12 de noviembre de 2019, 14:32:12
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Copa Davis. Croacia toma Francia y se proclama campeona del último título | 1-3

EL IMPARCIAL

Marin Cilic certificó la gloria balcánica al imponerse a Pouille en el cuarto partido. Fue el mejor de la final que ha despedido a la Copa Davis tradicional.


La Copa Davis en el formato en que se ha consolidado como un torneo de rango legendario ha echado el cierre. Y lo ha hecho coronando a Croacia, que este domingo conquistó su segunda ensaladera. Esta gesta para el país balcánico fue certificada por Marin Cilic -el mejor de la final, sin duda- y por Borna Coric. Ambos elevaron el nivel en los duelos individuales para dejar a Francia al borde de la debacle a las primeras de cambio. El estadio Pierre Mauroy de Lille sólo pudo paladear algo de ilusión en el partido de dobles. Nada más.

Los croatas se convirtieron en los dominadores de la edición postrera del torneo creado en 1900. Impusieron su clase, ratificada por el ránking que ocupan en el circuito de la ATP. Ese estatus quedó reflejado sin debate ante las apuestas que quiso desplegar el capitán galo, Yannick Noah. Incluso la elección de la tierra batida como argucia para ganar más opciones le salió al revés al técnico francés. Los tenistas visitantes se comportaron como colosos y ni siquiera cederían un set.

Cilic, de 30 años y séptimo mejor jugador del planeta, fue el encargado de enterrar las opciones de Francia. Le tocaba medirse a Lucas Pouille, la solución que encontró Noah ante la lesión de Jo-Wilfried Tsonga y el pesar de Jérémy Chardy. El galo alzaría las prestaciones mostradas por sus compatriotas en los enfrentamientos del viernes, mas no alcanzaría a romper el saque del número uno croata en ninguna ocasión. Todo un retrato de la real relación de fuerzas.

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Francia, que venía de haber ganado el título en 2017 se aprovechó de la lesión de Rafael Nadal para acceder a la final. De la misma manera que en la edición previa se había infortunado Novak Djokovic en la misma ronda. En cambio, cuando se vieron ante el escuadrón balcánico no escaparon a la pobre temporada que habían trazado sus jugadores en el calendario tenístico. Coric y Cilic se manejarían con comodidad para destronar a los galos e inscribir sus nombres en la historia del deporte de su país. Y, de paso, ofrecer a sus 4 millones de paisanos la revancha del Mundial de fútbol de Rusia 2018.

La ronda final celebrada en Lille no tuvo historia. Los 25.000 aficionados que abarrotaron el estadio casi no tuvieron hueco para alzar la temporatura y generar la atmósfera tan característica de la Davis. Un encuadre ambiental que no regresará ya debido a la nueva fórmula adoptada por la Federación Internacional (ITF). En la intrahistoria de este sonrojo sale señalado Noah. Aspiraba a su cuarta ensaladera como capitán (tras las cosechadas en 1991, 1996 y 2017), pero se perdió en la búsqueda de soluciones.

Los croatas se adaptaron a la perfección a la tierra batida y a partir de ahí todo se le vino en contra. Sentó a Pouille el viernes para dar la alternativa a Chardy y Tsonga. Y ambos no respondieron a las expectativas. El primero dio síntomas de nerviosismo, pues era la primera final importante en la que participaba; y el segundo había estado lesionado durante casi todo el curso, sólo jugando un partido en esa superficie y otro a cinco sets desde que volviera de su rehabilitación. Una jugada arriesgada que dejó el título condicionado en favor de la competitividad balcánica.

Sin margen de maniora, metió a Pouille el domingo. Pero era demadiado tarde. En el debe del técnico quedará marcado para siempre el haber dejado fuera a jugadores como Gilles Simon, el francés con mejor ránking del momento, o Gael Monfils, experimentado en partidos de alto nivel. La alegría aportada por la pareja de dobles, con Mahut -que abrió la serie llorando al escuchar La Marsellesa, en una suerte de anuncio de lo venidero- a la cabeza- no tuvo continuidad. Y Cilic puso la guinda al alborozo croata.

Asimismo, el tenista se quitó el mal sabor de boca que le quedó de la edición de la Davis de 2016, cuando arrinconó a Juan Martín del Potro en el cuarto partido de aquella final pero terminó por perder y facilitar la remontada argentina. Redujo a Pouille a un estertor en la primera manga y tras ganar el juego determinante se allanó el resto del combate. Al término de su esfuerzo jerárquico declararía lo siguiente: "Es un sueño hecho realidad. Se cierra un capítulo de la historia. Era la última vez que podía ganarla y ahora vivo algo maravilloso. Espero defenderla el año próximo en Madrid".

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