25 de mayo de 2020, 22:43:42
Opinión

Y DIGO YO


¿Reforma educativa contra la manipulación?

Javier Cámara


Recuerdo la época de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando su ministro de Educación intentó –y a punto estuvo de conseguirlo– un pacto entre partidos en la materia. Ángel Gabilondo casi lo tenía. El acercamiento entre las formaciones políticas fue, probablemente, el más notable que hayan tenido nunca desde que se habla de llegar a un verdadero acuerdo por la educación en España que evite estar aprobando y derogando reformas previas.

Finalmente fue su propio jefe el que echó para atrás el proyecto. La educación ha sido siempre y seguirá siendo una cuestión clave en los partidos con ambición de gobierno y, sobre todo, de perdurabilidad. Si consigues imponer en la escuela tu sesgo ideológico, tienes garantizado por años un buen remanente de votos ciegos.

Un ejemplo muy claro lo tenemos hoy en Cataluña. Basta escuchar los conceptos históricos esgrimidos por mucha de la chavalería que acude a las manifestaciones independentistas para darse cuenta del buen trabajo de adoctrinamiento que se ha realizado en los colegios por parte de algunos profesores desde hace años con el consentimiento de las autoridades educativas. Tratar de justificar el origen catalán de Cristóbal Colón o buscar catalanizar a Miguel de Cervantes, Hernán Cortés o la propia Teresa de Jesús, simplemente, provoca risa. Pero se lo creen y funciona.

Y de eso se trata, de que la argucia, la trampa, la mentira o la falsedad funcionen al servicio de la causa. La que sea. Por eso, insisto, la educación es tan importante para los partidos políticos. Si explicas en el colegio desde pequeñitos a más grandes que eres el mejor del mundo, eso que te ahorras en discursos cuando tengan edad de votar.

Ahora, el PP de Casado quiere que el Gobierno central recupere las competencias en educación. El líder de los populares ha sido muy claro al respecto: “Las competencias educativas deben ser de ámbito estatal, como establece la Constitución, y las autonomías sólo deben administrar la gestión”. Dicen en Génova que el objetivo es terminar con la “manipulación” en los libros de texto, así como unificar el currículum educativo y conseguir que la selectividad sea la misma para todas las autonomías.

Estoy de acuerdo con el PP si este es el verdadero fin. Hay que cambiar muchas cosas y entre ellas la educación, y no tiene sentido, efectivamente, que se nos llene la boca de igualdad para todo y luego resulta que los estudiantes no tienen los mismos derechos en función de la comunidad autónoma en la que se encuentren. Lo que habrá que ver es si no buscan quitar un modelo para poner otro.

Eso es exactamente lo que acaba de proponer el PSOE. “Que me quiten el sistema Wert que quiero poner el sistema Celaá”. No puedo estar a favor de la nueva –y enésima– reforma educativa, otra vez de los socialistas, si, como se ha sabido, lo que busca es eliminar casi de facto la religión, ponérselo cada vez más difícil a la educación concertada, permitir que se avance de curso con asignaturas importantes suspensas, dejar la selectividad como una prueba simbólica y permitir que las autonomías regulen las lenguas cooficiales.

Dudo mucho que se vaya a retirar ninguna transferencia ya asentada. Hay muchos intereses políticos involucrados en forma de cargos, pero, al menos, si sería recomendable que la comisión que supervisa los programas y contenidos de educación en las CCAA funcionara de verdad.

Muy triste es ser historiador y pasar a la Historia por falsear aquello que amas, pero casi peor estar orgulloso de hacer una ley de educación que fomenta el fracaso escolar, por no decir el pasotismo, el atolondramiento y la bobería.
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