14 de noviembre de 2019, 20:36:04
Deportes

JUEGOS PARALÍMPICOS


Marieke Vervoort narra el paso del oro paralímpico a programar su muerte por eutanasia

EL IMPARCIAL

Este 2018 será el último año de su vida. Así lo ha decidido.


"Es muy difícil conseguir una fecha, siempre que les hablo, me dicen: '¿Estás segura, Marieke? ¿Realmente estás segura?'", confiesa Marieke Vervoort, oro y doble plata en los Juegos Paralímpicos de Londres y Río de Janeiro. La belga, campeona del mundo en la disciplina de los 100 y 200 metros sobre silla de ruedas, ya ha planificado su muerte. No aguanta más los dolores y la precaria situación de salud que atraviesa cuando cuenta con 38 años. Este año será el último.

Así lo ha confirmado en una entrevista concedida a The Telegraph. En ella expone lo tortuoso de su presente: "No quiero sufrir más, esto es muy difícil para mí, cada día me deprimo más y más. Nunca tuve estos sentimientos y no puedo más". "Un neurólogo se quedó conmigo toda la noche mientras tuve un espasmo tras otro. Él dijo que no eran ataques epilépticos, sino sólo que mi cuerpo ya gritaba: 'He terminado'", narra, sobre una de sus últimas crisis en el Hospital Universitario de Bruselas en el que reside desde hace meses. Los médicos no pueden hacer nada para paliar su estado físico.

Y es que la cita olímpica brasileña dio paso a un emperoamiento notable. En el presente, Vervoot padece uno de los cuadros más complicados de la tetraplejía progresiva incurable que le fue diagnosticada cuando tenía 14 años. Vive, en estos días, con una parálisis que va desde los pies hasta el pecho. Además, la sensibilidad de los dedos es ya muy intermitente y en septiembre perdió parte de la vista. Y los dolores le impiden encadenar cuatro horas de sueño y le complicar ingerir alimentos.

Después de ganar la plata en Río 2016 aseguró que "todavía no era el momento de morir". Pero avisó: "Cuando llegue el momento, cuando tenga más días malos que buenos, entonces tendré mis papeles de eutanasia, pero ese momento aún no ha llegado". En efecto, posee la documentación que habilita el procecimiento de muerte asistida belga desde hace una década y antes de competir en la capital brasileña confirmó lo venidero: "Río es mi último deseo, espero acabar mi carrera con un podio. Comienzo a pensar en eutanasia".


Aquellas declaraciones chocaron al mundo olímpico, pero su realidad no le es favorable. Con 30 años ya decidió que cuando su cuerpo no le permitiera hacer deporte -su amarre a la vida en contraposición a su enfermedad- solicitaría la eutanasia. El éxito en Londres (oro y plata) propulsó a la deportista belga a aumentar la importancia de la actividad física como medicina mental y llegaría a ser campeona del mundo de 200 metros en 2015 (rozando el récord continental). Pero Río, su plata en los 400 metros, selló su adiós a la competición y, por ende, a la vida.

La compañía de su perro es uno de los mayores apoyos en el día a día por el que atraviesa. No en vano, está entrenado para dar la alerta si sufre otro bataque epiléptico. Y dos médicos ya han firmado los documentos que dan validez a su petición de morir por eutanasia. La atleta aprovecha, así, la legislación de Bélgica a este respecto llevada a cabo en 2012. Y, según se ha corroborado por los galenos, cumple todos los requisitos legales para recibir ese tratamiento final. El doctor Wim Distelmans, que ha asumido su supervivencia anímica en los meses de indescriptible sufrimiento, será el encargado de cumplir un plan mortal y polémico. Sólo falta definir qué día será el de su deceso.

"Lloro cada noche. Estoy llorando más que nunca", explica en la mencionada entrevista. En ella expone que "cuando comencé a tener problemas en el ojo, fui a ver al médico, pero me dijo que no podía hacer nada por mí ya que el problema venía de mi cerebro y no de la vista". Tras dejar los entrenamientos por imposibilidad física su calidad de vida se ha derrumbado y su lucha, valiente y denostada desde su adolescencia, se apagará dejando un legado de tenacidad.

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