19 de noviembre de 2019, 19:05:55
Los Lunes de El Imparcial

NOVELA


Fernando García Calderón: De lo visible y lo invisible


Algaida. Sevilla, 2018. 520 páginas. 20 €.

Por Jorge Pato García


A Diego de Torres Villarroel (Salamanca, 1694-1770) se le puede atribuir perfectamente el haber sido el primer autor de gran éxito en la literatura en nuestro país. Sus almanaques, publicados bajo el seudónimo de Gran Piscator de Salamanca, fueron adquiridos por numerosísima gente tratando de encontrar en ellos las predicciones de futuro que con maestría literaria se incluían en ellos. Fue un verdadero fenómeno de masas, que diríamos en la actualidad. Siguiendo la pista de estos documentos y atraído por la biografía de Torres, Martín Tadeo de Salvatierra viaja a Salamanca tratando de desvelar si realmente era un genio o había sido un embaucador.

Fernando García Calderón (Sevilla, 1959) -autor también, entre otros títulos, de La judía más hermosa y Yo también fui Jack el Destripador-, nos traslada al año 1790, un periodo convulso a nivel político y social puesto que en nuestro país vecino del norte había tenido lugar la revolución que acabó con la cabeza de su rey rodando por el patíbulo. A pesar de que, según ha dicho el propio García Calderón, no se considera un profesional de la literatura, no es menos cierto que sus libros parecen querer llevarle la contraria en esta afirmación, más aún cuando sabemos que ya está trabajando en la que será una nueva entrega de su producción literaria.

La enigmática figura de Don Diego de Torres Villarroel cautivó al autor y se veía en la deuda de abordarla en una novela. Una figura controvertida, de orígenes humildes, con una parte de relumbrón intelectual y otra casi de pícaro cual lazarillo. El título de la novela hace referencia a esa contraposición entre la ciencia que empezaba a surgir en todo el orbe en contraposición con la superstición y el ocultismo, de ahí que esta novela se conciba como un relato de indagación en el cual Martín Tadeo será guiado por Niccolò Furio Hermes en una aventura que le permitirá descubrir el gran secreto de Torres Villarroel.

Y, por supuesto, tendremos un personaje femenino muy potente, la señora de la casa de Liria, que gracias a su carácter tendrá un protagonismo vital en la historia de esta novela, peleando en todo momento por no ser una mujer florero, rasgo este que la dota de una especial peligrosidad y atractivo para los que la rodea.

Sin duda alguna un perfecto homenaje a una de las figuras olvidadas de nuestra literatura, que da nombre a una de las principales calles de Salamanca. Justos reconocimientos el nombre de la vía salmantina y la obra que Fernando García Calderón le dedica.

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