25 de mayo de 2019, 11:04:52
Opinion

TRIBUNA


La resistencia

Raúl Mayoral


En la plaza de Colón, corazón y cerebro de España, miles de ciudadanos, como Felipe González, Alfonso Guerra o Manuel Valls, han dicho basta a las tropelías de Pedro Sánchez. Ha sido un rechazo total a la pérfida figura del relator y a las traidoras cesiones con que el presidente del Gobierno desea contentar al golpismo separatista a cambio de permanecer un año más en Moncloa. Llegar a la presidencia, no mediante el voto de los españoles, sino a través del sostén de los enemigos de la nación, trae como consecuencia que el beneficiado se va envolviendo en una tupida red de hilos de la que no puede liberarse si no es cortando violentamente alguna de las cuerdas. Y Sánchez se resiste a cortarlas porque eso implicaría amputarse él mismo su carrera política. Su carrera académica hace tiempo que la quemó en una hoguera prendida con las páginas de su presunta tesis doctoral. Su presuntuosa trayectoria literaria como autor de unas vanidosas memorias ha durado lo que las rosas: una mañana.

El Consejo de Ministros tiene sobre la mesa una madeja en la que se pierde el hilo. Un auténtico laberinto sin guía, ante el que se siente impotente. Ni el propio presidente, ni Carmen Calvo ni José Borrell, mucho menos José Luis Abalos, siempre a rebufo, saben cómo resolver el problema. Ahora solo aciertan a balbucear que no pueden negociar el derecho a la autodeterminación de Cataluña. ¡Qué ingenuos e ignorantes se han vuelto! ¿No conocían cómo se las gasta el separatismo catalán? ¿Habrán comprendido ahora por qué Rajoy nunca dialogó con el golpismo? Ufanos ellos, pensaron que sí podría dialogarse con la fiera siempre insatisfecha del independentismo. Y por no molestar a la fiera, dejaban que ésta devorase a España. Incluso, a ellos mismos. Cometieron un error de cálculo: creer que podían influir tendenciosamente sobre la sociedad española y convertirla en una multitud engañada. En esa línea de manipulación de la opinión pública discurre el CIS de Tezanos. Un organismo estatal puesto a disposición de las intrigas electorales de Sánchez, quien promovió la moción de censura prometiendo que convocaría de manera inmediata elecciones generales. ¿Para cuándo? Dice un proverbio árabe que cuando alguien te engaña, la primera vez es culpa suya, pero que a partir de la segunda, la culpa es ya enteramente tuya. Sánchez ya no puede engañar a nadie. Bien claras están sus fechorías y sus métodos.

Tres resistencias, como las de un brasero eléctrico, están abrasando España: la socialista de Sánchez, la comunista de Iglesias y la separatista de vascos y catalanes. Están calcinando la democracia, dice con la claridad que le caracteriza Guerra, representante del socialismo leal que aún apuesta por defender la concordia y el consenso de 1978, contra el que disparan, día tras día, francotiradores del odio agazapados en las trincheras del socialismo furtivo que encabeza el presidente del Gobierno. Pero España resiste, no sólo con la fuerza de los votos, también, con la fuerza de la razón y del corazón.

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