17 de octubre de 2019, 7:32:20
Cultura

TEATRO REAL


Only the Sound Remains, de Kaija Saariaho: una ópera sobre el ansia de divinidad

Isabel Cantos

En un decorado casi zen se estrenó este miércoles en el Teatro Real la ópera Only the Sound Remains (Solo el sonido permanece). El público asistente al estreno, sumergido durante dos horas en un maravilloso y mágico universo sonoro, supo reconocer la gran calidad de la música la compositora nórdica Kaija Saariaho (1952), que ha aprovechado su estancia en la capital para desplegar una intensa actividad intelectual.


Only the Sound Remains consta de dos obras cortas, en las que sendos protagonistas indagan y entran en contacto con lo transcendente. En la primera, más oscura en su argumento, un sacerdote hace un justo ritual a un importante personaje desaparecido. Este recobra la vida y ambos entablan una relación difícil de calificar. La música de esta primera parte es absolutamente sorprendente, de una textura y, a la vez, delicadeza difíciles de definir. Este extraordinario ambiente sonoro se consigue en parte con el instrumento finlandés kantele y con la flauta travesera, que dialogan, acompañados por un cuarteto de cuerda, mientras que una voz humana declamada interviene pronunciando cortas palabras, de supuesto sentido mágico, confiriendo al conjunto un efecto sorprendente.

Dentro del foso de músicos, un cuarteto de voces (dos masculinas y una femenina). En el escenario, solo dos intérpretes, el contratenor Philippe Jaroussky, interpretando al espíritu del joven fallecido, y el barítono-bajo Davone Tines encarnando al sacerdote. Cómo única decoración, un maravilloso lienzo de la pintora etíope Julie Mehretu (1970, Addis Abeba), cuya fama ha crecido exponencialmente en los últimos años (el Museo Británico le dedicó en 2010, a ella y a Picasso, el título de una exposición, “Picasso to Mehretu”). El lienzo de Mehretu parece una saturación de escritura oriental, donde los trazos de tinta se superponen, en numerosas capas, sobre un fondo blanco con mucha textura, con el que la magistral iluminación de de James F. Ingalls consigue riquísimos efectos plásticos.

En la segunda obra, de cincuenta minutos de duración, como la primera, un pescador, encarnado por Davone Tines, encuentra por azar un manto de plumas de una ninfa del cielo. Un ángel, papel interpretado por Jaroussky, se le aparece y le invita a devolver la capa, a lo que el pescador se niega al principio, pero luego accede si las criaturas celestiales danzan para él. En esta segunda obra, al contrario que en la primera, el ser humano mira al cielo, no a la vida de ultratumba; el texto es alegre, lleno de evocaciones a la naturaleza y a lo trascendente, como, por ejemplo: “El viento es solo la voz de los pinos ancestrales”, o “He aquí la belleza, que eleva a la mente por encima de sí misma”. En definitiva, la autora nos invita a indagar en nuestro yo más espiritual. En esta segunda parte, gracias al trabajo de iluminación de Ingalls, el lienzo escogido de Mehretu (mucho más grande que el de la primera obra, de forma que ocupa todo el fondo del escenario), parece ahora una aurora boreal. La ninfa celestial baila, ya ataviada con su manto de plumas, para el pescador. La danza corre en realidad a cargo de la extraordinaria bailarina Nora Kimball-Mentzos: su cuerpo se flexiona de forma sutil en un baile que evoca danzas japonesas, describiendo trazos que recuerdan a los del mismo lienzo de Mehretu que hay detrás, sobre el que su sombra se proyecta, agrandada y trasfigurada. La orquestación, maximalista dentro de lo atonal, con un pulso cierto, pero con un compás absolutamente irregular, también recuerda escalas japonesas y es extremadamente colorista; la sutileza es absoluta. En el coro sorprende encontrar efectos madrigalistas en la forma en que se alternan y se responden las distintas voces, mientras que la línea de canto de los intérpretes, Jaroussky y Tines, también se transforma al pasar por los instrumentos electrónicos, llegando la del contratenor francés a parecer absolutamente sobrenatural.

En definitiva, Only the Sound Remains es una obra de arte total, que aúna literatura, música, danza y pintura. Es un trabajo que se separa drásticamente de la ópera clásica. Estamos ante un formato, que recrea el teatro japonés noh, sin intentar en ningún modo imitarlo ni hacer un remedo del mismo, en el que la casi ausencia de dramatización está ampliamente compensada por la recreación visual y musical, al tiempo que invita a indagar en el hedonismo espiritual.

La compositora Kaija Saariaho es Premio BBVA de Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música Contemporánea. Ayer, 23 de octubre, coincidiendo con el estreno, ofreció una Clase Magistral el Real Conservatorio Superior de Música. El pasado lunes, 21 de octubre, concedió una conferencia a la prensa durante un desayuno ofrecido por el Teatro Real.

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