14 de octubre de 2019, 13:50:00
Cultura

PRÉSTAMO


La última pintura religiosa de Goya vuelve al Museo del Prado

Elena Viñas


El Museo del Prado muestra La última comunión de san José de Calasanz, de Goya, como préstamo durante un año, prorrogable por otro.

Pintada en 1819, fue un encargo de la orden de los escolapios a Goya para decorar el altar de la iglesia de San Antón del colegio de las Escuelas Pías de Madrid.

Está considerada la última pintura religiosa y su última obra pública. Por su importancia, no es la primera vez que es expuesta en el Prado. Ya lo hizo hace 22 años con motivo de la exposición Goya 1748-1828 después de haber sido restaurada en 1994 por el propio museo a petición de los escolapios, que también la prestaron para Goya en tiempos de guerra en 2008.

Durante los últimos años, La última comunión de san José de Calasanz ha viajado a Roma, donde formó parte en el año 2000 de una exposición en el palacio Barberini, y a Boston, donde fue trasladada en 2014 - por primera vez en Estados Unidos - cedida para una retrospectiva del pintor.

Goya recibió 8.000 reales por la obra, pero devolvió las tres cuartas partes de sus honorarios además de regalar a la orden 'La oración en el huerto'

Hoy forma parte de la colección de pintura religiosa de la orden de los escolapios en el Museo Calasancio de Madrid, donde fue depositado el lienzo procedente de su ubicación original en la iglesia de San Antón. Junto a la obra de Goya, este pequeño museo muestra La oración en el huerto, regalo de Goya a la orden, y piezas religiosas de Ribera o El Greco. Aunque la entrada es gratuita, el acceso requiere de una petición previa.

Según Miguel Falomir, director del Prado, se trata de la pieza “más importante” de Goya fuera de la colección del museo y puede considerarse como “su última obra maestra de pintura religiosa”.

En opinión de Manuela Mena, experta en el pintor, el cuadro demuestra la “fuerza mental y física” de Goya para ejecutarlo a los 75 años. “Fue pintado de una sola mano, sin ayudantes”, explica Mena, que detalla que la iconografía la estableció el propio pintor sin más referencias que las lecturas sobre la vida del santo o pinturas que había contemplado como La comunión de San Jerónimo, de Domenichino.

Goya retrata el momento de la última comunión del santo estando muy enfermo en Roma y acompañado de sus alumnos y colaboradores en la iglesia de San Pantaleón

El pintor recibió el encargo de los escolapios de pintar una obra de altar dedicada al fundador de la orden, San José de Calasanz, defensor en el siglo XVI del derecho de todo niño a la educación. El tema representado se centra en la importancia que tenía la Eucaristía en los colegios de Calasanz, quien en el lienzo recibe su última comunión antes de morir rodeado por un grupo de figuras que representan las tres edades del hombre: los niños, los jóvenes y los ancianos.

Nada se sabe de la relación del pintor con los escolapios en este periodo, al margen de que la orden estaba regida por aragoneses y de la creencia de que el artista estudió en las Escuelas Pías de Zaragoza, lo que no está probado. Es una de las teorías que acompaña la vida y obra de Goya. Una de tantas, como ha recordado Mena, que ha descartado que en el lienzo se retratara a sí mismo, a su hermano o a su nieto, como así se ha especulado.

La fe, la duda o el éxtasis son estados del alma retratados por Goya en la pintura, en la que demuestra una vez más, según Mena, “la magia de sus pinceladas” para sugerir y dotar a la escena de luz, movimiento y perspectiva. “Todo el cuadro está lleno de detalles”, concluye.

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