15 de junio de 2021, 12:48:00
Opinión


La intromisión de Daniel Ortega



Colombia está de enhorabuena. La liberación de Ingrid Betancourt y el resto de cautivos por las FARC supuso una inyección de alegría en la castigada moral del pueblo colombiano. Tras largos años de secuestros y asesinatos, parece que las tornas se invertían, y era el Gobierno quien empezaba a ganarle el pulso a los narcoterroristas. Dado el poder económico que otorga el tráfico de drogas, así como la experiencia -no en vano, las FARC son la guerrilla más antigua de Iberoamérica- y la baza de los rehenes capturados, la batalla no era fácil. Las FARC hace ya tiempo que dejaron de tener un discurso político claro -a decir verdad, nunca lo tuvieron-, para convertirse en una mera asociación de malhechores.

La aureola revolucionaria izquierdista pasó a la historia como una mala pesadilla, por mucho que ahora líderes políticos tan preclaros como Hugo Chávez o Evo Morales se empeñen en resucitarla. También Daniel Ortega, quien desde Nicaragua ha reconocido haber “entrado en contactos con los hermanos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia para aportar la paz a Colombia”. Lo que faltaba. Parece que este señor no se ha enterado aún de que sus “hermanos” de las FARC no son más que una banda de delincuentes que secuestran, asesinan y trafican con drogas. Y además, se permite arrogarse unilateralmente el papel de negociador, sin que nadie se lo haya pedido. El Gobierno colombiano ha desautorizado su puesta en escena, como no podía ser de otra manera. Parece que ha habido algún contacto entre el Gobierno de Uribe y la narcoguerrilla, lo cual ha de llevarse con una discreción absoluta. Y Daniel Ortega, que se dedique a su Nicaragua natal, en lugar de buscar un protagonismo mediático fuera de lugar. Que se fije en Fidel Castro, quien en una de las escasísimas intervenciones juiciosas a lo largo de toda su vida se felicitó por la liberación de los rehenes. Por si al Gobierno colombiano no le bastase con intentar erradicar a las FARC y sacar al país adelante, ha de convivir además con vecinos continentales como Correa, Evo Morales, Chávez, los hermanos Castro o el mismo Daniel Ortega. Sólo por eso ya es digno de consideración. Como diría el conde de Romanones -aproximadamente-, “vaya tropa”.
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