer Taiwán por parte de Trump” que existe una clara disposición por parte de este nuevo gobierno a hacer variaciones muy notables en la tradicional política exterior norteamericana. Este y el caso de la repuesta a Corea del Norte, mucho más contundente que en ocasiones anteriores, representan que esta Casa Blanca puede abrir nuevas vías.

Por otro lado, añade , hay circunstancias nuevas que podrían afectar positivamente a las posibilidades de éxito diplomático: la sintonía estratégica entre Arabia Saudí e Israel frente a Irán, su enemigo común; los contactos entre Netanyahu y Putin a raíz de la situación de Siria, y el grado de apoyo internacional a Palestina que no comprendería posiciones más hostiles por parte de la ANP.

Sólo el tiempo dirá si el camino a la paz está más cerca.
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