25 de agosto de 2019, 13:54:55
Cultura

TOROS


Feria de San Isidro. Gonzalo Caballero 'salva' una tarde para olvidar en Las Ventas

Efe

Las agallas, la entrega y la buena espada del joven diestro Gonzalo Caballero, que dio la única vuelta al ruedo sin trofeo de la tarde, se impusieron este lunes al "petardo" ganadero de José Luis Pereda, que echó un encierro impropio de la categoría de la plaza de Madrid, además de muy deslucido.


Una corrida horrenda, no, lo siguiente. Un zoológico en toda regla de un hierro, el de José Luis Pereda, en irrefrenable decadencia en las últimas temporadas. Lo peor es que se veía venir, de ahí la pregunta ¿A qué viene traerla ahora en San Isidro? ¿Abaratar costes? ¿Favores comerciales? Por ahí andarán los tiros.

Para empezar, y como está siendo habitual en esta feria, disparidad de edades, con tres cinqueños, un cuatreño y dos camino de los seis años, y, en consecuencia, todo tipo también de hechuras y remates, desde las dos "birrias" que conformaron el lote de Fandiño al elefante con cuernos que hizo sexto.

Un arca de Noé al servicio del espectáculo en la primera plaza del mundo, que, por si fuera poco, ofreció un juego de lo más deslucido con el denominador común de la falta de clase. Los hubo inválidos, otros sin raza y/o casta, y otros porque más que embestir parecían que buscaban achicar balones a la salida de un córner por la violencia con la que soltaban la cara.

Uno de esos fue el sexto, un mastodonte totalmente fuera de tipo que, además de acometer con muchísimo genio, le puso los pitones en las sienes de Caballero en más de una ocasión. Un trago de aúpa. Lo bueno del joven madrileño fue que, aún con muy pocos contratos en sus espaldas, anduvo muy entregado, sin volver la cara a la adversidad, y nunca mejor dicho.

No hubo lucimiento, porque fue imposible con semejante "regalo", pero sí mucho corazón, amén del espadazo que recetó para quitárselo del medio, precedida, eso sí, de un golpe de verduguillo. La vuelta al ruedo que dio fue premio a lo mucho que tragó el de Torrejón de Ardoz.

Y si esta estocada fue buena, la que agarró para finiquitar al primero de su lote fue, sin duda, la mejor de lo que va de feria por lo recto que se tiró, lo despacio que hizo la suerte y la soberbia colocación del acero. Arriba. En la misma yema. Y el toro, sin puntilla en cuestión de escasos segundos.

Luego la faena a este tercero de corrida, mansurrón y con tendencia a desentenderse ya en el segundo muletazo, no fue nada del otro mundo. Hubo alguna "cosita" templada, de buen aire incluso, y poco más, quede dicho que por falta de enemigo.

No hubo tampoco mucho más que contar en la tarde. Fandiño no pasó de voluntarioso con dos "birrias" de ¿toros? que, además de lucir una apariencia de reses de talanqueras, no se prestaron lo más mínimo. Uno, el segundo, por faltarle clase y recorrido; y otro, el quinto, por violento y tremendamente deslucido.

Y algo parecido le ocurrió a Morenito, que se estrelló de bruces con el inválido "parte plaza", y no se entendió con el noble e insulso cuarto, que ni humilló ni acabó de pasar. Un matrimonio mal avenido, como dijo acertadamente un vecino del palco de al lado.
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