21 de noviembre de 2019, 22:36:22
Opinion

DESDE ULTRAMAR


Venezuela. La injerencia grotesca

Marcos Marín Amezcua


Sostengo que el tema venezolano incumbe a ellos, a los venezolanos. Sobre todo a ellos. Estas semanas desde que comenté la grosera e impostada declaratoria no unánime del autoproclamado Grupo de Lima interfiriendo en Venezuela, diciéndole a Maduro qué hacer en su propia casa, he ido presenciando como todos, cómo se enturbiaba el ambiente. Este 23 de enero en una jornada antiMaduro bien orquestada, varios países han reconocido como presidente “encargado” de Venezuela al asambleísta Juan Guaidó. Al leer una nota donde Bolsonaro así lo denomina, me sonó a que presidía un chiringuito y no un país soberano del continente americano.

Quede este embrollo, semejante autoproclamación forzada y el deplorable reconocimiento extranjero para los anales caricaturescos y extravagantes de nuestra historia regional. ¿Qué la ley venezolana contempla tal autoproclamación? Pues Maduro sigue en su sitio, de momento, así que tenemos dos presidentes de Venezuela. Para acabar de rizar el rizo y como si hiciera falta. Me recuerda el vergonzante acto de Endara en Panamá asumiendo a bordo de un buque yanqui luego de la deplorable invasión yanqui de 1989. ¿No le digo? Hay historia.

Y luego tenemos el forcejeo con Estados Unidos acusado de injerencista al reconocer sin más a Guaidó, en sendos tuits de sus gobernantes que son una provocación a Venezuela. Que el vicepresidente Pence inste a los venezolanos a protestar contra Maduro le ha valido la ruptura de relaciones diplomáticas respondiendo Pompeo, el secretario de Estado, que no retiran a sus diplomáticos. Habrase visto semejante atrevimiento del yanqui metomentodo. Amaga a ese gobierno como a otros en el pasado y en un mensaje chapurreando español finalizado con un hipócrita “vayan con Dios”, el desfachatado Pence sencillamente llama dictador al presidente venezolano. Hay que leer el irrespetuoso tuit de Trump diciéndole a Guaidó que América (sic) está de pie junto a él….¿América? Que no hable por los millones que no avalamos en América sus entrometidas. ¿Qué se refería a Estados Unidos? ¡Ahhh! esa maldita manía de llamarle América a su país como si solo él lo fuera, arrogándose el derecho a llamarse tal en exclusiva, cual si tuvieran los derechos reservados sobre el vocablo, de los cuales carecen. Pues que hable por él y no por el resto de un continente entero.

El reconocimiento atropellado de Trump a Guaidó me recordó la proclamación unilateral yanqui de la independencia de Cuba arguyendo sus supuestos derechos propios y así para provocar la consiguiente y lógica guerra con España, que la rechazó y acabó perdiéndola. Una declaratoria unilateral tan cobarde y deshilachada como esta de 2019, condenable como la de 1898. ¿Con qué derecho actúa Estados Unidos? Con ninguno. A renglón seguido Pompeo le espeta al soberano presidente de la soberana república de Venezuela que deje el poder y advierte que Maduro carece de autoridad para romper relaciones diplomáticas con EE.UU.. ¿Es que la tiene Pompeo en otro país? Cuando el 23 de enero un funcionario anónimo de la Casa Blanca le advierte al régimen de Maduro que no opte por la violencia y se someta, recuerda a los embajadores yanquis dando órdenes en La Habana precastrista.

La insolencia yanqui me ha recordado la grosera exigencia de un simple empleaducho yanqui de la United Fruit Company a inicios del siglo XX arrojándole en su cara su pasaporte al soberano presidente de la República de Nicaragua, Zelaya, echándolo del cargo porque no les cuadraba a los intereses de su explotadora empresa frutera. Haga usted el grandísimo favor. No hay argumento valedero ni tema que justifique la intervención en asuntos de terceros y ya lo expresé en mi entrega de semanas atrás: no se venga conque los Derechos Humanos. En relaciones internacionales hay más intereses en juego que los Derechos Humanos de nadie. Nadie se apunta a una defensa por nada cuando actúa reconociendo injerencia e intervencionismo en el nombre de aquellos. Más aún, la defensa de los Derechos Humanos no confunde una injerencia que no ampara ni suma porque la interpretación de la necesaria defensa de tales no da para suponer que la conlleva. Si es a la interpretación, que a interpretación quede y hay varias acerca de cómo, cuándo y porqué actuar.

Y a todo esto. Semanas atrás un diario peninsular decía inopinadamente que México no lideraba en la región por no secundar la condena a Maduro soterrada en el despropósito del Grupo de Lima, y que no secundar a ese grupo de países daba oxígeno a Maduro. Otro periodista mexicano reconocido en EEUU, advertía que México estaba perdiendo la oportunidad de liderar a la región, en otras palabras, al no encabezar la confrontación con Maduro, o lo que es lo mismo, por no haberlo condenado. Ambas expresiones orillan a reflexionar un par de ideas puntuales y necesarias. Primero que nada menudo orgullo sería encabezar un intervencionismo teledirigido desde Washington que no avala ni involucra beneficios e intereses a defender para México. Allí tiene usted la razón de no acudir al burdo llamado del Grupo de Lima.

En segundo lugar le aseguro que México no da oxígeno a nadie, pues no lo requiere y no conozco a nadie aquí que alce la mano hoy y quiera liderar nada en la región latinoamericana en temas como este. Así que montarse la idea de que México no lidera algo porque no ataca a Maduro, parte de la muy falsa premisa de que estuviéramos ganosos de hacerlo o estemos buscándolo. Y en tercer lugar muy a propósito de que ayer 23 de enero muchos países reconocieron al autoproclamado presidente venezolano más en plan de oír campanas y no saber dónde, o lacayunos secundado a Washington, solo resta dejar una idea concreta y preclara que por ser cartesianamente sensata y redonda, no deja lugar a dudas: México no ha secundado la postura de reconocer a Guaído, porque México tiene la tradición bien ganada y afortunadamente sostenida de no extender reconocimiento a gobierno alguno. No extiende reconocimientos, pues no los pide ni los requiere. ¿Verdad que es sencillo de entender? pues eso. Se aguarda a que se consoliden las cosas y actúa entendiéndose con quien termine ganando. Sin calificativos. No da recetas, no admite recetas. Y regreso al punto inicial: que los venezolanos resuelvan sus conflictos. Dejarlos hacerlo es la mejor ayuda que pueden recibir. No sostiene caretas que encubren otras intenciones ni facilitan intervencionismos baratos.

Así entonces, no resta sino refrendar la frase del libertador Simón Bolívar, el Bolívar de todos: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad”. Te hablan, Trump.

Cuánta verdad encierran las palabras del caraqueño. Y va una más del cubano José Martí: “no hay imperialismo en tierra de Juárez” aludiendo a México. Bien dicho. Yo sí celebro que el gobierno de México actual no se preste a esta emboscada que encubre otros intereses y lejana está de ser inspirada por los derechos humanos de los venezolanos.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es