23 de agosto de 2019, 22:33:18
Deportes

SUPERÓ SIN DIFICULTADES LA ÚLTIMA ETAPA PARA SUBIR A LO ALTO DEL PODIO


Carlos Sainz, leyenda del automovilismo mundial al ganar su segundo Dakar

M. Jones

El español cosechó su segundo triunfo en el prestigioso rally gracias a una regularidad que derribó a sus rivales.


Carlos Sainz ha vuelto a tocar la gloria en el automovilismo. El piloto español, ha certificado este sábado el triunfo en el rally Dakar 2018, en lo que constituye su segunda victoria en la prestigiosa y dura prueba (la primera vez fue en 2010 y conducía un Volkswagen). De esta manera inmejorable ha puesto el madrileño el punto y final a una senda de 9.000 kilómetros, entre Perú, Bolivia y Argentina, en la que ha vencido por representar la regularidad frente a los picos y valles que han sufrido sus perseguidores.

Desde el 6 de enero, fecha en que Lima acogió la salida, Sainz y su copiloto Lucas Cruz han exhibido una astucia y conocimiento del evento sobresalientes, de manera que su Peugeot ha conseguido cruzar la bandera a cuadros siempre a las puertas del éxito. Nunca cayó demasiado lejos de los puestos de cabeza y, tras salir de Perú, aceleró hacia el entorchado. Llegando a alcanzar y sostenter una brecha de una hora con respecto a sus perseguidores.

Finalmente, tras concluir los 120 kilómetros cronometrados de la decimocuarta y última etapa del rally, el madrileño remarcó su posición final como puntero con 43 minutos de ventaja sobre el catarí Nasser Al-Attiyah. En esta jornada, ganada por el sudafricano Giniel De Villiers, que alcanzó la tercera plaza del podio postrero, Sainz vino a reproducir otro ejercicio responsable y mesurado de la ventaja que se había ido construyendo con el paso de los días.

Aunque un incidente polémico con un piloto de quads le costara el riesgo de descentrarse. La sanción de 10 minutos sería anulada al tiempo que su compañero de equipo, Stéphane Peterhansel, quedaba casi apeado de la lucha por el terceto de cabeza. La leyenda francesa chocó con un árbol en los últimos días, después de haber recortado un cuarto de hora con respecto al español. En consecuencia, las etapas de la recta final han sido aboradas por el favorito con mayor tranquilidad de lo que cabía esperar.

Peterhansel, Sébastien Loeb y Cyril Despres, compañeros de equipo de Sainz, se verían relegados a un segundo plano después de sufrir un cúmulo de percances. El primero rompería una rueda antes de la última semana; el segundo sería obligado a abandonar previamente; y el tercero sería relegado, por mor de su mala clasificación, a ejecer como escudero del anhelado doblete que imaginaba el fabricante francés. Pero en el momento decisivo, Peterhansel no aclanzaría a llegar a la plata o el bronce.

Este trascendental triunfo de Sainz es, además, la despedida gloriosa de Peugeot del Dakar. La escudería, que defendió al madrileño a capa y espada en el brete en el que se le acusaba de haber golpeado y no auxiliado a un piloto de quads, ya había anunciado que no volverá a participar en el rally el próximo año, por lo que esta victoria conlleva un sabor especial para toda la delegación desplegada a los desiertos peruanos, bolivianos y argentinos.

En la considerada como una de las ediciones del Dakar más duras que se recuerdan desde que aterrizara en América Latina, Sainz fracturó su mala racha. Acumulaba cinco abandonos consecutivos el español en los años anteriores. La averías mecánicas y los accidentes le había privado de batallar en las rondas finales. Pero finalizaría con honores, sacando lustre a su currículo y apellido, como el único de los Peugeot que ha cumplido con el objetivo de llegar a las tres primeras plazas de la general. Lo hizo con un prototipo creado especialmente para el Dakar.

