24 de junio de 2019, 22:12:18
Cultura

TALLER DE VAN EYCK


El Museo del Prado rescata del olvido La Fuente de la Gracia tras siglos de enigmas

Elena Viñas


El Museo del Prado ha recuperado el esplendor de La Fuente de la Gracia, un óleo sobre tabla del siglo XV que durante años fue la principal pintura flamenca de sus fondos y foco de teorías dispares sobre su autoría, procedencia y significado.

Pintada hace 600 años y redescubierta en los años 30 del siglo XIX coincidiendo con la desamortización, la obra pasó a los fondos del Prado procedente del Museo de la Trinidad, a donde a su vez llegó desde el Monasterio del Parral en Segovia donada por Enrique IV.

El estudio de la historiografía y la restauración de la tabla han permitido ahora al museo despejar los enigmas que envuelven a esta pieza fundamental de la pintura flamenca vinculada al taller de Van Eyck, artista a quien durante años se atribuyó su ejecución. En total, ha sido objeto de diez atribuciones.

Durante siglos se ha teorizado con que este cuadro basado en el políptico de los hermanos Van Eyck en la catedral de Gante fue pintado en España. También se ha barajado la posibilidad de que fuera una copia, se ha planteado que transmitía un mensaje antisemita y se ha especulado sobre la identidad de los representados en el plano inferior.

Hoy esas dudas han sido disipadas gracias a la investigación del Prado, que dedica una exposición de pequeño formato a la obra.

La Fuente de la Gracia (1440 - 1445). Óleo sobre tabla, 181 x 119 cm.


La representación está realizada en tres planos. En el superior se encuentra Cristo en el trono, entre la Virgen y San Juan Evangelista, con el Cordero a los pies, de donde brota un manantial. En el medio aparecen ángeles músicos y cantores. En el plano inferior se representan a la izquierda reyes, nobles, papas, teólogos, y a la derecha varios judíos confusos y en fuga, uno de ellos con los ojos vendados. Las Sagradas Formas que manan con el agua dan al tema un claro significado eucarístico y convierten el agua en símbolo de Gracia, que ilumina a la Iglesia Triunfante y ciega a la Sinagoga, es decir, a los judíos que no reconocen a Cristo.
Museo del Prado

A partir del análisis de las fuentes históricas, literarias y pictóricas, el museo ha podido determinar que la obra fue hecha a partir de dibujos, modelos y bocetos “solo accesibles para quien formara parte del taller de Van Eyck”, explica José Juan Pérez Preciado, técnico de conservación del museo y comisario de la muestra.

Según Pérez Preciado, no hay duda de que fue “hecha por y para Castilla”y que no se trata de una copia, sino de una obra creada "ex novo" en Flandes. “No es marcadamente antisemita como se ha creído, sino que tiene un mensaje conciliador”, añade.

Desde su llegada a los fondos de la pinacoteca, ha sido una las obras más reproducidas. Se utilizaba para ilustrar manuales de la pintura flamenca del siglo XV e inauguró la serie fotográfica de Jean Laurent para el museo.

Sin embargo, retirarle la autoría a Van Eyck sumió la obra en una “crisis injusta que la apartó del foco de atención”, según Andrés Úbeda, director adjunto del Prado, que se refiere a estas pinturas en el olvido como “el drama de cuadros sin autor”. Y reivindica su importancia: “No conocer al autor no significa que no merezca interés”.

Actualmente, el Prado expone esta pintura en una sala contigua a una de las estrellas de su colección: El descendimiento, de Van der Weyden. Será esa la ubicación que le reserve una vez concluya la exposición monográfica en la sala D del edificio Jerónimos, tal y como ha confirmado a este periódico Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca, pese a la sugerencia planteada por Pérez Preciado de colocarla en un lugar "preeminente".

La restauración

El propio Vergara fue quien en 2015 llamó la atención sobre la necesidad de limpiar la tabla, que finalmente ha sido sometida a 15 meses de trabajos de restauración.

Pese a que habitualmente toda restauración comienza con el soporte, la estructura de madera "estaba en perfecto estado", ha explicado Enrique Quintana, coordinador de Restauración y Documentación Técnica del Prado, quien ha detallado que los trabajos de conservación se han centrado en la limpieza de la superficie pictórica, dañada por "capas de barniz oxidado que aportaban un tono pardo que impedían ver la trasparencia del color".

La restauración ha recuperado el espacio y la profundidad mientras la reflectografía infrarroja ha dado a conocer alteraciones compositivas.

El marco del siglo XIX, el mismo con el que la obra llegó al Prado, ha sido también restaurado.

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