6 de mayo de 2021, 21:15:02
Deportes

patrocinadores y aficionados pierden la confianza


El deporte de los héroes entra en crisis por culpa del dopaje



El ciclismo profesional es un deporte con mayúsculas, por el sacrificio que exige, por su belleza y por la sana y apasionada afición que genera. Algunos se limitan a renunciar a la siesta para vibrar con las etapas con final en míticos puertos como Alpe D´Huez o el Mortirolo, muchos van mucho más allá. Centenares de seguidores se desplazan allí donde hará su aparición la serpiente multicolor y se apean en las cunetas para inscribir sobre el asfalto palabras de ánimo a sus héroes y aplaudirles y vitorearles a su paso. Otros sacian su anhelo de emular a las figuras del pelotón cargando con la bicicleta en su coche para escalar con ella esos parajes de montaña que parecen existir sólo en la televisión. Y lo consiguen, y jóvenes, no tan jóvenes y mayores, superan una línea de meta ficticia en la que obtienen el premio de haberse convertido por unas horas en Federico Martín Bahamontes, Miguel Induráin o el joven Alberto Contador.



Alberto Contador, corredor de Pinto, ha ganado las últimas ediciones del Tour y el Giro.

Pero algo muy grave está ocurriendo. El ciclismo pasa por una de sus más graves crisis de credibilidad tras los últimos casos de dopaje en el Tour de Francia de los españoles Manuel Beltrán y Moisés Dueñas y, por último, el más sangrante de los positivos, el de una de las grandes promesas y esperanzas del ciclismo, del que decían era la reencarnación del fallecido Marco Pantani. Ricardo Riccó, italiano de 24 años del Saunier Duval, dio el salto en la última edición del Giro, en el que se tuvo que conformar con el segundo escalón del podio bajo la alargada sombra un carismático Contador al que no han dejado disputar la ronda francesa. El de Pinto está pagando "los daños causados por Astana –su equipo- al Tour y al ciclismo en general, tanto en 2006 como en 2007 –antes de la llegada de Contador-", como argumentó la empresa organizadora de la carrera. Con el camino libre por tanto, Riccò reunía muchas papeletas para ser el protagonista. Gran escalador, provocador y con no demasiados amigos en el pelotón, el joven italiano ha interpretado ese siempre necesario papel de antihéroe, un Richard Virenque, un pirata como Pantani, alguien que pese a su desbordante personalidad y duro carácter obligaba a la admiración al verle desafiar las más duras pendientes a lomos de su bicicleta.



El italiano, descendiendo un puerto que le conduciría a la consecución de su primera etapa.

Riccò estaba siendo el rey de la montaña, así como su equipo el gran dominador del Tour, con varias etapas ganadas y muchos de sus corredores en los primeros puestos de la general. Pero todo estalló tras conocerse el positivo de Riccò por EPO de tercera generación –o CERA- en la cuarta etapa de la ronda gala.

Quien pocos días antes del comienzo de la carrera declaró en una entrevista a “El País” que le “cabrea” la hipocresía en el ciclismo, es desde hace unos días señalado por compañeros y afición como el culpable de que este deporte haya perdido mucho de su crédito. Quien también dijo que daría que hablar en las tres semanas de Tour, lo ha conseguido inyectándose un producto de última generación que se utiliza desde hace apenas un año en pacientes con graves insuficiencias renales, y que al ciclista le estimulaba la producción natural de eritropoietina. La CERA no puede adquirirse en farmacias y se estima que en el mercado negro podría alcanzar los 1.000 euros cada jeringuilla –basta con dos mensuales-.



Riccò, conducido a comisaría tras conocerse su positivo.

La eterna cuestión es quién suministra y asesora a los corredores. Concretamente, el español de Barloworld Moisés Dueñas ha señalado a un médico español como proveedor de estas sustancias dopantes, quien ya ha salido al paso de la acusación y ha asegurado no tener nada que ver con el asunto. Los investigadores que registraron la habitación del hotel en el que se hospedaba Dueñas encontraron material idóneo para doparse. Además de jeringas, agujas y bolsas de perfusión, entre sus efectos personales había una cantidad importante de productos no identificados, en píldoras, polvo, líquido y bolsitas, “cuyos principios útiles no son conocidos”, declaró Gérard Aldigé, fiscal encargado del caso. Ahora Dueñas -recordemos que hablamos de un deportista-, está imputado por delitos de contrabando y contra la salud pública y se podría enfrentar hasta a tres años de prisión más una elevada suma en calidad de multa.

