20 de noviembre de 2019, 8:00:32
Cultura

PINTURA


Exposición de Eduardo Honrubia en Albacete: “Arquitecturas del Paisaje”


Por Isabel Cantos.


Este verano el pintor manchego Eduardo Honrubia expone en Albacete su última obra gráfica “Arquitecturas del Paisaje”, en donde se aprecia un claro contraste con su obra anterior. La exposición comenzó el pasado 10 de agosto y permanecerá hasta el próximo 6 de septiembre en Librería Popular.

Eduardo Honrubia expone estos días en la ciudad de Albacete el resultado de su último trabajo, en el que ha experimentado –según sus propias palabras- un giro al estructuralismo. “Esta exposición era necesaria porque tenía un conjunto de obra que había que exponer por una razón: hay un cambio tan fuerte dentro de lo que he hecho, aunque el hilo conductor de mi obra sea el mismo, que quiero darlo a conocer”. Cuando oigo esta frase me digo que posiblemente esta sea una de las facetas que distinga a un artista: la convicción de que su obra debe ser conocida.

Honrubia es un pintor con espíritu humanista, que lamenta que la excesiva especialización, necesaria hoy para el éxito, casi haya acabado con la posibilidad de que la humanidad vuelva a engendrar a otros hermanos Van Eyck, a otro Miguel Ángel o a otro Leonardo.

Abogado de éxito hasta hace unos diez años, un buen día este albaceteño decidió “colgar la toga” y dedicarse de lleno a su pasión, la pintura -pasión que había nacido en el hogar, dado que su padre y sus hermanos también la practicaban-, en el ejercicio de una necesaria, y posiblemente definitiva, opción vital. “En realidad siempre quise ser arquitecto, pero las circunstancias de la vida me llevaron por la vía jurídica”. Al oír esto recuerdo que la profesión de abogado tiene una rancia raigambre en Albacete, en parte por estar en Albacete la sede del Tribunal Superior de Justicia de la región manchega.

Lo cierto es que la vocación confesada de Honrubia por la arquitectura está muy presente en su última exposición, de acrílicos sobre tela, titulada “Arquitectura del Paisaje”, en donde el albaceteño ha sabido conjugar, y de qué manera, sus dos grandes pasiones: la pintura y la arquitectura. Observo su obra –un pequeño reportaje publicado en un periódico local me ha convocado, en un impulso subconsciente, a la librería que alberga su exposición; a la media hora estoy ojeando libros, pero con la firme disposición de conocer a este artista y su obra-. En efecto, lo que veo son como “edificios de paisajes”, donde parcelas de labor recién labradas y lunares verdes indicando la presencia de encinas (por esta tierra las denominan carrascas, independientemente de su tamaño) conviven en una sabia combinación de abstracción y figuración. Le pregunto quién considera que es su alma mater. Pero, dado que Honrubia está ocupado atendiendo al público que ha acudido a la exposición y esta pregunta requiere –me dice- una respuesta amplia, le propongo realizar una entrevista fuera de la exposición en los próximos días. El pintor accede.


Paisaje, perteneciente a “Arquitecturas del Paisaje”


Cuatro días después me encuentro en el estudio del pintor, situado en el primer piso de un edificio de los años setenta de la Collado Piña de Albacete. Me llaman la atención los dos luminosos patios encalados situados en los dos extremos de la vivienda: el primero, al que se accede, nada más entrar, por su antiguo despacho de abogado, está repleto de tiestos de Pilistra, esa planta originaria del extremo Oriente y tan habitual en iglesias y conventos españoles.

El segundo se encuentra al final de la casa y da luz al estudio del pintor, que está ubicado al fondo de un larguísimo pasillo que Honrubia utiliza como sala de exposiciones improvisada de aquellas obras de las que dice “no quiero dejarlas marchar”.

Me fijo en la obra que tiene aquí: paisajes manchegos cohabitan con alegres pinturas de muchachas que, cariñosamente, él denomina “mis mujeres”. “Cuando estoy saturado dando vueltas a un paisaje, pintar una mujer me ayuda a dejar la mente en blanco y a seguir.” Yo asiento con la cabeza, plenamente consciente del balsámico efecto que, en ocasiones, podemos llegar a tener las personas de mi género. Tras este breve paseo en el pasillo comentando su obra, desembocamos, por fin, en el estudio. Al fondo de este, en el segundo de los blancos patios - éste casi exento de edificación en tres de sus fachadas-, observo a su rubia perra, Can, que duerme plácidamente aprovechando la minúscula sombra de su casetita. “Es mi compañera -me dice-. De hecho, muchas veces opto por no ir a sitios a los que ella no me puede acompañar. Nos echamos de menos ahora que paso todo el día en la exposición”.

En el centro del estudio, cubriendo una librería circular que nos servirá de mesa en la entrevista, observo una obra suya pintada sobre tabla, que ha protegido con cristal; sus brillantes tonos rojizos estimularán, unos minutos después, el disfrute de la comida que Honrubia ha preparado para tomar mientras hablamos: ensalada caprese, mejillones al vapor, atún, jamón, todo ello acompañado de un vermut con soda.