La ciudad de Córdoba fue el escenario por el que Sainz circuló antes de celebrar el fruto a su trabajo. Después de tener que completar una de las etapas decisivas en tercera marcha por problemas mecánicos, cediendo un minutaje considerable. Pero el manejo de la presión ha sido sobresalinte y no ha entregado ni una pulgada a sus perseguidores. Por tanto, la cuadragésima edición del ilustre rally vuelve a alzar la bandera española. Con más de la mitad de los partipantes fuera de la meta final por haber abandonado.

"Peugeot ya había ganado en dos ocasiones, pero la cantidad de trabajo que habíamos puesto en el coche desde hace cuatro años ha sido brutal y es una recompensa merecida", proclamó el campeón en la línea de meta. Y recordó que sobre los trazados de Córdoba ganó su última carrera del campeonato mundial de rallys (2004) antes de asegurar encontrarse "muy feliz" y no confirmar ni desmentir una hipotética participación en la edición del enero próximo.

Quiere centrarse en el festejo presente, a sus 55 años. De hecho, es de los pocos pilotos que han conseguido cosechar dos triunfos en el Dakar Dakar (2010 y 2018) y en el Mundial de rallys (1990 y 1992), una combinación solo superada por los finlandeses Ari Vatanen (un mundial y 4 Dakar) y Juha Kankkunen (4 mundiales y un Dakar). Desde este fin de semana, su nombre ya resplandece en un puesto de honor dentro del automovilismo.

En motos se coronó Walkner, el primer austríaco campeón del Dakar

La retirada de maltrecho Joan Barreda y los problemas de desorientación y caos vividos en una de las últimas etapas del recorrido de esta edición de Dakar abrió las opciones a otros favoritos al título. Pero sería el sorprendente desempeño del austríaco Matthias Walkner, a bordo de su KTM, quien se llevaría el oro. Lo hizo en el día en que la etapa fue a parar para el segundo clasificado en la general, el argentino Kevin Benavides.

Wlakner ganaría finalmente con una ventaja de 16 minutos y 53 segundos sobre Benavides, con la remontada de Toby Price llegando hasta el podio. El australiano, que fue de menos a más para llevarse dos triunfos de etapa, fue uno de los condicionantes para que Gerard Farrés no pudiera repetir la tercera plaza cosechada en 2017. Concluiría el catalán en la quinta posición de la clasificación liderada hasta el final, por primera vez, por un piloto nacido en Austria.

El también español Oriol Mena se convertiría en una de las sorpresas de la edición, ya que al galope de su Hero llegó a la séptima posición en su debut en el Dakar. Un puesto sensacional si se contempla que dejó en la estacada a nombres como Pablo Quintanilla y Nacho Cornejo (octavo y décimo, respectivamente). El compatriota de Mena, Dani Oliveras completaría la representación nacional en el Top-10 de esta volcánica y rocambolesca edición de la prueba con su noveno escaño en la general.

Por el camino se quedarían Sam Sunderland, campeón en 2017, Barreda y el francés Adrien Van Beveren. Ninguno de ellos llegaría a competir en las fechas finales. La dureza de las condiciones llevó a la organización a recortar el trazado. Y es que se desarrollarían once etapas y media de las catorce inicialmente previstas. La lkuvia, la negativa de los pilotos a competir ante la perspectiva de un cambio en el trazado y la nible afueron los elementos que provocaron que la batalla Honda-Yamaha tuviera menos asaltos de lo deseable.

Y en la categoría de quads se impondría el chileno Ignacio Casale. "Fue el Dakar más duro de mi vida. No se terminaba nunca, con etapas muy largas. Para mí lo importante no era ganar etapas, era ganar el Dakar, así que estoy muy contento", reflexionó el campeón, que como Sainz fue capaz de asegurarse una ventaja holgada con el paso de los días. "Antes era más loco e iba siempre a fondo", confesó antes de reconocer que sus mecánicos y su mujer le llevaron a pilotar de manera menos arriesgada. Como resultado ha recogido el segundo Dakar de su carrera.

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