19 de septiembre de 2021, 10:49:33
Opinión


Democracia Constitucional, simplemente

Juan José Solozábal


Que difícil es para el nacionalismo vasco no incurrir en la desmesura en sus reacciones, adoptar en sus respuestas políticas una actitud de serenidad y templanza. Siempre en trance. Siempre pensando en la excepción y el precipicio. Lo veía bien Azaola, cuando advertía que el nacionalismo, sea cual sea su dimensión territorial, suele moverse mejor en el campo de la teología que en el de la política.
La democracia constitucional es algo demasiado terrenal para ser entendida por el nacionalismo, aunque no sea muy complicada. Lo explico en dos palabras. El Estado de derecho es una forma política en la que las decisiones de quien establece finalmente lo que ha de hacerse, esto es los jueces, pueden recurrirse. Los jueces no determinan lo justo, sino lo debido, de acuerdo con lo fijado por la ley. La labor de los jueces es aplicar la ley, que mientras no se cambia debe cumplirse. Nuestro sentimiento de la injusticia, comprensible desde un punto de vista personal o político, puede llevarnos a procurar cambiar la ley, no a desobedecerla, ni a protestar porque haya que cumplirla.
La democracia de nuestros días no es plebiscitaria, dependiente de un solo punto de apoyo, revisable en cualquiera de sus aspectos por la voluntad instantánea de la mayoría. Tenemos una democracia constitucional en la que el poder se encuentra dividido y es ejercido por diversos órganos, sometidos a limitaciones y controles.

Dejemos entonces a los jueces, como parte del sistema, que hagan su trabajo, sin presionarlos, sin invocaciones improcedentes a la "justicia", ni recursos demagógicos al pueblo, que sólo el caudillismo puede cubrir, pero no nuestro sistema democrático. En nuestras latitudes y nuestro tiempo esto es lo que podemos ofrecer. No es teología, pero, de verdad, algo vale.
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