12 de diciembre de 2019, 0:13:36
Deportes

CHELSEA 0 MANCHESTER CITY 1


Premier League. Guardiola llama a votar, gana a Conte y el City domina al Chelsea

M. Jones

Los de Manchester mantuvieron el coliderato en el partido de más altura del torneo.


No se presentaba este sábado como un día sencillo para Pep Guardiola. Quizá por eso, tras acabar el partido pertinente, aleccionó a los medios de comunicación británicos sobre el referéndum soberanista suspendido por el Tribunal Constitucional y confesó que votó por correo. No obstante, el resultado le fue muy favorable y el técnico se tomó, en su comparecencia postrera, un hueco para gustarse y celebrar el triunfo. "Es un día para la democracia (el 1 de octubre). La gente dice que es ilegal, pero no lo es. Hay que preguntarle a la gente lo que quiere hacer. Como he dicho muchas veces: no queremos independencia, queremos que se nos permita votar", avanzó para sellar el asunto explicando que "mañana no se vota independencia, no va de eso. De lo que se trata es de democracia: el parlamento catalán quiere votar para ver si la gente vive sus vidas y su futuro de forma diferente". "Y las cosas han cambiado con respecto al siglo pasado, el pueblo de Cataluña quiere que la gente hable y no hay mejor manera de hacerlo", expuso.

Se mostró el entrenador satisfecho de lo venidero en Cataluña pero también por el triunfo que acababa de cosechar. Como se dice al principio, el contexto no resultaba halagüeño. Su lateral estrella Mendy se había lesionado para varios meses, Agüero -pichichi de la Premier- se accidentó en Amsterdam después de un concierto de reggaetón y jugaba contra el Chelsea en Stamford Bridge, con el liderato en juego ya que el United había arrollado en su compromiso y se colocaba 3 puntos por delante de los citizen. Los blues, además, llegaban en el mejor punto de convicción del curso, después de asaltar el Wanda Metropolitano en una exhibición de jerarquía absoluta.

La empresa consistía en arrancar tres fundos del feudo del vigente campeón en su momento más resplandeciente, desde cualquier parámetro analizable, de lo que va de calendario. Pero la argucia táctica que pensó Guardiola ayudó a sus jugadores a hurtar el patrón del juego desde el pitido inicial y a sembrar las condicionnes necesarias para generar en el Chelsea una impotencia soberana que desembocaría en un guiño de la fortuna protagonizada por un futbolista que salió, repudiado, del club digirido por Roman Abramovic, y que se tomó una venganza delicioso para su paladar.

Antonio Conte ideó dos sustituciones con respecto al duelo europeo, dejando fuera a Moses y supliendo al sancionado David Luiz por los centrales Christensen y Rüdiger. Se mantenía el esquema de tres centrales, con Alonso y Azpilicueta como carrileros. El movimiento defensivo -al sentar a Moses perdía un punzón ofesivo en favor del achique que aporta el internacional español- pretendía amortiguar los avances de Sané o Sterling, y lo conseguiría, sacrificando poderío de ataque y entregando a los visitantes la pelota de manera absoluta. Si ante los de Simeone monopolizó el cuero y el tempo, ante Pep renegó de esa vertiente dominadora para achicar y buscar la contra con Hazard -primera vez titular en la Premier-, Cesc y Morata.

El empeño de llegar al décimo partido sin perder se implementó, para el City, empezando por el regreso a la zaga de cuatro piezas y la suma de los laterales como interiores cuando se atacaba. Así, Delph -lateral zurdo improvisado- y Walker se colocaban como dos centrocampostas más en busca de lograr pasillos interiores, con Sterling y Sané pegados a la cal. De este modo, con Silva, De Bruyne y Gabriel Jesús fluctuando en la mediapunta, pudo hacer daño entre líneas y mantener a los locales en un punto de intranquilidad continua. Porque los de Conte se manejan con comodidad en fase defensiva, pero este sábado no pudieron frenar a los celestes cuando las combinaciones eran veloces.

