25 de agosto de 2019, 13:33:34
Editorial

EDITORIAL


Sánchez, entre la espada separatista y la pared de Bruselas



A Pedro Sánchez poco le importa la realidad. Está dispuesto a aprobar los presupuestos a costa de lo que sea con tal de amarrar la poltrona. Y no quiere admitir que para sacar adelante las cuentas del Estado, como poco, tendrá que indultar a los golpistas catalanes cuando sean condenados por el Supremo, además de cumplir con las exigencias europeas.

Porque en un solo día se ha llevado dos rapapolvos. La Unión Europea ha criticado duramente los presupuestos y Junqueras le ha exigido la libertad de los políticos presos. En la delirante rueda de Prensa que celebró en Bruselas, Pedro Sánchez alardeó de que los dirigentes comunitarios se fiaban más de sus cuentas que de las de Rajoy. Solo un día después, la Comisión Europea le envió una dura carta en la que advierte de que puede haber un riesgo de que se desvíe del ajuste estructural que le exige Bruselas en 2019 y le pide más información sobre las medidas incluidas en el borrador de presupuestos.

En su misiva, el Ejecutivo comunitario señala que el borrador prevé un aumento nominal del gasto neto del 1,7 %, "que excede el aumento máximo recomendado del 0,6 %", así como que el ajuste estructural del 0,4 % del PIB que prevé se queda por debajo del 0,65 % recomendado por las instituciones. Y añade el comunicado que "basados en la limitada información disponible no podemos excluir un riesgo de alguna desviación del esfuerzo requerido". Esto es; Europa no se fía de las cuentas de Pedro Sánchez por exceso de gasto y falta de información. Pero el presidente del Gobierno no quiere darse por enterado.

Más surrealista aún fue la peregrinación de Pablo Iglesias a la cárcel para visitar a Junqueras y convencerle de las bondades de apoyar los presupuestos. El líder de Podemos, además de acaparar el protagonismo como copresidente del Gobierno con su paseíllo ante las cámaras, departió amigablemente durante toda la tarde con el presidente de ERC, pero a la salida le mandó un recado envenenado a Pedro Sánchez al recordarle que ahora le toca a él mover ficha, pues los separatistas exigen la libertad de los políticos presos antes de apoyar al Ejecutivo.

Pedro Sánchez, pues, se encuentra entre la espada separatista, que de momento no se mueve hasta que el Gobierno interceda por los políticos presos, y la pared de Bruselas que le viene a decir que es inadmisible saltarse la normativa europea e intentar colar unas cuentas con tan pocos datos. Pero el presidente del Gobierno insiste en que aprobará los presupuestos y aguantará en La Moncloa hasta 2020. Lo primero lo tiene difícil; pero lo segundo se da por seguro, aun prorrogando los poco “fiables” presupuestos de Rajoy e incumpliendo por enésima vez su palabra.

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