16 de octubre de 2019, 19:55:43
Opinion

DESDE ULTRAMAR


Madrid en la FIL de Guadalajara

Marcos Marín Amezcua


Estamos de manteles largos, pues quienes amamos Madrid celebramos que la capital española sea la ciudad invitada de honor en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), 2017. Y me entusiasma sobremanera porque este acercamiento es prodigo en una oferta cultural que siempre se agradece, poniéndonos a nuestro alcance su inveterada herencia cultural y especialmente literaria, a leguas deslumbrante y hoy muy reconocida y aquilatada al otro lado del Atlántico; y desde esta otra orilla en ultramar escribo esta deseada y agendada entrega, contando los días para ya reencontrarme de nuevo con Madrid, así fuera de manera simbólica y apresurada como lo fue. Y ha sido una estupenda ocasión con sabor a granizado y sangría, como no podía ser de otra manera.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara siendo un máximo exponente de la industria editorial en español –el mayor certamen en su género en nuestra lengua– y como un acontecimiento cultural de gran renombre que es, se engalana porque “Madrí es mucho Madrí” y no ha decepcionado su asistencia, dedicándole su trigésimo primera edición.

Como un espacio deslumbrante fue descrito el pabellón madrileño por Raúl Padilla, presidente de la FIL, y yo concuerdo. Convencido de que así sería la oportunidad inconmensurable de verlo, me ha movido a desplazarme a la capital tapatía para conocer la oferta libraria que acompaña al quiosco matritense –lo refiero como quiosco no minimizándolo, sino por su redonda forma– que como coso se inserta en el recinto ferial de manera muy llamativa e ineludible. No hay manera de esquivarlo. Cuenta con una amplia propuesta proporcionalmente elevada al tratarse de poco más de una semana, 9 días, que es lo que abarca la celebración.

Sin lagoterías diré que me ha gustado ese pabellón cilíndrico –levantado en estrecha colaboración con el Fondo de Cultura Económica (FCE)– equipado con una gradas para que los oyentes puedan holgadamente escuchar a los ponentes que asisten proviniendo de la Villa y Corte. Su redondel con originalidad que resalta su funcionalidad, permite visualizarlos desde todos sus ángulos y se remata en un pasillo situado al final del graderío, rodeando todo el cuerpo y se puede así acceder hasta los libreros para otearse los variados títulos que se han traído, alusivos en gran medida a esa metrópoli del Viejo Mundo en específico y también abarcando historia, literatura, gastronomía y demás temas afines españoles, que pueden adquirirse a precios razonablemente asequibles, no desmedidamente elevados, con lo cual el montaje es aún más accesible y cumple enteramente con su finalidad: difundir, divulgar y acercar. Sí temía lo peor tratándose de piezas importadas de primera llegada, digamos, mas compiten con la oferta local que suele encontrarse en las librerías mexicanas. Yo lo celebro porque cubrió mis expectativas. Fue un esfuerzo encomiable. Responde así de forma eficaz al espíritu incluyente, moderno que distingue en la actualidad a la capital de España, con vocación abierta, cosmopolita y entregada. Tal presencia está complementada en el foro de la muestra con grupos musicales y un despliegue artístico proveniente de la vera del Manzanares exhibido en el Museo de las Artes y en el Instituto Cultural Cabañas, hasta donde Madrid extiende su reconocido potencial.

Adyacente a sí se acompaña de una réplica en tamaño natural del Oso y el Madroño, la madrileñísima escultura emblemática de la capitalidad española, y fue todo inaugurado por su alcaldesa, la polémica señora Carmena, que a su paso previo por la Ciudad de México fue declarada huésped distinguida por su no menos polémico alcalde, el señor Mancera. Ha refrendado así la hermandad de Madrid con ambas ciudades mexicanas, la capital y la anfitriona Guadalajara.

Madrid está presente en el principal escaparate del libro en español obedeciendo a que se trata de la tercera capital más poblada de Europa, por situarse a la vanguardia de la industria editorial en España, por ser vanguardia del libro y la región que más produce volúmenes y ser la urbe más lectora de su país. Son datos gratificantes, sin lugar a dudas. En su mensaje la alcaldesa madrileña ha definido a los asistentes y a sus conciudadanos con un atronador “somos todos lectores”. Exaltó de Madrid la vocación de universalidad y su condición de ser rompeolas de las Españas, como la definió Miguel Hernández. El pabellón que nos ocupa homenajea a León Felipe evocando el lema “Ganarás la Luz”, aludiendo a su primera obra publicada en su exilio mexicano.

Me agradó que la señora Carmena expusiera que se brindó apoyo en el ayuntamiento madrileño para que acudieran a Guadalajara las editoriales pequeñas, poseedoras de grandes temas, como los de siempre y los renovados, ampliados, profundizados y se agradece la iniciativa, puesto que amplía el panorama para quienes se nos dificulta cruzar el Atlántico, porque “haber traído lo mejor de lo que creemos que tenemos en la cultura de nuestra bellísima ciudad” como dijo la alcaldesa, no es poca cosa. Y nos ha recordado que muchos libros editados en México se leyeron clandestinamente en la España preconstitucional formando a toda una generación. Evocarlo ha sido justo, emocionante y muy oportuno, para luego cerrar su intervención con palabras flamígeras: “sigamos siendo lectores, siempre lectores”.

Durante mi paso por el espacio descrito escuché las palabras de los invitados de turno, expresando que los medios de comunicación responden a intereses, después de todo, y que la realidad está ahí, y no se irá, independientemente del medio que la aborde. Que siendo México el país con el mayor número de hispanohablantes era natural el impulso de la FIL y su éxito, y que la relación con otras lenguas como el inglés le imprime a México características importantes para el estudio de esa relación e interacción de lenguas en contacto. Apuntaron que el ingente esfuerzo del ayuntamiento madrileño debería de perdurar, mantenerse ese puente creado y trampolín para que fructifique después de la Feria.

La ocasión nos ha dejado también la nota ya sabida desde diciembre de 2016, de que se concretaba la cesión de un palacete madrileño (c/Alberto Aguilera, 20) para que funja como la Casa de México en Madrid. Es un gesto recíproco que actualiza un compromiso de hace 25 años que se materializó ya en la Ciudad de México en la apertura del activísimo Centro Cultural de España, en 2002, situado detrás de la catedral metropolitana. Contará la estancia referida con una librería del FCE y la biblioteca Octavio Paz con 14 mil volúmenes sobre temas mexicanos. Lo que no está claro es cómo lo pagaremos desde aquí en un año de recortes como 2018. Nos pilla sin recursos, no podemos negarlo.

Termino: Con la que está cayendo. Un estand de editoriales catalanas en la FIL han ofrecido su material en rotundo castellano. Leyó usted muy bien. Entre los encargados hablan en catalán. Y ponen un letrero que dice “Barcelona capital literaria”. A saber de cuál idioma. Enhorabuena por ellos, porque de intentar vendernos en catalán la tendrían cruda, dado su escasísima presencia de América. El independentismo debe pensárselo: su mercado no es Lituania y lo sabe. Lo es la América hispana y en castellano. Como siempre lo ha sido. No les compré nada. Su caseta me fue inclusive.

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