Los de Manchester no dejaron al azar ningún aspecto y la solidaridad de todos les permitió que la soledad de Fernandinho como único elemento defensivo del centro del campo fuera suficiente. La presión arriba perpetua cercenó la salida y posesión del Chelsea durante los 90 minutos, relegando a los entrenados por el múltiple ganador de la Serie A a lanzar pelotazos que Morata no conseguía ganar, por lo que su herramienta de desahogo fue abortada. Aún así, Hazard no paró de intentarlo y tampoco Morata, hasta que se lesionó. El delantero español se infortunaría muscularmente -a la media hora- y es seria duda para jugar con España el final de la fase clasificatoria para Rusia 2018.

El caso es que se dibujó un duelo de ida y vuelta que terminaría domando el juego de toque y presión del City. Azpilicueta abrirá fuego con un disparo que se iría al córner gracias a la primera intervención de un acertado Ederson. El portero brasileño actuaría como líbero en varias ocasiones, despejando los balones que el Chelsea lanzaba a la espalda de Stones y Otamendi. Courtois, por su parte, no tardaría en aparecer para taponar un zurdazo de Silva tras el pase certero de Sané. El belga se destaparía como el mejor de los suyos.

Cuando la pelota y la ocupación de los espacios era visitante -se jugaba siempre en campo local-, el destino quiso igualar la mala fortuna y Morata, máximo goleador de los de Conte, se lesionó. Y el italiano decidió dar entrada a William y competir sin delantero centro. El brasileño entraba en escena para compartir posición adelantada con Hazard, pero, sobre todo, para discutir la posesión. De este modo el preparador transalpino eliminó la salida por alto -no apostó por Batshuayi- y quiso salir del estado atrincherado en el que acumulaba minutos de tensión defensiva. Y no lograría su objetivo, pero sí alcanzó a frenar la producción de llegadas visitante. Sólo un cabezazo de Fernandinho a la salida de un saque de esquina -minuto 44- obligó a Courtois a lucirse.

Ya se había asentado el dominio global del City y sobre ese pentagrama se desarrollaría una reanudación en la que el Chelsea sólo seguiría aspirando a cazar algo en una acción a balón parado, ya que por cominación no pasaban del centro del campo. Y, sin conseguir ganar metros ni resuello, su capacidad de sufrimiento rebosaría en base a una genialidad. De Bruyne cambió el ritmo con un pase vertical que batió dos líneas y le devolvió Gabriel Jesús para colocarse en la frontal y en un pestañeo. El belga engatillaría un zurdazo cruzado, hacia el segundo poste, que inauguró el marcador -minuto 67- para reivindicarse en la casa en la que fue repudiado -salió en enero de 2014 por la puerta de atrás, de vuelta hacia Alemania-. Su rango de gobernador del líder se dispararía tras esta obra de clase y precisión que decantó los valiosos tres puntos.

Conte respondería quemando sus cambios: entraron Pedro y Batshuayi por Hazard (agotado en trabajos grises) y Bakayoko. Pero no cambió el guión. El City efectuaría una gestión con pelota de la ventaja (posesión cercana al 70%), alternando los contragolpes con circulaciones horizontales y, sobre todo, amortiguando el arreón final pretendido por los locales. De hecho Gabriel Jesús dispuso de la sentencia con una volea repleta de clase que Rudiger sacó sobre la línea de gol. Courtois, Azplicueta y Christensen serían los más destacados de un bloque de pulsión competitiva indiscutible -por eso se sostuvieron cerca del empate, aunque las sensaciones no acompañaran- pero el City regresaría a casa triunfal, después de haber resplandecido en el primer examen de altura en el presente ejercicio. Este atisbo anuncia el advenimiento de la versión más implacable del estilo estético de Guardiola desde que aceptó el reto británico.

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