“Me preguntaste el otro día quién era mi alma mater” –me dice, entregándome un libro: Como leer la pintura moderna, de John Thomson-; “aquí los tienes”. Observo que varias de sus páginas están marcadas con adhesivo amarillo: voy saltando los grupos de hojas, sirviéndome de los pequeños pósits… “Mira, La Novia, de Duchamp” – me dice- (ahora entiendo por qué la respuesta a lo del alma mater requería tiempo)… Guernica, de Picasso, Las manzanas que conocemos, de Matta, Monocromo azul, de 1955, de Yves Klein, Sin título, Negro sobre gris, de Mark Rothko, Mariposa II de Blinky Palermo, Frank Stella, Warhol… (veo que de este autor ha marcado una de las obras que menos le caracterizan). Me quedo perpleja con los monocromos, especialmente con el de Yves Klein; parece como si cualquiera pudiera hacerlos. “La ejecución de estos cuadros es simple sólo aparentemente –me dice-: tiene que ser perfecta; uno no se puede permitir el mínimo fallo. Además, se te tiene que ocurrir”. Deduzco, de sus palabras, que el verdadero mérito del artista de este tipo de obras aparentemente sencillas, aparte de la impecabilidad técnica, está en la audacia de presentir que algo, tan simple en apariencia, puede conmover al espectador y en la valentía de presentarlo al público.

“¿Y los clásicos?” –le pregunto-. “Mira –me contesta-, los clásicos gustan a todo el mundo. Nadie puede decir que no le gusta un Goya, un Velázquez, un Rembrandt o un Jacques-Louis David. El maestro al que más admiro es Leonardo. Pero, hoy en día, a pintar como ellos no le veo sentido”.

Paisaje, perteneciente a la exposición “Arquitecturas del Paisaje”

Can, la perra, ha abandonado el patio y ahora se encuentra tumbada a mis pies, relajada pero atenta. Un trozo de tomate se me cae el suelo. Ella lo olisquea, pero nada más. “No creas -me dice su dueño desde el otro extremo de la mesa-, le encanta el tomate, pero es muy respetuosa.” Cojo el trozo caído y se lo ofrezco a Can: en efecto, lo come gustosamente y con delicadeza de mi mano. “Jamás ha tocado ningún cuadro y respeta todo lo que tengo en el estudio”. Este comentario me anima a recorrer más detenidamente la estancia con la vista. “Acumulo objetos que encuentro en mis paseos, en mis viajes, objetos que recuerdan momentos de mi vida”. Dispuestos en las estanterías que circunvalan el estudio, veo un asa de barro, desgarrada del botijo al que pertenecía, cubierta de arcilla -parece un resto arqueológico-, un pequeño grifo de lavabo.., pero sobre todo libros de arte.

Paisaje, 2012 (169 x 120 cm)

En esta estancia hay cuadros de su obra anterior. La pregunta se me hace inevitable. “¿Cómo te ha influido Benjamín Palencia?”. “Palencia está siempre presente – me contesta. Yo acudía constantemente al Museo, que está aquí al lado, a ver su obra”. Honrubia se refiere al edificio del Museo Arqueológico de Albacete, edificado dentro del Parque de Abelardo Sánchez, el más grande de Castilla-La Mancha, construido a principios del siglo pasado. El citado museo albergaba en varias salas un amplio catálogo de obras de Palencia, aunque ahora esté reducida a unos pocos cuadros, por motivos que desconozco. Sí, sin duda –constato-, Palencia está presente, no sólo en los pintores de Albacete, sino también en otros pintores que tratan el paisaje manchego .., y en mí.., y en la comunidad. Palencia nos enseñó a ver La Mancha de un modo determinado, creando una especie de conciencia estética manchega colectiva que ya parece ser genética.

Sí –constato-, este modo de ver La Mancha que tenía el inmortal maestro manchego está vagamente presente en parte de la obra de Honrubia previa a esta exposición, pero como sabio punto de anclaje desde el que este artista plástico ha sabido viajar a la absoluta abstracción, sin dejar de tener, antes y ahora, un estilo muy suyo.

Paisaje, 2014

Mi entrevistado me anuncia que va a la cocina a por el atún que ha preparado, pero yo rechazo comer más; se me ha quitado el hambre: llevo una hora comiendo arte..; acepto de buen grado un poco de sandía.

“¿Cómo definirías el cambio que se observa en tu última obra, en la que ahora estás exponiendo?” –le pregunto-. “Es un giro al estructuralismo” –me dice-. “Yo lo veo como una búsqueda” –le digo- (mientras lo digo, me doy cuenta de lo estúpido de mi observación: ¿Qué es el arte, si no es una búsqueda?). Recuerdo una de las obras de la exposición, llamada “El Paso” y que Honrubia me explicó que el nombre se debe a que en ella está parte de su anterior y actual lenguaje pictórico. En este cuadro mezcla estructuralismo abstracto y figuración.

Sin duda, en El Paso el pintor ha querido simbolizar materialmente en un cuadro el cambio que se aprecia en su nueva producción.

El Paso. Exposición “Arquitecturas del Paisaje”

Repaso las fotografías tomadas en la exposición. “Antes pesaban mucho más los cielos; en la nueva producción has invertido la proporción a un lado y a otro de la línea del horizonte; ahora pesa más la zona terrestre”. “Sí, -me dice- últimamente he optado por la solución inversa (comprendo que para la vía estructuralista por la que ahora camina este autor esta opción es más favorable). Observo que la tierra se encuentra fragmentada en múltiples cuadros, ¡incluso veo, dispersas, algunas señales de tráfico!, mientras que en los cielos mantiene el lenguaje anterior, más figurativo -al contrario de lo que cabría esperar por su lejanía-; ahora la parte aérea presenta colores menos vigorosos: su paleta ha evolucionado hacia la gama de los pasteles conservando el rico contraste cromático y de texturas, pero invitando a la relajación y a la reflexión: nos habla de un Honrubia maduro como artista y a gusto consigo mismo.

Deseamos mucho éxito a este artista plástico, al que ya más de una persona se ha referido –comentario con el que él no se siente cómodo, por la modestia, y también la personalidad, que le caracteriza- como el nuevo Palencia, el del siglo XXI.

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