18 de octubre de 2019, 17:54:26
Cultura

EXPOSICIÓN


Crítica. El Renacimiento en Venecia: el triunfo del color y el ocaso del clasicismo

Elena Viñas

El Museo Thyssen reúne 89 obras de Tiziano, Veronés o Tintoretto.


El Museo Thyssen expone hasta el 24 de septiembre una selección de obra veneciana del Renacimiento, un periodo vinculado por defecto a las aportaciones artísticas de Roma y Florencia. Si bien, el manejo del color y de la pincelada veneciana fueron dos contribuciones capitales de las que Tiziano fue su gran embajador.

Junto a Tiziano, Giorgione o Bassano, una generación de pintores venecianos sentaron las bases de la modernidad "sacando a la pintura de sus funciones esencialmente religiosas y culturales para llevarla a terrenos más puramente estéticos y específicamente artísticos", dice Fernando Checa, comisario de la exposición.

Una vista de Venecia de 1500, de Barbari, da comienzo a un recorrido en el que el retrato es uno de los grandes protagonistas atendiendo a que este género pictórico fue una marca de identidad de la pintura veneciana, igual que lo serían las vedute en el siglo XVIII.

Además de por su manejo del retrato, que fue ganando en profundidad psicológica y simbología del poder - como el retrato de Francesco Maria della Rovere de Tiziano-, los pintores del Renacimiento en Venecia se distinguieron de los de la llamada escuela toscana, encabezada por Rafael y Miguel Ángel, por su dominio del color y de los valores sensuales de la pintura.

Fue el comienzo de una ardua disputa entre color y dibujo que duró dos siglos y que alcanzó a artistas como Rubens, Poussin, Ingres o Delacroix. Uno de sus instigadores fue Giorgio Vasari, quien en su libro Las Vidas, el primer volumen del género enciclopédico de biografías, excluyó toda referencia a los pintores venecianos en un gesto tachado de desprecio hacia sus creaciones que pronto, sin embargo, fue enmendado por el también pintor en una edición posterior.

¿La razón? Según Vasari, los pintores venecianos descuidaban el dibujo al pintar directamente sobre la tela sin preparar, lo que conllevaba una mera imitación de la naturaleza. Los artistas de la escuela toscana, por su parte, eran capaces de corregir las imperfecciones de la naturaleza y de crear, gracias al dibujo, una manera noble e ideal.

La mujer, la mitología y el desnudo permitió a los artistas ahondar en la sensualidad y la belleza, dos conceptos asociados a la pintura veneciana, como demuestran obras reunidas de la importancia de El rapto de Europa y Venus y Adonis, de Veronés, procedentes del Palazzo Ducale de Venecia y el Museo del Prado, respectivamente.

Al igual que ocurría en Roma y Florencia, la devoción religiosa seguía siendo motivo de numerosos encargos. Es el caso de las tres Magdalenas de Tiziano, entre ellas la conservada en El Hermitage de San Petersburgo y a la que, cuenta la leyenda, el artista murió abrazado.

Temas como la naturaleza, la música, el poder o la naturaleza también están presentes en la muestra en obras firmadas por Tintoretto, Bellini o Lotto, entre otros. Pero atrapa especialmente la atención la sala dedicada al ocaso del Renacimiento, al último suspiro del renacer clasicista; al que corresponde la obra tardía de estos maestros venecianos, cuya pincelada suelta - calificada como pintura de borrones - dinamitó el monopolio del dibujo dando paso a obras de mayor expresividad que iban a encontrar su momento cumbre en la pintura emotiva y dramática del Barroco.

Exponente de ese dramatismo incipiente es el Cristo crucificado de Tiziano con el que termina la exposición. El lienzo traído de la colección de El Escorial es un ejemplo de lo que el Thyssen llama 'destrucción de la pintura' pues sirve para comprobar la evolución de la pintura del maestro veneciano desde sus propuestas de gran viveza y colorido hasta su obra tardía dominada por el claroscuro y la pincelada suelta.

Como Tiziano, Veronés experimentó el mismo proceso como así puede comprobarse en su Judith y Holofernes, en la que la penumbra domina la escena como también lo hace en La deposición de Cristo de Bassano, quien recurre a una vela en el espacio central como haría más tarde el francés Georges de la Tour.

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