27 de septiembre de 2021, 15:41:01
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Trump elige como su nuevo jefe de gabinete a un general

M. Jones

El magnate sigue su guerra por desembarazarse de barones del Partido Republicano. Por M. Jones


Hace una semana que Donald Trump tomó una decisión interna trascendental en su mandato: cambió de director de comunicación de la Casa Blanca. El nombramiento del volcánico Anthony Scaramucci en ese cargo ha detonado una guerra endógena de poder en la que el magnate parece sentirse plácido, pues los que batallan lo hacen por mostrar adhesión a su liderazgo. Lo ocurrido este viernes redunda en esa apariencia.

Todavía colea el aviso a navegantes ejecutado por el jefe del Ejecutivo cuando arrancó una campaña pública de descrédito y descalificación contra Jeff Sessions, su fiscal general. El dirigente que afirmó sentirse "acosado", sabe lo que es salirse de la senda del multimillonario, y es que su decisión de salirse de la investigación sobre las posibles injerencias rusas en favor de los Trump durante las presidenciales no han sentado nada bien la cabeza de la manada y así lo ha demostrado. Con total virulencia. Hasta casi forzar a dimitir al fiscal general.

En este caso, la noticia ha saltado con el nombramiento del general John Kelly como su nuevo jefe de gabinete. "Me satisface informar de que acabo de nombrar al general/secretario de Seguridad Nacional John Kelly como nuevo jefe de gabinete", proclamó Trump en Twitter. El presidente se mostró emocionado por la elección de su nueva mano derecha porque "¡Juntos logramos muchas cosas y estoy orgulloso él!".

"Es un gran líder y un gran estadounidense, una verdadera estrella de mi Gobierno y ha hecho un trabajo espectacular al frente del Departamento de Seguridad Nacional", destacó el mandatario estadounidense sobre el general que viene a sustituir a Reince Priebus, víctima de una ácida crítica prolongada y efectuada por el mencionado recién designado como director de comunicaciones de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci.

Según los diarios locales, Priebus no habría aguantado la presión a la que sí ha sabido hacer frente Tillerson y presentó su dimisión hace días. Tampoco supo aguantar la abrasiva dialéctiva de Trump el ex portavoz presidencial Sean Spicer. Este último renunció hace una semana y, de este modo, el magnate completa una remodelación crucial en el seno de su equipo de trabajo, con tan sólo seis meses de mandato.

Lo que se trasluce de todo ello es que Donald senior no gusta de tener controles ni amarres por parte de su partido. Tanto Priebus como Spicer son parte esencial del aparato del Partido Republicano y con estas modificaciones fugaces ha logrado desembarazarse de vacas sagradas de su formación con elementos no adscritos especialmente a lo político -Scaramucci no tiene experiencia en dicha esfera, lo que es considerado como un a ventaja por su jefe-.

Scaramucci llegó a su cargo gritando rebeldía. No obstante, amenazó con despedir a todo aquel que filtre información a la prensa y no tardó en centrarse en Reince Priebus, al que acusó de ser el topo del equipo. "Es un puto paranoico esquizofrénico", llegó a decir el elegido por Trump para cohesionar, a su medida, su capital humano. "Si Reince quiere explicar que no está filtrando información, que lo haga él", declaró el nuevo gestor de comunicaciones de la Casa Blanca antes de ponerle a los pies de los caballos con la siguiente maniobra: publicó en Twitter que "a la luz de la filtración de la información de mi formulario financiero, que es un delito grave, voy a contactar al FBI y el Departamento de Justicia", etiquetando a Priebus.

Su lenguaje, por otra parte, se alinea a la perfección con su perfil de financiero de Wall Street y con el ataque a lo politicamente correcto que tanto predica Trump. En una llamada telefónica a Ryan Lizza, un periodista de la revista The New Yorker, Scaramucci aludió de manera ofensiva a Steve Bannon, estratega jefe del presidente. "No soy como Steve Bannon, no estoy tratando de chupármela a mí mismo", declaró.

Por último, la nueva portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, discutió la opinión del jefe de los republicanos en el Congreso -abogaba por moderarse a Scaramucci y por llegar a un entendimiento entre los miembros que circundan al presidente- y declaró que "al presidente le gusta la competición sana (dentro de su equipo), y considera que esto lo es". "Esta es una Casa Blanca con muchas perspectivas diferentes. No siempre están de acuerdo (...) pero con ese tipo de competición, normalmente se consiguen los mejores resultados", zanjó Sanders.

Sea como fuere, Trump sigue cincelando su entorno a imagen y semejanza de la filosofía empresarial que está tratando de trasladar a la gestión de un país. Y el resultado es nítido con respecto a la competitividad extrema generada la Casa Blanca durante los seis primeros meses, con constantes filtraciones entre facciones. Lo que no queda tan claro es qué tipo de consecuencias sobrevendrán con respecto a la administración de la nación.

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