18 de agosto de 2019, 2:36:31
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La fragilidad mental de una estrella ante las lesiones, según Neymar

EL IMPARCIAL

El brasileño ha vuelto a exponer sus dificultades para no tirar la toalla ante los infortunios.


El pasado 23 de enero Neymar se lesionó en el mismo pie del que fue operado en la previa del Mundial de Rusia. El PSG ganaría el partido correspondiente a los dieciseisavos de final de la Copa de Francia ante el Racing de Estrasburgo, pero se quedó sin su astro. Otra vez. El brasileño no pudo reprimir las lágrimas cuando fue trasladado fuera del césped. Al momento supo que el infortunio que le tuvo tres meses parado en la recta final de la temporada de 2018 había renacido.

El club parisino se apresuró a aclarar el entuerto en cuanto realizaron las pruebas iniciales. Se confirmaba el peor de los pronópsticos y las sospechas del jugador carioca, miedoso ante la posibilidad de reacer, se tornaron en realidad. "Tras los primeros exámenes realizados revelaron una dolorosa reactivación de la lesión del quinto metatarsiano derecho. El tratamiento dependerá de la evolución en los próximos días. Todas las opciones terapéuticas deben ser consideradas", rezó el comunicado lanzado por la entidad francesa.

A partir de ahí comenzó una polvareda en torno a la idoneidad de que el jugador se operara o se sometiera a un tratamiento más conservador. El equipo sabía que iba a perder a su delantero referencial en el duelo de octavos de final de la Liga de Campeones, ante el Manchester United, pero no estaba dispuesto a verle otro puñado de meses en el dique seco. Todavía recuerdan cómo las presiones de la Confederación Brasileña de Fútbol convencieron al jugador de someterse a una cirugía en febrero de 2018, para poder llegar a la cita mundialista rusa. Sacrificando el tramo más importante del curso. El PSG perdería ante el Real Madrid a las primeras de cambio y su candidatura a la gloria quedó aplazada.

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Por eso, desde la directiva catarí no han permitido a los doctores de la federación carioca tener un peso importante en la decisión. Neymar no se iba a volver a operar de la misma lesión. Punto. Se lo comunicaron al jugador y a la delegación brasileña que estuvo en la mesa en la que se tomó la decisión final. Y, desde entonces, 'Ney' se encuentra en pleno proceso de rehabilitación. Rememorando la pesadilla vivida y deseando acortar los plazos para poder llegar a los cuartos de Champions. De hecho, la pasada semana publicó un vídeo en sus redes sociales afirmando estar "contento" con la evolución de esa recuperación y asegurando que trata de luchar "para acelerar el proceso". El diagnóstico señaló un parón de entre ocho y las diez semanas, pero el regateador quiere volver el 9 de abril, en la siguiente fase continental. Es su obsesión.

En el entretanto, el futbolista por el que se pagaron 222 millones de euros ha refrescado su carácter sensible cuando vienen mal dadas. El 5 de febrero cumplió 27 años y lo celebró por todo lo alto. Mas, cuando le tocó tomar el micrófono y hacer un discuso, no pudo evitar romper a llorar al compartir con los presentes sus emociones. La cinta del momento, que fue grabado, le contempla diciendo que "es un día muy especial porque es mi cumpleaños, pero estoy pasando por una fase que es 100% difícil en mi vida. Para quien es atleta, sabe que estar con muletas es complicado". "Lo que más quería de regalo hoy era un metatarsiano nuevo para estar dentro del campo guerreando, luchando y haciendo lo que más amo, que es jugar al fútbol", balbuceó.

Se refería Neymar a esa lesión en el quinto metatarsiano del pie derecho. Una parte de su anatomía ya maltida. Y este martes ha reflexionado sobre cómo afronta este nuevo revés en su trayectoria deportiva en el programa brasileño 'Esporte Espetacular'. "Esta vez tardé más para digerirlo. Me quedé unos dos días en casa, mal. Sólo lloraba. Estaba realmente triste", ha expuesto en una charla que se emitirá el 3 de marzo y de la que se han filtrado avances. En esa conversación ha confesado que recaer ha convertido a esta lesión en "más complicada" que la primera.

