15 de mayo de 2021, 3:43:41
Opinión


"No olvidemos a los que aún permanecen cautivos"

Lucía Nieto


La entrañable y conmovedora imagen de Ingrid cautiva que recorrió el mundo y la euforia que ha envuelto a la humanidad tras su liberación la convierten en icono y referente del abominable delito del secuestro. Las circunstancias de su vida pública, su condición de mujer, el significado de su cautiverio, el valor por ella desplegado, las debilidades físicas y emocionales que le vimos y que ahora nos cuentan y su fortaleza para superarlas y sobrevivir, la entereza de su actitud, que en muchos momentos la condujo a pensar en no seguir viviendo antes que forzar a que el Estado colombiano se doblegara por su libertad, la influencia y los recursos que en su momento desplegaron sus familiares y amigos en pos de su libertad, las alianzas políticas estratégicas, que no quiere decir que estén desprovistas de humanidad, de muchos gobiernos, gobernantes y figuras públicas, la presión de la comunidad internacional y las propias circunstancias “únicas” e irrepetibles de su liberación, obligan a pensar en las miles de víctimas del secuestro, lejanas a muchas de estas condiciones y que solo comparten con Ingrid algo que por fortuna ya es solo parte de su historia, la falta de la libertad, pero que para ellos está siendo su presente.

Según datos de la fundación País Libre, ONG colombiana que se dedica a la atención y prevención del secuestro y los delitos que atentan contra la libertad personal, en los últimos 10 años en Colombia la cifra de secuestrados asciende a 23.666 personas y de estos, el 10 por ciento son niños menores de 12 años. Chiquillos campesinos víctimas de secuestro extorsivo que son sacados a la fuerza de sus casas, que parte de las historia de sus vidas es el cautiverio el que resumen así: Me tenían todo el día encerrado. No me dejaban ver televisión ni oír radio -contó el menor-. A cada rato me ponían a caminar por el monte. La comida era muy mala y sólo me daban una al día. Me insultaban y me decían que como mi papá no quería pagar me iban a matar. Y que a su regreso, cuando este es posible, las palabras de sus padres son: está muy delgado y muy afectado y confundido. No ha hecho sino llorar. En la actualidad hay cerca de 2.800 personas secuestradas. De ese total, las FARC todavía tienen en su poder a 25 de los que en un momento formaron la lista de canjeables y que han pasado de ser rehenes a ser considerados como prisioneros de guerra. Sus vidas corren peligro, al igual que las del resto de retenidos por las FARC, que son más de 500.

Este duro retrato del secuestro pone de manifiesto el reto que Ingrid, víctima liberada, madre y mujer, tiene ante sí: ella, la secuestrada con rostro, sabe muy bien que antes que cualquier aspiración de poder, su bandera de lucha es la libertad. Es consciente de ello: No puedo olvidar a los rehenes que siguen allí, dice. Estas son sus palabras: Mi prioridad ahora es pagar mi deuda. La primera es a mis hijos, porque han sufrido mucho, han luchado y ahora esperan de mí que les defienda. Mi segundo combate es para los rehenes que siguen allí, en la jungla. No puedo olvidarlos. Si la gente ha visto en mí una especie de símbolo, que es lo que siempre me han dicho, tanto mejor. Si desde mi ataúd vegetal, en cautividad, llegué a movilizar a la gente, ahora creo que es una obligación moral hablar, explicar, dar testimonio. El 20 de julio hay una gran marcha en Colombia para pedir la liberación de los rehenes, para decir a las FARC: 'Parad. Es infame lo que hacéis'. Quiero que este combate no sea sólo de los colombianos, sino de todo el mundo. Los rehenes necesitan que se luche por ellos como se luchó por mí.

Sí, abrazar a sus hijos, dormir con ellos, besarles y reñirles, ser madre, antes que nada. Luchar, seguir adelante, no desfallecer, no se lo perdonaría ni ella misma, ser mujer. Cuanto más das, más se espera de ti y más se te exige. Y así respondemos. Ingrid está débil y cansada, pero es mujer...
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es