Un experto en ciclismo que conoce bien al pelotón ha querido salvaguardar el honor de los ciclistas en declaraciones a EL IMPARCIAL. Revela que, en muchas ocasiones, las sustancias que desencadenan el positivo son para recuperarse del gran esfuerzo al que se ven sometidos y no duda en reconocer que la palabra dopaje ha hecho mucho daño al ciclismo, pero que “no se puede concebir al ciclista como un drogadicto, porque no lo es. Hablamos de personas que entrenan muy duro, bajo condiciones climatológicas de toda clase y con un nivel de exigencia y sacrificio muy elevado”. No obstante, esta fuente considera que “se necesita mucho tiempo para que este deporte se vuelva a ver como algo épico”.


Lance Armstrong, seis veces ganador del Tour, tampoco se ha librado de los rumores.

Ellos, los ciclistas, son los últimos responsables de introducir en su cuerpo sustancias prohibidas si bien, como indican destacados médicos deportivos, alguien les provee de esos productos, les facilita el material para su consumo y les enseña a utilizarlo para pincharse de la forma correcta y con la dosis oportuna. Los tramposos son los primeros afectados, pero no los únicos. Compañeros de equipo y de profesión, quizá con un sueldo no tan elevado o con una edad que ya les aleja de la elite, se quedan sin equipo y son víctimas del fuego amigo. Patrocinadores y afición han retirado en gran parte su confianza, y de los propios ciclistas depende negarse a la hipocresía y recuperar este bello deporte como lo que ha sido y sigue siendo, al menos en aquellos que luchan con el único alimento de la motivación que supone ser el héroe de una práctica que, temporalmente, ha perdido su dignidad.

Para renacer, el ciclismo debe borrar el rastro que dejan casos como la Operación Puerto, en la que fue puesta en duda la profesionalidad de 58 ciclistas enmarcándoles en una trama criminal dedicada a la gestión de autotransfusiones de sangre y a la organización y planificación de tomas, suministros y venta de sustancias prohibidas. Roberto Heras, Iban Mayo, Floyd Landis o Marco Pantani llevarán por mucho tiempo vinculado a sus nombres la palabra dopaje. El último de ellos protagoniza uno de los recuerdos más amargos. El 14 de febrero de 2004, el genial escalador fue encontrado muerto en la habitación de un hotel. A su alrededor, varias cajas vacías de antidepresivos. Un paro de corazón por edema pulmonar, que más tarde se confirmó que sería motivado por su adicción a la cocaína desde 1999, acabó con su vida.

José María “el Chava” Jiménez también se marchó, en diciembre de 2003. Aún era muy joven pero se retiró prematuramente del ciclismo, aquejado de una fuerte depresión desde hacía un año. Pero “Chava” se fue con una sonrisa de todos los que querían a este deporte. Con una fisonomía muy parecida a la de Miguel Induráin y brillante en la montaña –su punto débil eran las etapas contrarreloj-, regaló tardes míticas en la Vuelta Ciclista a España. Concretamente, en la historia de la ronda quedará grabada en lugar de excepción su victoria en la primera ascensión al Angliru.



El Angliru, en Asturias, no es un puerto de montaña cualquiera, es el infierno –como muchos le apodan- por sus rampas imposibles, por los coches de equipo que allí han roto sus embragues y por los ciclistas que, a pie, se han resignado a saber que hay pendientes que retan a la capacidad física humana.

Aquella tarde de 1999, "Chava" se escapó del grupo principal y surgió de la niebla que cubrió la ascensión. Con los brazos levantados, dejó atrás el infierno y encaró la meta y los flashes con la mejor de sus sonrisas. Un héroe. Encantador, espontáneo y divertido, el desaparecido "Chava" es el ejemplo de un ganador con quien pudo el ciclismo, pero no sin antes haber alimentado la épica del que era y se espera que vuelva a ser el deporte de los superhombres.
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