5 de diciembre de 2019, 19:35:04
Opinion

EPPUR SI MUOVE


Orgullo y Navidad

Antonio Hualde


Madrid es arcoiris. En esta edición del Orgullo LGTB se batirán records de asistencia, y Chueca es estos días un hervidero donde se darán cita casi dos millones de personas venidas de medio mundo. Hay todo un mechandasing en torno al Orgullo; por lo demás, una jugosa oportunidad de negocio. Sin embargo, eso no gusta a todos. Colectivos gays y lésbicos vienen quejándose desde hace tiempo de la excesiva mercantilización de un evento que ellos siguen considerando más reivindicativo que festivo. Fiesta hay, y mucha. También mucho desparrame, y abundan las provocaciones públicas, que coparán portadas y abrirán informativos. Si el Orgullo quería conseguir visibilidad, lo ha logrado con creces. Llama la atención la carrera emprendida por Manuela Carmena y Cristina Cifuentes por ver quién es más gay friendly de las dos, a tenor del pomposo y carísimo despliegue de banderas, pancartas, escenarios y cortes de tráfico. Y luego no dejan poner un Belén por Navidad en la Puerta de Alcalá…

Mucho ha llovido desde los disturbios de Stonewall, en 1969, que dieron lugar a las primeras marchas de apoyo a gays y lesbianas. Stonewall Inn era un pub ubicado en el Village neoyorquino frecuentado por gays y transexuales principalmente. Entonces, las redadas policiales “poco delicadas” en los bares de ambiente estadounidenses estaban a la orden del día. Pero la madrugada del 28 de junio a la policía de Nueva York se le fue la mano. A raíz de ello, el colectivo gay empezó a organizarse…y hasta hoy. La bandera arcoiris fue obra de Gilbert Baker, un diseñador de San Francisco, ciudad donde lució por primera vez en 1978.

El artículo 14 de la Constitución Española dispone que nadie podrá ser discriminado por razón de sexo, religión u opinión; en parte, es esto lo que se reivindica en el Orgullo. Como católico, sé que Dios no hace distinciones entre sus hijos; los quiere y valora a todos por igual con independencia de su orientación sexual. La Iglesia de hoy acoge, acompaña y aprecia a todos, incluso a los que nos atacan por profesar nuestra fe.

Colectivos de gays y lesbianas aseguran que una de cada diez personas es homosexual. El dato en sí carece de todo rigor científico, aunque lo cierto es que muchos hacen bandera de semejante sofisma. Insisto, muchas me parece pero, en todo caso, merecen el mismo respeto que las que no lo son. Por todo ello, asumo que la enseña arcoiris ondee en dependencias municipales y autonómicas durante la semana del Orgullo. Obvio las muestras públicas en contra de la Iglesia porque ofende quien puede, no quien quiere, y aquellos que hacen apología de la aberración se retratan a sí mismos.

Ahora bien, en base a ese mismo argumento reclamo que la bandera de los cristianos de Irak, la “N” de nazareno en caracteres árabes cuelgue también en el balcón del Ayuntamiento durante la próxima Navidad. Según el CIS -dato de 2012-, el 73,4 % de los españoles se declara católico. El Estado Islámico -IS- obliga a los cristianos de Irak y Siria a identificar así sus casas, como ya hicieran los nazis con las estrella de David para los judíos. A la vista está lo que hace hoy el terrorismo islámico con los cristianos…y con los homosexuales. Los gays de países con mayoría cristiana viven bastante mejor que los que lo hacen en entornos musulmanes. Poner en edificios públicos esta bandera equivaldría a decir alto y claro que se está contra el exterminio de los que piensan, creen o actúan “diferente”. Si una causa es legítima, la otra también.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es