6 de diciembre de 2019, 3:24:55
Opinion

DESDE ULTRAMAR


Trump y EE.UU. no son competitivos

Marcos Marín Amezcua


Como empresario Trump tuvo fama de quebrar negocios, de hacerlos mal o ser una suerte de rey Midas al revés. Como presidente lidera un país que da un rostro avejentado al mundo, una vejez prematura causada por sus excesos –hay que advertirlo– y de ser uno que pretende cambiar las reglas del juego económico a la mala y que antes impuso al mundo, cuando estas –bien aprendidas por terceros– lo rebasan, porque ya no es competitivo como antes y cree que así recuperará mercados y liderazgo. Va equivocado, desde luego. De pasada hace rabietas y llama ladrones de su país a los demás, impúdico y desfachatado. ¡Qué cara tiene!

Con la llegada de Trump se manifestó más claramente lo que ya sabíamos hace décadas y que la gente proyanqui se niega a aceptar, porque de hacerlo haga usted de cuenta que les da urticaria, comezón, sarpullido. Pobres. Yo no me conduelo y no puedo hacer absolutamente nada más que repetirlo: Estados Unidos dejó de ser competitivo hace ya varias décadas y por eso hoy, arrinconado, pretende apelar al proteccionismo como la herramienta que su lerdo presidente mal supone que le servirá para guarecerse de un mundo globalizado y competitivo que no lo es de ahora, sino ya de décadas atrás. Así, cancela el TTP, acusa a China de desleal o arremete contra el TLCAN. Como el niño molón: que si la leche está tibia, que se la calienten o viceversa. Pura ley del embudo, o sea jalando para el lado que le conviene, pero no le está resultado. Por fortuna.

Que se va Trump a Vietnam a gritonearle a China que “nadie seguirá aprovechándose de Estados Unidos” y no tolerará más injusticias a su país en los tratados comerciales. El pato tirándole a las escopetas…. ¡Qué morro tiene! Cuando oí a Trump decirlo solo pude sonreír y mirar hacia otro lado. Qué pelma el yanqui. Con la Merkel también ya tuvo su quién vive, su intercambio de impresiones en materia comercial. La verdad es que al no ser competitivo como antes, a EE.UU. lo mismo China que Alemania se lo están comiendo. Lo mismo con las horas que por mitad le cuesta a Alemania producir un bien, que los empresarios mexicanos, que aunque mediocres y encandilados con los yanquis, supieron siquiera colarse a ese mercado, mientras sucesivos gobiernos mexicanos desbarataban las argucias y trampas comerciales estadounidenses. Una a una con el TLCAN en la mano. Y ya sabe de los empresarios japoneses que no se doblegaban en los años noventa frente a las exigencias de Washington para que no fueran mejores que ellos, en tanto los nipones se adquirían la Columbia Pictures o el Centro Rockefeller mancillando el orgullo yanqui. Todos desde su trinchera le dieron tres y las malas a Estados Unidos…. Y ahora fúrico, Trump llama a todos como ladrones. Tontito. El neoyorquino se ha hecho fuera de la bacinica. Y ante la mirada atónita del mundo entero, en un ridículo descomunal.

Y claro, se entiende la frustración de Trump, que a cambio se calla las viciadas prácticas del empresariado estadounidense (¿corruptas y de doble moral dentro y fuera de su país? lo sabemos bien). No nos impresionan los jeremiqueos hipócritas de sus representantes comerciales que en todos los foros acusan victimismo ramplón frente a un mundo de aprovechados, espetan, sin cuantificar las enormes ganancias que su país, su gobierno y sus empresarios obtienen del mundo entero y no siempre de manera transparente y bien habidas en otros mercados. Convenencieros y olvidadizos. El mercado mexicano conoce muy bien las prácticas desleales y trapacerías que muchas empresas estadounidenses efectúan aquí y aunque lloriqueen sus pérdidas por el TLCAN, aquellas ganancias son mayores que los pasivos. Y por mucho y aunque les joda repetírselos.