"La primera vez, cuando me lesioné, dije: 'Vamos, vamos a agilizar, vamos a operar pronto, que tenemos que llegar a la Copa del Mundo (de Rusia). No me quedé triste", ha argumentado. En cambio, revisitando la expresión pública del otrora elemento desequilibrante del Barcelona, viajando a la previa del Mundial de 2018, se descubren las dificultades de este genio para gestionar su mente en aquel brete. En su mansión en Mangaratiba, ubicada en el litoral sur del estado de Río de Janeiro, habló con Zico sobre el tema para el Jornal Nacional. Después de haberse operado en Brasil.

"Empecé a andar de nuevo, pero siempre está ese miedo de volver a lesionarte. Necesito perder ese miedo lo más rápido posible para llegar al Mundial volando. Es un momento difícil, uno de los más difíciles que he afrontado. Yo sé que todo el mundo está nervioso, pero nadie está más ansioso que yo por volver y nadie tiene más miedo que yo", narraba. Los hechos demostraron que no consiguió competir sin estar tocado. No rindió como se esperaba y no estuvo en condiciones de aportar a la Canarinha ese nivel superior para acceder a las rondas decisivas. Perdiendo otra oportunidad por un malestar físico.

En aquel diálogo con el sensacional mediapunta que brilló en los 80, expuso 'Ney' que "la gente siempre se muestra alegre y consigo estar normal por ellos". "Es algo que me hace feliz y me ayuda en el día a día de trabajo y tensión. Pero pasan millones de cosas por mi cabeza. Tengo miedo", admitió antes de echar la vista atrás y poner sobre la mesa el trauma que quizás le haya perseguido desde entonces y condicionado a la hora de combatir los infortunios posteriores. Se trata del rodillazo que Camilo Zúñiga le aplicó en su espalda para sacarle del Mundial 2014, en el que ejercían como anfitriones y en el que toda la nación puso sus esperanzas sobre sus hombros.

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"Fue una fatalidad por lesionarme. Esa no fue una jugada normal de un partido, fue innecesario. Si quieres hacer un falta, me agarras o me sostienes", le dijo a Zico. Meses antes, en la Navidad de 2017, compartió con Gerard Piqué, en el sitio web The Players Tribune, que aquella jugada sucia del colombiano en los cuartos de final de esa cita mundialista señalada por todos los brasileños fue el peor momento de su carrera. "Esa lesión ha sido mi peor momento. Esa semana sólo lloraba, veía a mi mamá y a mi papá llorando. Todos tristes. Mis amigos, mi familia", avanzó.

Y con el central catalán reconoció que llegó a pensar que tenía que dejar de jugar al fútbol con 22 años. "No conseguía levantar las piernas. No conseguía mover las piernas. El doctor me sacó y empecé a llorar porque me dolía mucho y no sentía nada. No sentía las piernas y me llevaron al hospital que tienen en el estadio. Me dijeron: ‘La buena noticia es que vas a poder andar, porque dos centímetros más a un lado y el fútbol se acaba para ti’”, relató. Ese sello parecería no haberse despegado nunca de su conciencia.

Todavía se recuerda en el país americano cómo el shock de ver a su estrella yaciendo en el verde, sin moverse, se extendió por millones de ciudadanos. La tensión inquietante que esputaban las imágenes, con Neymar llorando de manera desconsolada y siendo incapaz de mover un ápice de sus anatomía, supuso la primera de las dos tragedias que la Seleçao sufrió en aquel campeonato -la segunda se detonó en las semis, cuando cayeron por 1-7 ante Alemania-. Y la herida no cicatrizaría nunca. Un año más tarde, en junio de 2015, Brasil y Colombia jugarían en la Copa América. Y el recuerdo vivo de la fractura de la apófisis transversal de la tercera vértebra lumbar llevó al astro carioca a lanzarse contra Zúñiga en cuanto pudo, para gritarle lo siguiente: "Muchas gracias. Luego me llamas para pedir perdón, hijo de puta". La mente del que una vez fue condecorado como heredero de Pelé no ha sido la misma desde entonces.

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