22 de octubre de 2019, 4:04:09
Deportes

BALONCESTO


NBA. LeBron James, con la mano rota, tiró la toalla para la paliza de los Warriors

EL IMPARCIAL

El astro de Akron no mostró la intensidad que le caracteriza en el cuarto y definitivo partido.


En el duelo de la pasada madrugada en el que los Golden State Warriors tomaron el Quicken Loans Arena por 85-108 para hacerse con su tercer anillo en los últimos cuatro cursos se percibieron síntomas extraños dentro del devenir de las Finales, de los playoffs y de la temporada regular. No fueron las desconexiones defensivas de los Cavaliers -resultaron entre los tres peores equipos del año en cuanto al achique- ni el apagón en el rendimiento de Love y compañía en los momentos clave. Se trató de un episodio único. Una deshonrosa muesca dentro de un currículo legendario.

LeBron James se dio por vencido casi desde el salto inicial. Y así se lo hizo ver a sus compañeros. Los campeones arrancaron con un parcial que no tardó en bordear los dobles dígitos de ventaja, congelando el ambiente en la tribuna. Entonces, a las primeras de cambio, el más que posible MVP de la post temporada bajó los brazos y lo hizo sin disimulo. Lo que habían constituido parcelas descontextualizadas de relajación -en coberturas defensivas- se tornó en una actitud explícita de displicencia.

Si hubiera que destacar uno de los parámetros que han dibujado la icónica actuación del astro de Akron en los partidos que su vestuario ha disputado en estos playoffs es, sobre todo, su liderazgo. Ese 'seguid mi paso' que ha puesto en práctica con un promedio cercano al triple doble y con una labor de ancla anotador que en múltiples escenarios ha contagiado de confianza a sus compañeros. Con tiros sobre la bocina y un clinic dominante ante los Raptors. Los maltrechos Cavs de este proyecto rehecho en invierno creyeron en sus posibilidades después de beneficiarse de las explosiones de baloncesto de LeBron en los séptimos partidos de las eliminatorias ante Pacers y Celtics.

Y también en las que ha sumado frente al coral conjunto de Oakland. Porque en el, primer partido a punto estuvieron de abofetear a todos los analistas y de robar la ventaja de campo contra todo pronóstico. El partido proverbial del alero emblemático colocó a los suyos en posición de dejar en shock al mundo del baloncesto. Pero en la última posesión, con ventaja, decidió no tirar y pasar a George Hill. El base falló su segundo tiro libre, J.R. Smith se desorientó y en la prórroga el punto se quedó en casa.

En ese trago emocional, precisamente, se empezó a revelar la esencia del hartazgo del patrón desasistido. Su reacción de desespero público en plena charla de Tyronne Lue, antes del comienzo del tiempo extra, fue descriptivo. Se llevó las manos a la cabeza cuando se dio cuenta de la oportunidad perdidad. Y no miró a J.R. Smith ni a ninguno de sus compañeros en el resto de la charla. Era el primer encuadre derrotista del astro. Lo que no se sabía es lo que aconteció minutos después. Lo ha explicado James en sala de prensa, después de la confirmación del primer 4-0 que encaja en unas Finales.

"Habíamos hecho un buen baloncesto, pero se sucedieron las decisiones de los árbitros y me molestó que nos arrebatasen un partido que teníamos ganado. La realidad es que al final dejé que mis emociones me invadiesen y cuando llegué al vestuario sucedió lo que sucedió", avanzó antes de dejar al personal boquiabierto al reconocer que dio un puñetazo a la pizarra en los vestuarios que le supuso una lesión en la mano que le acompañaría el resto del viaje en pos del anillo. "Simplemente, al final me tocó jugar los tres últimos partidos con la mano derecha casi rota", resumió.

El jugador de 33 años, que ha terminado por no esconder su indignación por el cariz del diseño de plantilla y las decisiones del cuerpo técnico -un monto que ha dejado las esperanzas de su franquicia en que él ejecutara una heroicidad histórica por noche-, se sometió a dos resosnancias magnéticas y usó un molde protector cuando no entranaba o jugaba, manteniendo esta argucia fuera de la vista del mundo. Esa confesión rubricó su rendimiento en el cuarto partido.

Porque en este duelo postrero LeBron no insufló la energía acostumbrada a sus acólitos, ni se implicó como venía haciendo en ambas fases del juego, como si quisiera demostrar lo mucho que dependía de él el destino de los Cavs. Nunca aceleraría en el combate que desbordó a los de Ohio, quizá por el cansancio acumulado o porque esa falta de fuelle se multiplicó cuando su mentalización cayó en la cuenta de que había que tirar la toalla. "Simplemente, ellos (los Warriors) fueron superiores en los momentos decisivos, consiguieron los puntos que marcaron la diferencia y después del primer partido, tal vez, como equipo nos vinimos abajo, pero luchamos bien en el segundo y en el tercero tuvimos opciones al triunfo hasta el último minuto", sentenció.

"Ahora hay que dejar que pase el tiempo para similar la derrota y seguir adelante. Ahora es el momento de afrontar una derrota que nos duele, pero a la vez logramos de nuevo superar muchos obstáculos y estar de nuevo en las Finales, con la posibilidad de luchar y conseguir el título, que se lo llevó el equipo que logró los cuatro triunfos que necesitaba", señaló dejando en el aire su continuidad en la franquicia de su ciudad. Una estructura que le ha abandonado en este 2017-18 al no poder darle otro Kyrie Irving que le reste presión. Las críticas se multiplican antes su manifiesta desconexión en la paliza que sufrieron los suyos para cerrar la series. Discurren en paralelo con los rumores sobre su despegue hacia otro destino en este mercado estival.

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