16 de octubre de 2019, 18:47:16
Editorial


Maduro avanza en su dictadura



Desde que los venezolanos manifestaron a Maduro en las urnas su mayoritario rechazo al chavismo, el presidente de Venezuela no ha parado de hacer oídos sordos a la decisión ciudadana. Con ese propósito, se ha propuesto acabar con todos y cada uno de los cimientos insustituibles del Estado de Derecho y de la democracia. Maduro ha conseguido poner a sus pies al poder judicial, que es hoy una mera extensión del palacio de Miraflores, sede de la presidencia venezolana, que no hace otra cosa que obedecer sin rechistar los órdenes del dictador. Porque no otra cosas es hoy Nicolás Maduro.

Junto al poder judicial, ha domeñado al legislativo, no solo vaciando de contenido la Asamblea Nacional -formada por los verdaderos representantes de los ciudadanos-, sino acosándola de manera vil. Y creando por “pucherazo” una Asamblea Constituyente, que maneja a su antojo. Para afianzar todo ello, Maduro quiere laminar cualquier voz crítica. Las cárceles venezolanas están llenas de presos políticos, y las manifestaciones de los ciudadanos son reprimidas con gran violencia.

Y, naturalmente, se ha propuesto desarticular todos los medios de comunicación que no le canten alabanzas. Desde siempre, Maduro ha visto con recelo la libertad de expresión, componente esencial de todo sistema democrático, y ha ido poniendo en marcha un sistemático acoso y derribo a los medios de comunicación libres e independientes. Un acoso que se incrementa a pasos agigantados. Maduro acaba de quitar de la parrillla televisiva los canales colombianos RCN Televisión y Caracol Televisión, medida que se suma al cierre en 2017 de cerca de cincuentas medios de comunicación que considera hostiles. La oposición ha denunciado con rapidez que Venezuela está en una fase muy avanzada de control de la opinión. A controlarla en su totalidad aspira Maduro, cuya dictadura avanza cada día un poco más.
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