19 de noviembre de 2019, 9:09:36
Opinion


EL DEPORTE EN EL SENTIMIENTO DE ESPAÑA

Luis María ANSON


España venció en Wimbledon y la nación, tras la apoteosis de la Eurocopa, siguió expectante el triunfo de Nadal. A pesar de la disparatada política educacional de las Autonomías, el orgullo español se filtra por cualquier rendija que permita la expansión. El deporte es una de ellas. Durante toda la tarde del domingo se produjo una auténtica vibración nacional. Los partidos nacionalistas tratarán de echar tierra al fenómeno sociológico. Pero ahí está.
España ha escrito, junto a Francia e Inglaterra, una de las tres grandes historias del Occidente moderno. Desde hace más de 500 años permanece unida, es decir, desde antes que alcanzaran su unidad nacional Italia, Alemania, Francia o Gran Bretaña. La disparatada política de los últimos años ha fragilizado la unidad de España. Se han puesto los ingredientes para que se produzcan tentativas secesionistas como la de Ibarreche o Carod Rovira.
Ayer, un tenista balear hizo vibrar el sentimiento español. Su rival, Federer, jugó su mejor tenis. En algunos juegos consiguió la perfección. Nadal estuvo bien, aunque no tanto como en algún partido precedente. Aún así, sus diez últimos juegos fueron excepcionales. Y se convirtió, al alzar la copa de vermeil de Wimbledon, en el líder del tenis español de todas las épocas, superando a Manolo Santana. Sus ayudantes le envolvieron en la bandera de España. Acertaron. Eso es lo que deseaba la inmensa mayoría de los españoles que siguieron entre la zozobra y el orgullo el angustioso partido.
Ya que a nuestros adolescentes no se les enseña en el colegio la gloria histórica de España, sino la de sus Autonomías, habrá que subrayar el impacto en la conciencia nacional de los éxitos deportivos.
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