Como puede usted suponerlo, a mí no me interesa si a un lector de estas líneas le fastidia hacerlo por mi tono. Los Estados Unidos dejaron de ser competitivos en la generación de riqueza al enfrentar el mundo y hace rato que sus pérdidas se suman a su sobreendeudamiento y a su armamentismo, para soportar un nivel de vida cada vez más insostenible. Su empobrecimiento proporcional hace declarar que países como China suman hoy más riqueza contante y sonante por no haberse embrollado en guerras para apuntalar su poderío. Voy más: desconozco si dentro de Estados Unidos usted puede volar sin aviones o si los focos navideños le preparan un jugo de naranja, pero sépalo: hacia afuera, ese país no se muestra tan competitivo como nos lo presumen y eso explica el puñetazo sobre la mesa de Trump exigiendo nuevas reglas, defendiendo un proteccionismo descarado ante su producción menguada y sobrevaluada ya menos competitiva y acomodadas tales a su capricho e intereses unilaterales. Pero sus berridos son eso antes que otra cosa. Allá sus electores y los conciudadanos que lo toleran. Y sí: Trump no es competitivo.

En ese contexto de no podernos imponer sus reglas sin más y en esa doble moral de bostezo, sucedió que cuando terminó la cuarta ronda de renegociaciones del TLCAN, su representante comercial, Robert Lighthizer, expresó con lágrimas de cocodrilo sentirse decepcionado de México y de Canadá por no (ac)ceder a sus peticiones (exigencias abusivas y leoninas, dígase). Desde luego que es al revés: muchos nos congratulamos de que el yanqui no pueda imponer sus reglas exorbitantes e inicuas unilateralmente, por inmoderadas, proteccionistas y poco competitivas, aunque recurra al chantaje y a la amenaza; y el mejor ejemplo de su deplorable proceder lo ha dado con la intentona de que los autos fabricados en Norteamérica sean de componentes elaborados en un 85 % por la región, pero, y lo destaco: pero que el 50 % de la unidad lo compongan productos solo fabricados en EE.UU.. ¿Así o más listillos?

Pero hay más: como el TLCAN no le agrada –porque sin aquel su país imponía sus reglas proteccionistas a su entero antojo– Trump, que es nada morigerado, ha exigido una revisión quinquenal, de muerte súbita, o sea de una cancelación inmediata si no prosperara tal revisión al gusto de su país; idea que es contraria al sentido común por inédita práctica impropia de tratados internacionales y de la visión empresarial a largo plazo que no requiere amenazas de terminación, y que es necesaria para la estabilidad económica y comercial. Una megachapuza en toda regla. La locura de tan aberrante proceder solo encubre que el TLCAN no cuadra con el proteccionismo actual implantado y hay que matarlo y que sus socios –¿o solo lacayos y mercados cautivos para alcahuetear su proteccionismo?– están para paliar su fallida política industrial y comercial, cuando muchos mercados renuncian a adquirir los bienes estadounidenses y que solo están para apuntalar un llamado “rebalance comercial” que supone solo beneficiar a unos decadentes Estados Unidos. Y lo exigen luego de acusar a México de sacar ventajas indebidas de las reglas que ellos mismos impusieron (porque no olvidemos que las negociaciones y reglas resultantes de hace 25 años que originaron al TLCAN, se consideraron impuestas por ellos). Miran un tratado que ya no les convino como esperaban, después de plantearlo tan abusivamente para sus propios intereses. Esa es la realidad y todo porque EE.UU. dejó de ser competitivo y no merece callarse más semejante panorama. Al contrario.

Esta semana cerró sin avances la quinta ronda renegociadora, la más compleja y con nuevos refunfuños de los yanquis que amagan con terminar todo esto, mientras México y Canadá reiteran que han efectuado contrapropuestas serias y de buena fe. Ahora, cuando sus productores se ven rebasados por la competencia mexicana, cuando la balanza comercial es favorable a México y como siempre, cuando el vecino los rebasa, piden cambio de reglas y gimotean sus supuestas desgracias. Tan grandotes y tan llorones. Nos recuerdan luego de dos siglos de vecindad que son malos perdedores comerciales y eso lo lamentamos muchísimo, pero ya no nos asombra a quienes hace décadas estudiamos el fenómeno de la relación México-Estados Unidos sabiendo cómo se las gastan, dando trompicones y espero que México y Canadá mantengan el cerco. Ya China acusó a EE.UU. de sabotaje al comercio internacional, así que lo visto ya es solo parte de lo normal del proceder estadounidense. Y al que le joda leer esto, que se rasque.

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