19 de enero de 2020, 17:56:56
Opinion

Y DIGO YO


¿Una presidencia simbólica?

Javier Cámara


No me atrevo a decir que el proceso independentista esté derrotado. Tampoco que se haya sacrificado a nadie. El que lo piense que reflexione si no ha sido un suicidio. Con lo que sí estoy de acuerdo, de todo lo leído en los mensajes de Puigdemont a Comin, es con eso de que se ha hecho un ridículo histórico. Y pretender gobernar desde Bruselas con una presidencia simbólica o desde la cárcel es de lo más grotesco.

Si alguien piensa que la internacionalización del “conflicto” catalán está dando algún resultado, que explique por qué los medios de comunicación europeos ya no le ríen las gracias al ex president. El show del fugado ya no lo es tanto. Se perdió el interés. Tuvo al principio sus “minutos televisivos de gloria”, pero sus entrevistas y discursos en la Universidad dejaron al descubierto las carencias del personaje creado. El hartazgo es notorio. Ya no vende.

La realidad es tozuda y se ha impuesto a la ensoñación de una parte importante de dirigentes independentistas, que le han visto las orejas al lobo y ya no están tan dispuestos a continuar por la vía de la unilateralidad. El miedo es libre y temer acabar en prisión, sensato. Aunque para algunos ya es tarde.

No son pocos los que van a necesitar bastante tiempo para asimilar que la historia no es como se la habían contado, pero ya empiezan las revelaciones y todos somos humanos. No será fácil volver a la normalidad en Cataluña, pero todo pasa por querer intentarlo. Decía Durán i Lleida este jueves que Cataluña necesita una “triple reconciliación”: entre los propios catalanes, con el conjunto de España y, en el sentido más práctico, con los mercados.

La fractura social de Cataluña es importante y la huída de empresas del territorio catalán pasará una cara factura. Ya hemos sabido, por ejemplo, que el procés ha hecho que en el último trimestre del año pasado, justo desde el 1-O, 230.000 turistas se buscaran otro destino para sus vacaciones y, por consiguiente, que no se gastaran 32 millones de euros en Cataluña. Alguien debería reconocer que no está haciendo ningún favor “a su tierra”.

Es fácil entender que dar marcha atrás o rectificar puede ser tildado de alta traición a la patria y, por esta razón, muchos independentistas están buscando la forma menos dolorosa de abandonar un proceso que no ha hecho ningún bien. Junts pel Cat y ERC tienen la responsabilidad de sacar a Cataluña del bloqueo, de calmar primero las ansias soberanistas de la CUP y de demostrar al Gobierno de España que el 155 ya no hace falta.

Pero, ¿tan difícil es encontrar un candidato legal que pueda aunar las sensibilidades independentistas para que gobierne dentro de la ley y siga, si así lo quieren, con una hoja de ruta soberanista a 25 años vista?

Si no se consigue un candidato libre de pecado en breve, nadie descarta una nueva convocatoria de elecciones. Cataluña necesita un presidente que presida, real, presente, encima de los problemas y dando la cara ante sus ciudadanos. Un presidente simbólico, como propone Junqueras, no parece la solución. ¿Cuál es la próxima ocurrencia?

Puigdemont parece que se ha alquilado una residencia fija en la ciudad de Waterloo, al sur de Bruselas. ¿Tira definitivamente la toalla? Esperemos acontecimientos.

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