19 de enero de 2020, 17:57:41
Editorial


Puigdemont se burla de Junqueras



Los letrados del Parlamento catalán, aun con fuertes divisiones internas, han dado un balón de oxígeno a los independistas al dictaminar que el tiempo no corre, por lo que la sesión de investidura se puede aplazar sine die. Casualmente, pocas horas después, el núcleo duro de Puigdemont ha presentado una propuesta de reforma de la ley de la presidencia de la Generalitat para lograr su investidura a distancia. Pretenden hacerlo en lectura única, es decir, por la vía de urgencia, al igual que ocurrió en la anterior legislatura los días 6 y 7 de septiembre con las leyes del referéndum y de transitoriedad.

Cuando parecía que los tres partidos separatistas habían llegado a un acuerdo para investir a Elsa Artadi como nueva presidenta de la Generalidad, Puigdemont ha vuelto a dar una patada en la mesa ante la posibilidad de ser relegado a un papel simbólico y, sobre todo, para ganar tiempo. Ahora vive en su exilio dorado, rodeado de lujos que nadie sabe quién los paga, campando a sus anchas por Bruselas y creyéndose todavía el” presidente legítimo”, mientras Junqueras sigue encarcelado. Sabe que el día que sea investido un presidente efectivo, su figura se irá diluyendo hasta desaparecer. Por eso, se resiste inventándose maniobras surrealistas para mantener el protagonismo, como la reforma de ley para ser investido a distancia.

Una reforma de ley que ha presentado su partido en solitario, dos días después de que ERC advirtiera de que la ven inviable porque sería impugnada de forma inmediata ante el Tribunal Constitucional (TC) y abriría un nuevo contencioso con el Estado. El texto presentado no disimula que su único objetivo es investir a Puigdemont desde Bruselas. El párrafo principal de la propuesta no admite dudas: “En caso de ausencia, enfermedad o impedimento del candidato o candidata en el momento de presentar el programa de gobierno y solicitar la confianza del pleno del Parlamento, éste puede autorizar, por mayoría absoluta, la celebración del debate de investidura sin la presencia o sin la intervención del candidato o candidata. En este caso, la presentación del programa y la solicitud de confianza de la cámara se podrán hacer por escrito o por cualquier otro medio previsto en el reglamento… Se consideran incluidos entre los medios electrónicos válidos el correo electrónico, las audioconferencias y las videoconferencias”.

Es difícil retorcer más el reglamento del Parlamento catalán. Pero a Puigdemont poco le importa que ERC se oponga, que la propuesta de ley sea anulada por el Tribunal Constitucional y volver a dinamitar el principio de acuerdo al que habían llegado los tres partidos separatistas para poner en marcha la legislatura y poder gobernar dentro de la ley para que Rajoy levante el artículo 155. El ex presidente se empeña en seguir siendo el centro de atención y para ello está dispuesto a poner en riesgo la libertad de otros compañeros de viaje separatista, como Roger Torrent, que, sin duda, serían imputados en caso de aprobar el disparatado texto que han presentado.

La megalomanía, la soberbia y hasta la pérdida del juicio han convertido a Puigdemont en una caricatura de sí mismo. Sus veinte diputados fieles le jalean las memeces y no ocultan estar dispuestos a prolongar el tiempo que sea necesario este limbo jurídico, incluso a bloquear el Parlamento con el riesgo de enfrentarse a unas nuevas elecciones. Puigdemont no tiene prisa. Quiere prolongar sus lujosas vacaciones pagadas el tiempo que haga falta. Prefiere ser, como él todavía cree, el “presidente legítimo” a convertirse en “presidente simbólico”. Y no le importa burlarse de todos los catalanes, incluido Junqueras.

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