22 de septiembre de 2021, 17:14:34
Opinión

DESDE ULTRAMAR


México en acre campaña presidencial

Marcos Marín Amezcua


Avanzamos en las campañas presidenciales mexicanas de cara a las elecciones generales del domingo 1 de julio, y debe destacarse que ningún candidato aborda todavía los grandes temas que preocupan al ciudadano de a pie, con la cabalidad necesaria –de la inseguridad a la perdida adquisitiva del salario, del empobrecimiento extendido y la corrupción priista o la violencia generalizada– con lo cual solo resta esperar el momento de sufragar, valorando al nauseabundamente corrupto e ineficaz sexenio del priista Peña Nieto y el desempeño de las autoridades salientes expuestas a las urnas y sus partidos, en todos los niveles de gobierno.

Vivimos una violencia que atestigua el asesinato de candidatos o autoridades de todos los partidos, como nunca antes en un proceso electoral (94) y más de mil declinaciones de candidatos a proseguir, ya sea por amenazas o ferocidad acechante al carecer de condiciones. En medio de todo este desbarajuste nacional y con una crisis económica creciente, mientras al PRI se le va el país de las manos, a Peña Nieto solo le preocupa que no se reconozcan sus supuestos logros en la presidencia más frívola y corrupta que se recuerde; cuando apreciamos opacidad e ineficiencia sinfín en todos los rubros abordados por ella. La balanza se inclina a lo negativo en el balance sexenal priista.

Los escenarios resultantes de la próxima reñida jornada electoral hasta hoy, son pocos, todos posibles de momento. Para empezar quizás debamos de esperar a la elección para saber quien ganará, como ya lo expresé. Ya sea si el izquierdista López Obrador, o una mal posicionada derecha bifurcada en José Antonio Meade en una alianza encabezada por el PRI o Ricardo Anaya por un frente que incluye partidos de izquierda y derecha. Tutifruti. La rumorología.

no para en medio de la polarización y la acritud social. Una y otra vez se rumora la declinación de un candidato, del PRI o del Frente anayista, para sumar votos contra López Obrador. El problema de una realidad así consiste en que las propuestas de tal unión carecen de una vena social en pro de las mayorías. Esas olvidadas. Se basa en un supuesto terror a la implantación del socialismo. Yo no lo veo posible, y en cambio sí considero que es peor el escenario de un PRI repitiendo en la presidencia luego de este desastre del que estamos saliendo bajo el priista Peña Nieto.

En ese panorama se posicionan dos modelos confrontados de país. Uno que revisa lo actuado, porque lo hecho en los sexenios inmediatos ha llevado pobreza, desarrollo limitado, desigual e injusto, sumando 60 millones de pobres frente a la postura de que el gobierno no debe subsidiar nada –el PRI ha rematado los bienes nacionales de una manera escandalosa a compinches y acomodados– y una más unida a la anterior, que reclama que el neoliberalismo aplicado va bien y no debe de retroceder. Lo que no deja claro es a qué llama retroceder en qué, porque lo que defiende es los negocios y componendas de este sexenio realizados dudosamente en pro del país. Ese es el tema.

No puedo callar que quienes defienden esta segunda postura han sido los grandes beneficiados del sistema. Su virulencia y su desprecio a los seguidores de López Obrador, el puntero opositor, son más rijosos que el sentimiento por años expresado en los seguidores de López Obrador. Se entiende, pero no deja de sorprender. Esta vez si no hay cambios en las tendencias, López ganará la presidencia muy a su pesar como sus opositores.

¿Puede no suceder que gane? Sí. Lo deseable es que quien gane lo haga con holgura y sin cuestionamientos. Ya pasó en el año 2000 y hasta cierto modo en 2012. No así en 88, 94 y 2006.

El escenario de robarle las elecciones a López Obrador como algunos plantean, se antoja peligroso porque el hartazgo social es enorme como para atreverse a tal y un triunfo cuya distancia sea reducida entre el primero y el segundo lugar, por un pelo de rana calva, se anticipa igualmente desaconsejado y peligrosísimo.

No, el panorama electoral mexicano es que no pinta nada bien. La civilidad debe primar y el pasto está muy seco como para andarse con tonterías de robarse elecciones. Y en este panorama los yanquis acechan. Ya dejaron entrever que se acomodarán y que trabajarán con el ganador, pero no hay certeza ni de que acepten cualquier resultado al sur de su frontera ni que vean bien a López Obrador, en caso de ganar.

El escenario de la izquierda gobernando México a muchos enfada. No considero que haya manera de momento ni después, de desmantelar el país para hacerlo Venezuela. Sin embargo, la timoratez en creerlo a pie juntillas, cala y pulula. La gente ha repetido como tarabilla eso y se lo reitero: yo no veo de dónde puede suceder. No tengo edad para recordar si eso mismo se decía de Felipe González, pero lo más negativo que se haya dicho de él, eso mismo se dice aquí. Y ya vemos que España no se hizo un estado soviético.

Termino. Lo reitero: créame que el peor escenario es que gane el PRI. Si en este sexenio Peña Nieto, sus cercanos se vendieron México a uno cuantos compinches, en el siguiente se escriturarán México. Merecemos mejor suerte y la opción que ofrece el PRI no es ni la única ni la mejor, porque estamos juzgando su desempeño. Y lo sabemos bien todos. Dicen lo oponentes a López Obrador que está obsesionado con el poder. Un PRI que ha defraudado resultados electorales, que ha comprado votos y perseguido opositores que le retan la permanencia en el poder, difícilmente puede decir que su ambición sin proyecto y su obsesión por retener el poder a como de lugar, es menor que la que critica en quien no ha ejercido la presidencia como los priistas sí lo han hecho tal y como lo critican. Así de sencillo.

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